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Familia, paz y solidaridad: los valores del belén para creyentes y no creyentes

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Emigrantes y tradiciones populares, un belén italiano en Nueva York

“Poco después de la muerte de mi padre, el párroco me invitó a hacer un belén en la parroquia y yo le propuse: ‘¿Por qué no realizamos una obra que pueda transmitir nuestra realidad campesina a través del Misterio de la Navidad?’, y ese fue mi primer belén en Grassano en 1976”.

Desde entonces han pasado unos 35 años, y los belenes del maestro Francesco (Franco) Artese han dado la vuelta al mundo. En el 2012 fue el quien dirigió el de la plaza de San Pedro. Y este año vuelve a New York (32 años después del comienzo), a la Catedral de St. Patrick, donde el belén estará expuesto hasta el 6 enero.

La escenografía se inspira en el paisaje de los Sassi de Matera, en gran parte esculpida en la roca. Las estatuas (unas 70, realizadas en terracota y de 27 centímetros de altas) han sido ideadas y diseñadas por el artista inspirándose en algunas representaciones pictóricas y fotográficas del mundo campesino italiano de los años 30. “A través de mis obras intento dar emociones, trasladar esos valores típicos del ambiente rural de nuestros países, y que ahora son tan raros, como la humildad, la sencillez, la cercanía, la familia”.

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El ambiente es el de la antigua civilización campesina italiana, la “civilización de las manos”, basada en el trabajo en los campos y sus antiguas tareas, connotada por una dimensión laboriosa y frugal, por una humanidad fuertemente imbuida de espíritu de sacrificio y sentido religioso.

El belén neoyorkino está realizado enteramente en poliestireno, recubierto de una capa muy fina de estuco en resina efecto “toba”, con elementos de adorno en metal, madera y terracota, se extiende por unos 20 metros cuadrados y alcanza una altura de unos 3,5 metros.

Una escenografía de efecto, pero “fundamental, es para mi la ‘Escena’ que representa el Misterio de la Navidad de Jesús”. Transmite “un significado universal de paz, serenidad y de afirmación de valores como la familia, la solidaridad y la cercanía de los pueblos, más allá del credo y de la fe de quien se acerca al belén”.

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Como trasfondo de la Natividad está la Cripta del Pecado Original, el testimonio de arte rupestre del Sur de Italia más antiguo y rico, también llamado la “Capilla Sixtina” de la pintura parietal rupestre. Artese reproduce algunos de los frescos que representan el tema de la Creación y del Pecado Original presentes en la Cripta y los tres ábsides, en que se representan las triarquías de los Apóstoles, los Arcángeles y la imagen real de la Virgen.

El belén se compone de una serie de cuadros, que representan diversos momentos de la vida cotidiana, que brota de las imágenes tomadas de los ritos y tradiciones de la civilización rural: la representación del “mayo de Accettura” (fiesta popular italiana), a través de un grupo de bueyes que, ayudado por hombres, arrastra el tronco de un cedro.

Se ve también una procesión, icono de la devoción popular a la Virgen María propio de la Basilicata, una región del sur de Italia. Destaca la escena de una familia de emigrantes, homenaje a cuantos – italianos y otros – atravesaron el Océano buscando trabajo, pero también en referencia al drama que atraviesa nuestro tiempo. Entre sus personajes nunca falta una pequeña viejecita: “Representa a mi madre, cuya pérdida fue muy dolorosa para mi, y que en los momentos más delicados del trabajo veo siempre cerca de mi, me ayuda”.

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El belén de Artese no es una representación del momento originario del evento cristiano, sino la irrupción de una promesa de salvación aquí y ahora. La puesta en escena de la Natividad renueva el Misterio de la Encarnación en el tiempo y en la historia. Es memoria pero también posibilidad en el presente. Es símbolo – además de religioso – humano, de compasión, de ternura, de solidaridad, de compartir, de paz.

“Crear un belén no es para mí sólo una obra de arte. Soy un hombre de fe y en mi pequeñez intento hacer revivir la noche de Belén, siguiendo el mensaje de San Francisco, intentando despertar esos corazones adormecidos y llevarlos a hacer el belén en su casa. Hacer belenes es un poco continuar una misión”.

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