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Papa Francisco: Sueño una Europa donde ser emigrante no sea un delito

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Líderes europeos buscan su inspiración perdida en el Pontífice y le confieren premio internacional Carlomagno en el Vaticano

“Sueño una Europa donde ser emigrante no sea un delito, sino una invitación a un mayor compromiso con la dignidad de todo ser humano”, expresó el papa Francisco, que recibió el premio internacional Carlomagno en una ceremonia de entrega que tuvo lugar la mañana de este viernes 6 de mayo en el Vaticano.

El Papa compartió su sueño de una Europa más humana ante varios líderes europeos: la canciller alemana Angela Merkel, el rey de España Felipe VI y el primer ministro italiano, Matteo Renzi, entre otros.

Europa vuelva a ser madre

Urge “hacer memoria” para evitar la “tendencia actual” a obtener “resultados inmediatos sobre arenas movedizas, que podrían producir ‘un rédito político fácil, rápido y efímero, pero que no construyen la plenitud humana”, destacó Francisco.

Por ello, citó al escritor Elie Wiesel, superviviente de los campos de exterminio nazis.

A este propósito, evocó a los padres fundadores de Europa: “ellos supieron buscar vías alternativas e innovadoras en un contexto marcado por las heridas de la guerra, un sueño audaz de cambios para salir de “violencia y destrucción”.

Robert Schuman y Alcide De Gasperi fueron citados también por el Papa. El primero para indicar la vía de “una solidaridad de hecho” y el segundo para visar un “trabajo constructivo” a favor del “bien común” de “nuestra patria Europea”.

Con “esta transfusión de memoria”, volvió a requerir “actualizar” la idea de Europa, “una Europa capaz de dar a luz un nuevo humanismo basado en tres capacidades: la capacidad de integrar, capacidad de comunicación y la capacidad de generar”.

Diálogo con el migrante, el extranjero

El Papa se refirió al extranjero, el emigrante “digno de ser escuchado, considerado y apreciado”, y manifestó el deseo de que Europa no pierda su vocación multicultural.

La cultura empieza en los programas escolares, el Papa piensa en las nuevas generaciones. Hoy es urgente tener coaliciones “culturales, educativas, filosóficas, religiosas”, no “coaliciones militares”, afirmó.

Y abogó por una “cultura del diálogo” que “implica un auténtico aprendizaje” que “nos permita reconocer al otro como un interlocutor válido”, y por una paz duradera basada en la “buena batalla del encuentro y la negociación”.

“Armemos a nuestros hijos con las armas del diálogo”, pidió.

Y habló de una “cultura que sepa delinear estrategias no de muerte, sino de vida, no de exclusión, sino de integración”. “Armemos a nuestra gente con la cultura del diálogo y del encuentro”, reiteró.

Los jóvenes no son el futuro, son el presente

El Pontífice invitó a que todos, pequeños y grandes, sean activos. “Los jóvenes desempeñan un papel preponderante”, dijo.

El papa Francisco pidió trabajo, educación y oportunidades en general para los jóvenes. “Ellos no son el futuro de nuestros pueblos, son el presente; son los que ya hoy con sus sueños, con sus vidas, están forjando el espíritu europeo”, señaló.

¿Cómo podemos hacer partícipes a nuestros jóvenes de esta construcción cuando les privamos del trabajo, de empleo digno que les permita desarrollarse a través de sus manos, su inteligencia y sus energías?, preguntó.

La solidaridad no es limosna

El Papa pronunció un discurso para que Europa construya una “fuerte integración cultural” de puentes en vez de muros y vallas, y pidió una integración en la “solidaridad”, que no “puede ser confundida con la limosna”, dijo.

“Generación de oportunidades –pidió- para que todos los habitantes de nuestras ciudades —y de muchas otras ciudades— puedan desarrollar su vida con dignidad”.

Exhortó a abandonar “los reduccionismos”, los “intentos de uniformar”. Todo ello, condena a “nuestra gente a una pobreza cruel: la de la exclusión”. Esta provoca “bajeza, pobreza y fealdad. Más que dar nobleza de espíritu, les aporta mezquindad”, advirtió.

Invitó a “salir de propio yo” para integrar con una “fuerte integración cultural”. El Papa destacó la “belleza” y el aporte de la “grandeza y la riqueza” en las raíces de la identidad europea, “dinámica y multicultural”.

Respecto a la política, apuntó al trabajo fundamental para “ampliar la mirada para reconocer un bien mayor que nos beneficiará a todos”.


El papa Juan Pablo II también recibió este premio en 2004. El comité alabó el mensaje “de paz y comprensión” del Papa, así como “su compasión, su tolerancia, su solidaridad y su integridad a lo largo de su pontificado”. “En estos momentos en que numerosos ciudadanos en Europa buscan su camino, su Santidad el Papa Francisco envía un mensaje de amor”, se escuchó en los discursos de los líderes.

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