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¿Hubo un “Islam oculto” en España?

Detalle del cuadro La expulsión de los moriscos (1894), Gabriel Puig Roda
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El criptoislam: esconder las creencias para custodiar la fe y sobrevivir en tiempos difíciles

El criptoislam es un hecho histórico bien documentado. Sin embargo, hay que decir  que posee también una dimensión mítica y cierto halo de misterio. Para algunos colectivos de musulmanes contemporáneos ha permanecido como legado ancestral, transmitido oralmente y custodiado como raíz identitaria, ajena al transcurso del tiempo. Un hecho protegido de las luces de la Historia, que a su vez ha generado otra historia. Es la memoria de los vencidos y los supervivientes, que ha reforzado el discurso que  presenta a los musulmanes en España como herederos de un al-Ándalus renacido.

Históricamente, el criptoislam se refiere a un “Islam oculto” por el disimulo (taqiyya). Una vulneración consciente de los principios de la fe musulmana al que se ve obligado el creyente por las circunstancias. En un contexto de enfrentamiento, el musulmán vencido debe permanecer acogerse al disimulo legal que le dispense de los preceptos religiosos en un contexto de coacción moral o amenaza de serio peligro. En virtud de esto, deben esconder sus creencias, mentir, disimular u omitir todo acto cotidiano que delate su condición e incluso renegar de su fe. Encontramos por tanto, alguien que no apostata interiormente.

Esta disposición interior (niyya) de permanecer ocultos en el Islam, se convertiría para los moriscos socialmente cristianizados en refugio legítimo de su fe musulmana. Ese sería su pacto y su deuda, sabiendo que donde hay amor hay luz, venga por medio del musulmán, del idólatra o del ateo.

Como fenómeno histórico, el criptoislam está relacionado con la expulsión de los moriscos y la literatura aljamiado-morisca. Para los historiadores modernistas, el fenómeno se refiere a un momento histórico concreto entre 1502 y 1526. Al aplicarse el edicto de su conversión, el Islam mudéjar se vio trocado en morisco hasta su  expulsión (1609-1614). Tras esas fechas, el Islam instalado desde el 711 y mermado territorialmente desde 1492, prolongó su presencia en la Península de manera exigua.

Desde el punto de vista filológico, el criptoislam está asociado a la literatura al ‘ayamiyya o aljamiada. Son textos en lengua extranjera pero con grafía árabe. Desde el siglo IX los musulmanes de al-Ándalus designaron así las lenguas romances del norte de la Península Ibérica, impregnada de arabismos introducidos por los primeros emigrantes mozárabes. En un contexto de aculturación, adquirió pleno sentido como medio para mantener lo referido a su espiritualidad y tradiciones.

Una de las explicaciones que se ha dado a este fenómeno ha sido la de la afirmación identitaria frente a lo cristiano, al considerarse el árabe como lengua coránica -y por tanto sagrada- vehículo de espiritualidad por excelencia. En este sentido, si las sublevaciones fueron la réplica a las trabas oficiales, los textos aljamiados lo serían a la imposición. Expresan la resistencia interior, la vuelta a la religión de los padres, y probablemente la perseverancia en ella. Son por tanto de forma lingüística románica y espíritu islámico.

Códices y crónicas de contenido jurídico, legendario, literatura religiosa, libros de viaje, poesía, recetarios, medicina popular y preceptos para el musulmán en las más diversas situaciones cotidianas. Fueron elaborados antes de 1609 por moriscos en clandestinidad y guardados en la armadura de los tejados, suelos de las casas o cuevas para protegerlos de la Inquisición. En ellos reflejaron sus conflictos, sueños, proyectos y vida cotidiana. Un compendio que desde finales del siglo XIX ha sido catalogado, valorado y estudiado.

Desde el hallazgo en 1884 (Almonacid de la Sierra, Zaragoza) de 140 manuscritos -una parte importante aljamiados- se ha interpretado que estos textos fueron escritos para una minoría clandestina. Poseían un contenido comprometedor y la mayoría presentaba el uso de caracteres árabes y rasgos dialectales muy marcados. Renunciaban así al uso del latín, lengua ideal, para hacerlo en una vernácula.

Bajo dominio cristiano, los mudéjares debieron aprender a mantener su identidad musulmana en un contexto que no era el previsto por la normativa legal islámica clásica. Antes de su expulsión definitiva en 1609, debieron reconvertir el Islam triunfante de sus antepasados en una práctica privada.

Así, los textos escritos por criptomusulmanes tras la caída de Granada y durante los siglos XVI-XVII daban cuenta de este doloroso proceso de dejar de ser como pueblo. Su marcado carácter híbrido no lo es sólo en la forma. Según algunos analistas, estos códices situados entre Oriente y Occidente, conviviendo con la literatura española del Renacimiento piensan España al revés. Es decir, desde el punto de vista islámico. Por tanto, los acontecimientos que nos relatan se interpretan a la luz de la minoría.

En este contexto, hubo juristas que trataron de orientar la experiencia del Islam vencido. Tal fue el caso del muftí del Almagro y Orán, Ahmad ibn Abi Yumu’a. Su fatwā estaba escrita en árabe en un contexto de conversiones impuestas (1503/4) en el Reino de Granada (1500) y Castilla (1502). Se dirigía al grupo de los algaribos, es decir a los musulmanes granadinos que habían emigrado a Orán durante la Conquista del Reino Nazarí. Un colectivo hermético, “insubordinable y específico” de la Península, que no encontró acomodo en tierras norteafricanas y retornó a sus orígenes, donde se vieron forzados a convertirse.

A partir de ese momento, los musulmanes peninsulares se dirigirían a las autoridades cristianas como cripto-musulmanes, porque oficialmente eran “cristianos nuevos de moros”. Un colectivo que pediría a sus autoridades cristianas el mantenimiento de sus especificidades culturales como “grupo étnico diferenciado”. Algunos autores han resaltado esta nueva actitud de los moriscos hispanos como llamamiento a la religiosidad interior más allá de los ritos. Tras la expulsión de 1614, el fenómeno del criptoislam ‘murió’ históricamente para ‘nacer’ como símbolo mítico de la pervivencia hasta la actualidad del glorioso pasado andalusí.

Ha sido especialmente entre colectivo converso donde el criptoislam ha supuesto un símbolo de resistencia contra la aculturación. Una práctica del Islam generación tras generación, en una cadena de transmisión oral secreta que llegaría hasta nuestros días. Según esto, muchas actitudes concebidas como tradiciones o costumbres arraigadas serían reveladoras de una práctica islámica encubierta.

Este discurso les ha permitido explicar el vacío que produjo la desaparición del Islam como organización política y social tras 1492. El uso de la historia como pasado mítico les permitió vincularse con sus raíces por encima del abismo que separaba al-Ándalus histórico y la España democrática.

De este modo, el fenómeno criptoislámico quedó definido como una suerte de protohistoria secreta del Islam en España. Iniciados en la luz que, a pesar del transcurrir de generaciones, habían conservado intacta la raíz islámica en circuitos minoritarios de aparente ortodoxia externa. En lugares recónditos y fronterizos de Andalucía los relatos muestran esta continuidad, dotándola de un halo legendario y premeditadamente impreciso.

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