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CINE CLÁSICO: Espartaco, entre el clasicismo y la vanguardia

Ramón Monedero - publicado el 02/05/16

Un jovencísimo Stanley Kubrick se puso al frente de este guion de Dalton Trumbo que a su vez partía de un proyecto personal de Kirk Douglas

En Trumbo (2016), vemos a un jovencísimo Kirk Douglas (interpretado por Dean O´Gorman) como le dice a Dalton Trumbo cuando le expone el proyecto de Espartaco (1960), “hay una gran historia aquí sobre un hombre que se enfrentó al mundo entero”. El propio Douglas, en sus memorias, se jactaba de haber contratado a Trumbo cuando era un apestado en Hollywood y su empeño porque su nombre figurara en los títulos de crédito de la película. En realidad, en esta historia había mucha gente enfrentándose al mundo entero y aún quedaba por sumarse el último eslabón del relato, el director Stanley Kubrick.

Cuando Douglas ya tenía el guion definitivo contrató a Anthony Mann para que dirigiera Espartaco. Sin embargo, tras una semana de rodaje, el primero despidió al segundo. ¿Las razones? Varias y muy diversas pero en esencia parece ser que Douglas y Mann no se terminaban de entender y recordemos, Espartaco era un proyecto de Douglas que también era su productor y por tanto quien mandaba allí.

Se da la circunstancia también de que Kirk Douglas nunca fue un tipo fácil de tratar y además Mann, toda una leyenda del cine clásico con títulos a sus espaldas como Winchester 73 (1950), Horizontes lejanos (1952) o Cimarrón (1960) estaba haciendo, según Douglas, el típico péplum romano que todos podrían esperar de una superproducción de Hollywood.

De modo que Douglas, ni corto ni perezoso mandó a Mann al paro y llamó a un jovencísimo director del que casi nadie había oído hablar, Stanley Kubrick. Con tan solo 32 años Kubrick ya había filmado un par de obras maestras, Atraco perfecto (1956) y Senderos de gloria (1957), esta última con el propio Douglas como protagonistas.

Lo curioso del caso es que Douglas y Kubrick tampoco es que se llevaran particularmente bien. El primero dijo una vez del segundo que era “el mayor trozo de mierda con talento que había conocido”, de modo que ya se pueden imaginar. Pero parece claro que Kirk Douglas sabía que iba a tiro hecho si contrataba a Kubrick que con treinta y pocos años se puso al frente de una superproducción de Hollywood de 12 millones de dólares, muchísimo para la época. Para que se hagan una idea, Ben-Hur (1959), que se habría estrenado el año anterior se había convertido en la película más cara de la historia con un presupuesto de 15 millones. Espartaco no andaba lejos.

Al final Espartaco, sin dejar de ser un clásico de referencia de la época supone una curiosa mezcolanza entre cine clásico y cine, casi de vanguardia. Mientras Kubrick había llegado al mundo del cine para hacer lo que nadie había hecho antes Douglas quería una película de Hollywood que nada tuviera que envidiarle a la mismísima Ben-Hur.

Sin embargo, con el tiempo, cada película ha terminado en su justo lugar. Ben-Hur es uno de esos ejemplos de superproducción del Hollywood clásicos en el que todos los elementos, por complejos y artesanos que fueran, encajaron a la perfección.

Por su parte, en el fondo, y pese a su apariencia, Espartaco es una película de autor. En realidad, de varios autores, de Douglas, de Trumbo y de Kubrick. Salpicada de detalles muy atrevidos para la época (algunos de ellos amputados por la censura como la célebre escena de Tony Curtys y Lawrence Oliver sobre las “ostras y los caracoles”) y empapada de un mensaje sobre la libertad y la fidelidad a uno mismo. De esto último sabía mucho Trumbo, pero también Douglas y Kubrick. Espartaco lucha por diferenciarse dentro del péplum romano pero sin traicionarlo jugando a la experimentación dentro de los encorsetados límites del género.

Desde luego, no es el título más atrevido y rompedor de Kubrick pero es una obra maestra se mire por donde se mire. Nada menos que la tercera para Kubrick. Y no sería la última.

Tags:
cine
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