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Ben Hur (la de Charlton Heston), un clásico de los grandes

Enrique Anrubia - publicado el 04/04/16

¿Logrará la nueva versión superar en algo a la cinta de Tyler? ¿O hace falta algo más que técnica para hacer gran cine?

Si uno tiene que hablar de Ben-Hur, la de Charlton Heston, uno sólo puede decir aquello que se dice de las grandes películas, a saber, que Ben-Hur es muchas películas en una. Es cierto que se la categoriza bajo el género de “películas de péplum”, pero es una historia de amor, un drama, es una película de acción, de corte histórico, tiene un mensaje cristiano explícito, va de política, de guerras y de odios personales, tiene redención, luchas y besos.

Hay dos enemigos que eran amigos, un romance genial, una historia familiar, un sentido transcendente, batallas a lo grande y a lo pequeño, carreras de caballos fantásticas, escenas míticas. Ben-Hur lo tiene todo, incluso muchos Óscar (hasta que llegó Titanic) e incluso varias versiones.

A título personal, he de decir que era la única película que teníamos en casa cuando por aquel entonces sólo existía el BETA y el VHS. Así que posiblemente la vi como miles de veces hasta el punto de memorizar sus diálogos inconscientemente cuando tenía 6 años y Disney no era tan prolífica, Dreamworks no existía y Pixar era una palabra por inventar.

Ben-Hur, la de William Wyler, de 1959 no es la única. Tiene una versión anterior de cine mudo de 1925. Pero esta la superó con creces. Filmada en formato panorámico, logró escenas nunca antes vistas (antológica la carrera de cuadrigas) y pese a ser la película más cara de la historia en ese momento recaudó muchísimo más que su presupuesto.

Es de esas películas, junto con, por ejemplo, El Padrino (I y II) que merece la pena verla doblada en castellano. La ejecución del doblaje mejora la actuación, cosa que no siempre pasa, y le da una intensidad a las escenas que en el original no tiene o no tiene tanto: era de aquella fantástica escuela de doblaje del cine español que tan altas cotas llegó a alcanzar. Los silencios, pausados, los acentos, cargados. Genialidad de gran cine.

Y es que Ben-Hur es una historia con historia, ya que se basa en un libro del general de la Union, Lewis Wallace, y ya en su momento se convirtió en un best-seller. El guión de la película tuvo muchos ojos, manos y vericuetos, la banda sonora fue referencia durante años (la más larga en minutos durante décadas), tuvieron miles de extras. Todo en Ben-Hur fue a lo grande.

Un hombre del siglo primero que es judío, romano y cristiano, eso es Ben-Hur. Judá Ben-Hur, es decir, Judá hijo de Hur. Cuando les explico a mis alumnos lo que significó la novedad cultural del cristianismo les digo que vean esta película. En ella, pese a los típicos anacronismos románticos inevitables (las historias de amor), se observa muy bien lo que era el mundo antiguo. El mundo clásico es un mundo de linajes: un judío es y sólo puede ser judío, y sólo ellos pueden ser ellos. Un romano es lo mismo pero su linaje y su “familia” es política, y por eso los romanos son los grandes inventores de la “adopción”, cosa que sucede en la película.

¿Y un cristiano? Pues como se dice en el inicio de la película: “Dios está en todos los hombres”. La película es el claro ejemplo de la hermandad universal que, a la postre, se va a llamar católica. Un Padre que lo es de todos: entre romanos y judíos y árabes. No lo van a entender los judíos, y luego no lo van a entender los propios romanos.

Y es que esa unidad nacida de un Amor universal no sólo se fragua entre las naciones y las culturas, sino en las relaciones personales. Si hay un duelo de rabia, heridas, venganzas, rencores, justicia, es la relación entre Messala y Judá Ben-Hur. Pero el sentido, desarrollo y desenlace de esa historia no cobra todo su esplendor hasta el final de la película con la comprensión de Judá de ver al enemigo moribundo, y su posterior redención.

La novela original del general Wallace tenía como subtítulo “A Tale of Christ”, “Una historia sobre el Cristo”, y es que hay varios momentos donde la acción de dar de beber (clara referencia a la historia de la samaritana y el pozo) cobra un significado poderoso y polifónico: cuando Cristo da de beber a Judá, cuando Arrio le da de beber a Judá en el barco, cuando Judá da de beber a Cristo.

Y es que Ben-Hur es la película de un hombre con una personalidad aplastante (en el buen sentido) que busca y busca con verdadero deseo, fortaleza y sentido común el bien y la verdad de la vida. Y será Cristo quien una todas las piezas de esa búsqueda. Sin Cristo la película sólo sería una película de aventuras, buena película, pero sólo eso.

Aquí, sin embargo, Cristo es el gran personaje secundario que le dará unidad, a cada uno de sus momentos, y que sólo se revelará plenamente en la resurrección. Por eso, Ben-Hur es una película religiosa explícitamente, con claro deseo de exégesis cristiana, y quitarle eso sería quitarle prácticamente todo lo que es. Toda esa búsqueda y lucha de Judá, está de forma indómita en los ojos y la mandíbula de Heston.

Existe otra cuestión que pocas veces se ve tan clara como en Ben-Hur: la diferencia entre la sabiduría femenina y la rabia masculina. Casi todos los personajes masculinos de Ben-Hur son de personalidad bruta y fuerte, valientes y en extremo arrogantes, pero carecen de esa inteligencia que va y ve más allá, que capta mejor el significado de la realidad y que, en el fondo, es más fuerte que cualquier personaje masculino de la película. Esther, la prometida de Judá, es eso.

Dicen que viene una nueva versión: si no entienden que Ben-Hur es una apuesta por el cristianismo desde la vida de un hombre bueno harán algo técnicamente más novedoso, pero como sucede con muchas versiones, únicamente harán eso.

Les aseguro que es de esas películas que no envejecen. Hoy en día hemos superado con creces los medios técnicos para hacer escenas grandiosas, pero es que esta película está tan bien filmada cinematográficamente que no se nota absolutamente nada: esto es gran cine. Algo parecido a lo que sucedió con Star Wars y las múltiples entregas: sólo con técnica no se suple el talento.

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