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La Chica Danesa: Una historia de amor más allá de la lógica

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La película ha dulcificado los hechos reales, para mostrar una situación extrema en la que es duro seguir amando

NO RECOMENDADA PARA MENORES DE 17 AÑOS – Imágenes de alto contenido violento o sexual

La chica danesa nos cuenta la complicada historia real de Einar Wegener, un pintor de considerable éxito a principios del siglo XX que un día «descubrió» que en realidad era una mujer. Pasó a llamarse Lili Elba y se sometió a un total de cinco operaciones para cambiar su sexo. El caso Wegener, o de Elba, está considerado como el primer transexual de la historia y es un hito para este colectivo.

Según cuentan las crónicas de la época, Einar, que estaba casado con Gerda Wegener, era ya de por sí un matrimonio bastante liberal para la época y según parece, la mujer era lesbiana. Einar, o Lili, murió a los cincuenta años fruto de las infecciones de su última operación que por aquel entonces eran increíblemente toscas y peligrosas.

Según parece, Einar sufría de intersexualidad, es decir, una anomalía orgánica por la que una persona puede poseer características sexuales femeninas y masculinas en diferentes grados de desarrollo. También se dice que Einar sufría del síndrome de Klinefelter, una alteración en los cromosomas que deciden el sexo de una persona y que pueden provocar confusión sexual.

Además, según cuentan las crónicas de la época, Einar era un hombre con llamativos rasgos femeninos. Al principio se vestía como una mujer pero cuando dejó de ponerse peluca y de maquillarse y simplemente se ponía ropa de hombre, seguía pareciendo una mujer.

Como se puede apreciar, la cuestión de La chica danesa es realmente complicada, por lo que se sabe que ocurrió, por el tratamiento que se le podía haber dado y por los matices que podrían haber acompañado.

La realidad a menudo suele superar a la ficción y en este caso también ocurre eso porque, partiendo de una novela de David Ebershoff, el film de Tom Hooper ha declinado la realidad en beneficio de una historia más cercana y ligera. De este modo, una de las primeras cosas que ha hecho Hooper y su guionista Lucinda Coxon, ha sido convertir la sufrida existencia de Einar y Gerda Wegener en una emotiva historia de amor más allá de lo tolerable. Como debe ser el amor verdadero.

Gerda, también pintora (en la vida real era pintora erótica, n.d.e.), que fue la primera persona que animó a su marido a vestirse de mujer para sustituir a una modelo de un cuadro que tenía que terminar (esto sí ocurrió en la realidad), recibe el repentino capricho de su esposo por lo femenino como un travieso juego de pareja.

Sin embargo, llegado el punto en el que Einar reniega de su sexo masculino y decide actuar y vivir como Lili, Gerda lo sigue apoyando y amando más allá de toda lógica sentimental. Hay en los actos de Gerda (importante: según la película, no según la realidad) un amor incondicional, casi compasivo por su marido, al que quiere más allá de lo razonable.

Es por esta razón que La chica danesa sea, entre otras cosas, un drama sobre una historia de amor imposible. El final de la película, aunque triste y complejo, es también hermoso, porque marido y mujer siguen juntos a pesar de todo. Y créanme aquí, el “a pesar de todo” es realmente duro.

Por lo demás el film tiene una factura visual realmente impecable. Hopper, director de El discurso del Rey y Los miserables, diseña un relato pictórico alejado de cualquier tipo de truculencia visual y confeccionando una cinta casi preciosista. De hecho, el largometraje está filmado como si una pintura se tratase, buscando siempre la tridimensionalidad, acentuando la profundidad de campo y colando también alguna que otra idea sobre la culpa y la moral de la historia. Sus planos son impecables.

Al final La chica danesa termina haciendo equilibrismo entre la lágrima fácil y el drama complejo. Puede que no sea ni una cosa ni otra. El film se ha pensado -los hechos se han reducido al mínimo- para hacer la historia más lineal y menos controvertida de lo que fue en realidad y esto es un riesgo porque obligan a uno a simplificar y a estereotipar, y también hay algo de simplismo y de estereotipo en La chica danesa.

Es por esto que la película de Hooper sea un film interesante aunque con algunos desequilibrios, lo que por otro lado es casi comprensible teniendo en cuenta el berenjenal dramático y narrativo en el que sus responsables habían decidido meterse.

 

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