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«No vengan a Europa ni a Estados Unidos»

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La ONU prepara una conferencia mundial paras tomar conciencia del desarrollo de los países con menos posibilidades

El tema de las migraciones de sur a norte es un drama humano de incalculables riesgos para todo el mundo, y no solamente por el daño a las personas, sino por la paz entre las naciones.

Los que quieren emigrar a Europa o a Estados Unidos encuentran barreras insalvables: muros, alambres de espino, ejércitos… ¡Qué importa que pasen hambre en sus países! O que sufran a causa de la miseria en regímenes dictatoriales o donde hay la guerra. “No vengan” se les dice.

Y esta fue una frase que estos días recorre todo el mundo, pronunciada por el presidente del Consejo de Europa, el socialdemócrata polaco Donald Tusk. Dijo: “Quiero decir a todos los potenciales migrantes económicos ilegales: no vengan  a Europa, no formen a los traficantes, no arriesguen sus vidas y su dinero. Todo es en vano”.

Tusk, que es como el presidente de los 28 gobiernos europeos, lo dijo tras reunirse con el primer ministro griego, Alexis Tsipras, quien hoy es el que recibe un mayor número de inmigrantes procedentes del Oriente Medio y de Asia meridional.

Lo mismo se dice en Estados Unidos: “No vengan”, a los que quieren llegar del sur para encontrar una vida un poco más digna.

Otra vez volvemos a dividir el mundo entre Norte y Sur, entre la abundancia –a veces la opulencia vergonzante— del Norte, frente a la miseria, el subdesarrollo en no pocos territorios del Sur.

Durante muchos años el Norte ha conseguido sus riquezas del Sur, ya sea a través de la colonización militar y política (los países de África y Asia) o a través de la colonización económica, caso de América Central y del Sur, como también en parte de África y Asia.

Son los países de América del Norte, de Europa, de Japón y ahora también de China quienes reciben importantes beneficios de las explotaciones naturales o industriales de los países del Sur, y sin importarles demasiado el desarrollo natural de estos países.

Los multimillonarios de la revista norteamericana Forbes dan fe de ello: se hacen millonarios, no pocos, a base de la explotación en zonas subdesarrolladas con salarios bajísimos y horarios laborales insoportables.

No se trata de hacer demagogia con estos temas, pues está en juego la dignidad primaria de tantos millones de personas de todo el mundo.

Ban Ki-Moon, secretario general de las Naciones Unidas, está llamando a los gobiernos de todo el mundo con el fin de convocar una Conferencia Mundial sobre Migraciones, para que los países con mayor nivel de vida ayuden con más eficacia al desarrollo económico, social y cultural de los países en vías de desarrollo.

Es la única vía. No se trata de que el mundo quede despoblado en el Sur y vayan todos a superpoblar el Norte, sino que cada persona, cada familia, tenga un medio digno de vivir –hoy no pueden ni sobrevivir—en la tierra que les vio nacer sin tener que pasar por el trauma de la emigración.

Un éxito, han dicho todos, fue la Conferencia de París sobre el Clima, en la que se rompió la reticencia de gobiernos poderosos, como Estados Unidos, China y Rusia para que cuidaran el medio ambiente del planeta Tierra.

La solución no es acoger a todos los que vengan, sino invertir –con un control internacional para evitar la corrupción—en los países en vías de desarrollo, empezando por los productos que más mercado tienen en su entorno, tanto en agricultura, como en industria y servicios.

Claro que esto no viene de la noche a la mañana y durante unos años habrá que resolver los problemas migratorios.

Europa no ha sabido gestionar la llegada masiva de inmigrantes, lo mismo que Estados Unidos. Hace falta una autoridad internacional que resuelva este problema y que no deje en Sur despoblado abandonado a las manos de nadie.

Ha habido en el pasado bisoñez por parte de los países desarrollados sin pensar que el desnivel de desarrollo afectaría gravemente a las futuras generaciones.

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