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Papa Francisco: La indiferencia amenaza la paz, 7 claves para superarla

AFP
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Ante el terrorismo, la guerra y la pobreza, salir de los “individualismos” y la “apatía”, pide en el mensaje para la Jornada Mundial de la Paz

Vence la indiferencia y conquista la paz es el tema elegido por el papa Francisco para el Mensaje para la 49ª Jornada Mundial de la Paz que se celebrará el 1 de enero de 2016.

La paz depende de cada uno, es una conquista que necesita conversión, creatividad y diálogo. Una responsabilidad que tiene la humanidad respecto a las gravísimas cuestiones del fundamentalismo, el terrorismo, las violaciones de la libertad y de los derechos de los pueblos, el abuso y la esclavitud, la corrupción y el crimen organizado, las guerras que causan el drama de los refugiados y de los emigrantes forzados.

Es un mensaje de esperanza para un mundo que vive –según indica- “una tercera guerra mundial en fases”. Porque, sostiene, “Dios no es indiferente. A Dios le importa la humanidad, Dios no la abandona”.

El Papa insiste en la “globalización de la indiferencia” presente en nuestro tiempo. La primera forma de indiferencia en la sociedad humana “es la indiferencia ante Dios, de la cual brota también la indiferencia ante el prójimo y ante lo creado”.

El deseo es que el año 2016 “nos encuentre a todos firmes y confiadamente comprometidos en realizar la justicia y trabajar por la paz en los diversos ámbitos”.

A continuación, 7 claves de reflexión del Mensaje para la 49ª Jornada Mundial de la Paz

  1. Dios no es indiferente. “Dios no abandona la humanidad”. Nosotros hechos a su «imagen y semejanza», no seremos abandonados, por el contrario Él nos protege, nos ilumina. Vivir indiferentes significa cerrarnos en nosotros mismos, y no «ver, escuchar» a la persona que está al lado. El desastre ambiental en el cual vivimos demuestra que nos falta “amor propio”, en cuanto agredimos el mundo y la humanidad con la que vivimos nosotros mismos.
  2. Estamos llamados a “custodiar”. Protegernos nosotros mismos no es un acto de egoísmo, pero sí nos abre a una solidaridad como la del «buen samaritano», una actitud propia de “interconexión e interdependencia, preocupándose por los miembros más frágiles”. Compasión por el prójimo. No explotar a los demás seres humanos. No viviremos de sobornos y de corrupción. Proteger la vida desde el inicio hasta el final.
  3. Salir de la globalización de la indiferencia que hace vivir en una situación de «adaptación». En general se vive distraídos de las dramáticas circunstancias en las que viven nuestros vecinos más cercanos hundidos en las periferias, no solo existenciales, de nuestras ciudades, nuestros pueblos y naciones. Se olvida que compartimos la misma dignidad y que somos ciudadanos de un único territorio, que es la Tierra.
  4. La injusticia que permitimos conviva en nuestra sociedad: Cuando estamos bien y nos sentimos a gusto, nos olvidamos de los demás (algo que Dios Padre no hace jamás), no nos interesan sus problemas, ni sus sufrimientos, ni las injusticias que padecen…, denuncia el Papa. Entonces nuestro corazón cae en la indiferencia: yo estoy relativamente bien y a gusto, y me olvido de quienes no están bien.
  5. Por lo tanto, “dar testimonio de la misericordia”, “perdonar y de dar”, abrirse “a cuantos viven en las más contradictorias periferias existenciales, que con frecuencia el mundo moderno dramáticamente crea”. El mensaje es una invitación a salir de nosotros, de la cerrazón del egoísmo y a vivir con misericordia, responsabilidad y compromiso. En esto ayudan algunos verbos: observar, oír, conocer, bajarse, liberar.
  6. Entonces, se trata de una verdadera misión educativa. Vivir y transmitir “los valores del amor y de la fraternidad, de la convivencia y del compartir, de la atención y del cuidado del otro”. El Papa invita anunciar a Cristo, príncipe de la paz. Y todos podemos participar en la construcción del mundo. Y de esta manera, poder vivir mejor y no explotarlo, así como a las criaturas que lo habitan.
  7. La solidaridad, la piedad y la compasión que se pueden vivir a través de las siete obras de la misericordia corporales y espirituales. En ellas también está implícita la valentía de los actos. En primer lugar la valentía de recordar y remarcar que todos somos seres humanos creados a imagen y semejanza de Dios. Así, es valiente la abolición de la pena de muerte. Además la valentía de la acogida y el respecto reciproco, como además la participación de deberes y responsabilidad. Un paralelismo perfecto entre participación e inclusión.

En fin, se trata de una “profunda convicción” la de papa Bergoglio en un mejor futuro. Una misión pacificadora que toca la vida “de cada hombre y cada mujer, de cada familia, pueblo y nación del mundo», así como un imperativo “para los jefes de Estado y de Gobierno y los responsables de las religiones”.

La paz es don de Dios, pero confiado a todos los hombres y a todas las mujeres, llamados a llevarlo a la práctica”, señala Francisco.

El Pontífice sabe que las “guerras y los atentados terroristas, con sus trágicas consecuencias” pesan en la vida de millones de personas, así como “los secuestros de personas, las persecuciones por motivos étnicos y religiosos”.

El año 2015 deja atrás hechos dolorosos en muchas regiones del mundo, en las formas de la que Francisco llama “una tercera guerra mundial en fases”. Sin embargo, el Papa pide salir de la “resignación”, la “indiferencia”, los “individualismos” y la “apatía”, ante las situaciones críticas.

Eventos globales

El Papa apoya su esperanza también en el esfuerzo “realizado” por los 195 líderes mundiales para “buscar nuevas vías para afrontar los cambios climáticos” en la COP21 de París.

Igualmente, cita “la Conferencia Mundial de Addis Abeba para recoger fondos con el objetivo de un desarrollo sostenible del mundo, y la adopción por parte de ONU de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible”, con el objetivo de una meta para una “existencia más digna para todos”, sobre todo para los pobres.

Eventos eclesiales

La Iglesia también en este 2015 deja huellas de esperanza por la paz. Por ello, recuerda el 50º Aniversario de la publicación del Concilio Vaticano II y sus documentos para “el diálogo, solidaridad y acompañamiento” para que “la Iglesia fuera más abierta” y comunicativa “entre ella y el mundo”.

En su tradicional mensaje, invita a promover una cultura de la solidaridad para vencer los males del mundo. Y sostiene que la paz es “fruto de una cultura de solidaridad, misericordia y compasión”.

Por último, insta a alcanzar la paz en el signo del Jubileo de la Misericordia apenas iniciado y que se extenderá hasta noviembre 2016.

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