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Un hombre cercano a un pueblo agobiado por el SIDA

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Una comunidad indígena venezolana está muriendo de sida y el hallazgo lo hizo un sacerdote

“Señores ustedes están muriendo de sida”, sentenció Felipe González luego de que los habitantes del poblado indígena ubicado en Delta del Orinoco (Venezuela) le describieran lo que sentían antes de morir.

Fiebre, diarrea, debilidad y mareos estaban entre los síntomas que estos indígenas, pertenecientes al pueblo warao, le nombraban, pero nunca haciendo referencia a la enfermedad que los englobaba: VIH- sida.

Desde aquel momento, aquel pronunciamiento del sacerdote se convirtió en una frase muy conocida en la región y reproducida en múltiples oportunidades por diversos medios.

Según los médicos de la zona, estos indígenas solo advierten lo letal de esta enfermedad cuando el cuerpo empieza a sufrir descomposiciones.

Por ejemplo, el médico Luis José Rodríguez, dio explicaciones similares a la del sacerdote. Contó el momento en el que tuvo que dar una de estas noticias a una de las integrantes de esa comunidad.

“Le pregunté: ‘¿sabes lo que es el VIH-sida?’. Y me dijo: «No, no sé”. Al revisar sus antecedentes se encontró que el anterior esposo también había muerto de sida, según reproduce una crónica de El Espectador de Colombia.

En 2013, investigadores del Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas y el Instituto de Biomedicina de la Universidad Central de Venezuela se encargaron de realizar un informe sobre el VIH y los waraos.

En ese momento concluyeron que el 9.55% de los habitantes de esas comunidades habían contraído el VIH.

Por otro lado, el estudio arrojó que en esta comunidad la trasmisión del virus era más letal y con mayor rapidez (algo que puede ocurrir cuando alguien se infecta con más de una cepa del virus). Además, se encontró que el virus era más común en hombres de entre 18 y 30 años en comparación con las mujeres.

Entre las hipótesis de la propagación rápida de este virus, según Rodríguez, están las idas y vueltas frecuentes de los miembros entre esas comunidades a un basurero del Estado Bolívar denominado Cambalache. Se pudo detectar que buena parte de los warao que van a ese lugar regresan con VIH.

Otro de los posibles motivos puede ser el contacto sexual de integrantes de esta comunidad con marineros que llegan de lugares lejanos en muchos casos portadores de varias enfermedades y sin controles sanitarios.

También se maneja como suposición una tradición de la comunidad indígena donde los más acaudalados incluyen dentro de su estructura familiar a una segunda esposa.

Ante esta situación se han reclamado medidas sanitarias, pero hasta ahora con pocos resultados, más allá de reuniones puntuales con autoridades y algunos talleres con líderes comunitarios.

Los nuevos portadores, con una cepa más agresiva, están muriendo a los cinco años. Un profesor de una escuela local afirmó, en declaraciones que reproduce El Espectador de Bogotá: “Yo tengo siete años aquí, he escuchado que tienen VIH y no he visto que han recibido tratamiento. Cada año mueren cuatro o cinco”.

Felipe González, un hombre cercano a los warao

La sentencia sobre el mal del pueblo venezolano que fue pronunciada por González en su momento tuvo eco. En aquel momento era vicario apostólico de Tucupita y a raíz de ese rol tenía vínculo con los indígenas warao.

En una oportunidad, durante una recorrida pastoral, advirtió la precariedad en la que vivían muchos integrantes de esa comunidad sin servicios básicos, como el agua potable, por ejemplo.

En aquel momento reclamó la creación de alternativas económicas para una educación más productiva de estas comunidades, según expresó en una entrevista concedida al portal El Guardián.

En su misa de despedida como vicario apostólico de Tucupita, González hizo una breve homilía en la que agradeció a Dios por las personas que lo acompañaron en su trabajo apostólico.

Según publica la diócesis de Valle de Pascua “en el momento del ofertorio los jóvenes de la parroquia presentaron una danza, donde llevaban en hombros una Guajibaca (una especie de canoa de los Warao). Ahí llevaba a una niña indígena Warao vestida con un hábito de los capuchinos, en sus manos un tren de pesca, especie de red. A su alrededor unas jóvenes vestidas de azul, que simbolizaban el agua del río”.

“Mientras se avanzaba se iban uniendo personas de la comunidad a las redes de la pesca con el lema 60 años, tejiendo redes de vida y remando mar adentro”.

“Durante la elevación del Cuerpo y Sangre de Cristo, el pueblo de Dios repitió en Warao “ KA ROTU KA IDAMO HASE UITU IJI HA KOTAI,KIRITO, DIOSO NOME A UKA HITO UITU”; que quiere decir: “Señor mío y Dios mío, Tu eres el Cristo, El Hijo de Dios Vivo”. El canto durante la comunión fue interpretado también en lengua Warao”, agrega la publicación.

Antes de ser vicario apostólico, González se desempeñó como sacerdote desde el 15 de marzo de 1970 para la Orden de los Frailes Menores Capuchinos, donde había iniciado su profesión religiosa en 1962.

Desde 2014 González se desempeña como vicario apostólico de Caroni, más al sur de Venezuela.

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