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El Papa, las raíces judías de la fe cristiana, el perdón y el diálogo posible

AFP
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Apropósito de la próxima visita del Pontífice a la Sinagoga de Roma

“El diálogo y la amistad con los hijos de Israel son parte de la vida de los discípulos de Jesús”, escribe el papa Francisco en Evangelii Gaudium (n. 248) el llamado, periodísticamente, el programa de su pontificado.

Programa que conlleva a que, tras la invitación del Rabino Jefe y de la Comunidad Judía de Roma, el Papa Francisco vaya a visitar la Sinagoga de Roma el próximo domingo 17 de enero por la tarde.

Algunos observadores se preguntan si papa Bergoglio pedirá perdón por las violencias cristianas contra los judíos en esa sede histórica, como ya lo hizo en su visita al Templo de los Valdenses en junio de 2015 en Turín.

Y no sería extraño, porque Francisco escribió: “El afecto que se ha desarrollado nos lleva a lamentar sincera y amargamente las terribles persecuciones de las que fueron y son objeto, particularmente aquellas que involucran o involucraron a los cristianos” (EG 248).

No es un caso, además que los católicos de la ciudad eterna festejen ese mismo día, la XX edición de la jornada dedicada a profundizar el diálogo entre católicos y judíos.

Igualmente es significativo, el tema elegido para la primera jornada que nació en 1990 y que hoy retumba de actualidad: “Las raíces judías de la fe cristiana y la necesidad de diálogo”.

El Papa no considera el “judaísmo como una religión ajena” al cristianismo, ni incluye a “los judíos entre aquellos llamados a dejar los ídolos para convertirse al verdadero Dios” (EG 247).

En este contexto, se trata de la tercera visita de un Papa al Templo Mayor de la capital italiana después de las de san Juan Pablo II (1986) y de Benedicto XVI (2010).

Una efeméride particular será el recuerdo de los 30 años del histórico abrazo entre papa Wojtyla y el rabino Elio Toaff, y seis años después, la visita del hoy Papa emérito.

Los judíos son ‘hermanos mayores’ también para Francisco, que en sintonía con sus predecesores ha confirmado en varias ocasiones que “un católico no puede ser antisemita porque todos los cristianos tienen raíces judías”.

De hecho, el encuentro del domingo sugiere una atención del pontificado a los valores comunes que comparten Judíos y Cristianos, que tienen raíces en la Biblia.

La visita también refuerza bajo una luz oficial, el encuentro personal del Papa Bergoglio con los representantes del judaísmo y con los miembros de la Comunidad.

Cabe recordar que el Papa ha mantenido una estima de vieja data, desde que era arzobispo de Buenos Aires, con la comunidad judía, y más institucionalmente con el Congreso Judío Latinoamericano.

De hecho, el papa Francisco recibió el pasado 28 de octubre en la residencia de Santa Marta a seis de los principales líderes judíos del mundo.

Ese encuentro ocurrió antes de la original audiencia general interreligiosa en ocasión del 50º aniversario de la Declaración del Concilio Vaticano II ‘Nostra Aetate’.

La visita del Papa al Gran Templo de Roma llegará después de haber celebrado, hace pocos meses, el cincuentenario de la declaración Conciliar que cimienta las relaciones de la Iglesia con las religiones no cristianas, en una renovación especial de las relaciones entre católicos y judíos.

Precisamente, luego de celebrar esa fecha en la Plaza de San Pedro, el presidente del WJC, Ronald Lauder, – horas después de la reunión con el Papa – dijo a la prensa que “las relaciones entre católicos y judíos no han estado en mejor condición que en todos los dos mil años de historia”.

“Indiferencia y oposición se convirtieron en colaboración y generosidad […]de enemigos a extraños, nos hemos convertidos en amigos y hermanos”, comentó Francisco los frutos recogidos en el aniversario de la declaración y en la celebración del 28 de octubre de 2015.

Así, la conmemoración de Nostra Aetate como símbolo concreto de la renovación del diálogo y el afecto común tendrán secuela visible en la visita del próximo domingo del Pontífice a la Sinagoga de Roma, el Templo judío más antiguo de Europa.

En este sentido, nótese el aporte personal del Papa latinoamericano al diálogo con la comunidad judía, aún en continuidad con sus predecesores: “Dios sigue obrando en el pueblo de la Antigua Alianza y provoca tesoros de sabiduría que brotan de su encuentro con la Palabra divina”.

“Por eso – indica- la Iglesia también se enriquece cuando recoge los valores del Judaísmo. Si bien algunas convicciones cristianas son inaceptables para el Judaísmo, y la Iglesia no puede dejar de anunciar a Jesús como Señor y Mesías” (EG 249).

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