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Palmeras en la Nieve

Warner Bros Pictures

Juan Orellana - publicado el 25/12/15

Desproporción entre lo sofisticado del envoltorio y lo parco del contenido

Esta película es la adaptación de la novela de Luz Gabas hecha por Sergio G. Sánchez, dirigida por Fernando González-Molina (Tengo ganas de ti, Tres metros sobre el cielo…) y protagonizada por el actor fetiche de este director, Mario Casas. Le dan la réplica Berta Vázquez, Macarena García, Adriana Ugarte, Emilio Gutiérrez Caba y Celso Bugallo entre otros muchos.

El descubrimiento de una carta olvidada durante años empuja a Clarence (Adriana Ugarte) a viajar desde las montañas de Huesca a Bioko para visitar la tierra en la que su padre, Jacobo (Alain Hernández) y su tío, Killian (Mario Casas) pasaron la mayor parte de su juventud, la colonia española de Fernando Poo. Allí Clarence desentierra el secreto de una historia de amor prohibido entre un colono y una guineana.

A pesar de que esta producción de Atresmedia es la película española de mayor presupuesto en los últimos años, el resultado no está a la altura de su inversión. Ciertamente el dinero se nota en el diseño de producción, en los sets de las formidables localizaciones de Colombia, Huesca y Gran Canaria, en la dirección artística, los diseños digitales y en los más de dos mil extras empleados en el rodaje. Pero lo más barato es lo que falla, el guión, que difumina los auténticos conflictos morales en un marco colonialista para centrarse en una historia demasiado mimetizada a los culebrones televisivos de sobremesa. Además el director, que ha dirigido más series televisivas que largometrajes, parece sentirse cómodo con este planteamiento formal. Pero hay otro elemento que resta fuerza al film, y es la interpretación de Mario Casas, poco convincente y escasa de registros.

Por otra parte le puede ocurrir el mismo fenómeno que le sucedió a Carne de Neón, también con Mario Casas: fracasó al incluir en una trama para adultos un actor de éxito juvenil. No fueron a verla ni unos ni otros por la ambigüedad de su propuesta. Palmeras en la nieve tiene una temática más cercana a un público maduro, pero el protagonismo de Mario Casas es un guiño a un target adolescente. Sólo un marketing abrumador podrá tratar de sortear este error de concepción.

El arranque es una impactante escena sexual interracial que ya es una declaración de principios: la película quiere, sobre todo, vender. Todo lo demás está supeditado a la comercialidad del producto. Y eso lícito, pero rara vez sale bien. Es una película más de ejecutivos que de cineastas.

Obviamente la película tiene aspectos brillantes, amén de los ya aludidos, con algunas subtramas con interés; y la interpretación de la actriz ucraniana-etíope Berta Vazquez es formidable. También lo es la banda sonora de Lucas Vidal. Asimismo se agradece el tono equilibrado con el que muestra la presencia española en la Isla. Pero la película se queda muy corta en el desarrollo de personajes, en la hondura dramática de los conflictos más allá de los tópicos, y queda como resultado una desproporción entre lo sofisticado del envoltorio y lo parco del contenido.

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