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Star Wars confirma que es un error eliminar las Humanidades para potenciar las carreras técnicas

20th Century Fox
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El caso del origen del Episodio IV: Una nueva esperanza

NO RECOMENDADA PARA MENORES DE 13 AÑOS – El lenguaje y las escenas de contenido violento o sexual pueden herir la sensibilidad

Es impresionante ver el impactante despliegue de promoción de Star Wars. Esta saga es más que el éxito comercial más grande de todos los tiempos y mucho más que un hito de la cultura pop.

La princesa Leia, líder del movimiento rebelde está en apuros. Luke Skywalker y Han Solo, capitán de «El Halcón Milenario», y los androides, R2D2 y C3PO, serán, junto con la resistencia, los encargados de luchar contra el Imperio y el malvado Darth Vader para volver a instaurar la justicia en el seno de la galaxia.

Todo empezó allá el 25 de mayo de 1977 cuando la primera parte de Star Wars (Episodio IV) se estrenaba. Fue un éxito inesperado para la productora aunque no tanto para su director. Estuvo más de un año en las carteleras, ganó siete oscars y consolidó un género como el de ciencia ficción. Pero también se consolidó una forma de tratar una marca: el merchandising fue toda una jugada maestra por parte de George Lucas y el éxito de la mercadotecnia modificó (como lo hizo el Iphone en su sector) la forma de vender un producto audiovisual. Consolidó lo que hoy se conoce como el fenómeno trasmedia.

ILM (Industrial Light and Magic) fue fundamental con sus efectos especiales, como lo fueron también: las vibrantes secuencias de acción, el carisma de los personajes, el aire a futuro envejecido de las naves (en contraposición a 2001: Odisea en el espacio), un casting de más de 6 meses, una enorme calidad sonora (recordemos, por ejemplo, el sonido sordo y profundo cuando Vader usa la Fuerza o el sonido de los sables láser) y la imprescindible banda sonora del maestro Williams. ¿Pero de qué sirve la mejor técnica o la mejor planificación cuando dentro no hay algo épico que atrape sin permiso el alma de los espectadores?

¿Qué es lo que porta Star Wars que la ha convertido en un fenómeno generacional sin comparación? Son varios los libros que tratan de responder a estas cuestiones, pero centrémonos en un momento concreto de la elaboración del primer guión. Lucas modificó varias veces el guión a lo largo de esa primera fase, buscando productora que lo acogiera y financiara; sin embargo, hubo un momento decisivo: cuando se encontró con un libro que, según sus palabras, fue como una revelación. Hablamos del libro de Joseph Campbell, El héroe de las mil caras.

El libro trata de descubrir arquetipos: patrones de historias y personajes que se repiten en la historia de la mitología o de las religiones. Campbell recurre al psicoanálisis del mito para adentrarse principalmente en “el viaje del héroe”. Pero estos arquetipos aunque tengan un análisis psicoanalítico han tomado muchos de sus términos de las fuentes clásicas: Cicerón, Plinio, San Agustín

De alguna manera pretenden encontrar un teoría de “las ideas elementales” y, una vez desgranadas, poder usarla, por ejemplo, para crear una película de ciencia ficción como la que nos ocupa. Así fue como Lucas reestructuró el guión e introdujo el concepto de la Fuerza en la saga: esa corriente energética que está presente en los seres vivos pero que solo puede ser utilizada por aquellos que sean especialmente sensible a ella: los Jedis.

Cuando uno profundiza sobre esta saga ve cómo las humanidades han resultado fundamentales para generar el gran mito posmoderno que implica Star Wars. Pero ¿no es una paradoja, que roza la estupidez, el promocionar una saga por todo lo alto y tratar de arrancar y excluir las humanidades del ámbito académico?

El éxito de Star Wars confirma que sí, y que todo oficio relacionado con el hecho mágico de narrar historias, también la nueva corriente de storytelling vinculada al mundo empresarial, debería incluir este tipo de estudios en su formación. Veremos si J.J. Abrams lo sabe hacer.

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