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Las cinco series más violentas del momento

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Series TV: Cómo evitar que la violencia y el sexo sean una droga para los jóvenes

Lo primero, siendo conscientes del tema. Estamos viviendo una invasión de series de televisión que recurren a la violencia más extrema para captar a una audiencia que la termina aceptando como normal. Hablamos de series de televisión como Spartacus, Dexter, Juego de Tronos, Hannibal y, por supuesto, The Walking Dead.

El lema del circo “más difícil todavía” parece haber mutado en “más violento todavía”. Sin embargo, una película o una serie de televisión puede usar la violencia como necesidad argumental justificada; normalmente portando un mensaje final o al menos permitiendo una reflexión.

En Spartacus (Cadena Starz, 2010) se nos cuenta la vida de Espartaco y de cómo, junto a sus gladiadores, luchan contra la perversa Roma. Esta serie evoca a la película 300 y continúa la interesante reflexión sobre la indignación/revolución popular tan de moda en el tema político actual. Sin embargo, los litros de sangre que bañan la arena se unen a escenas con gran carga sexual.

Dexter (Showtime, 2006) es uno de los personajes más sanguinarios de la televisión reciente que, junto al Doctor Lecter, son los dos asesinos que parecen tener una especie de código moral. Uno de ellos mata para canalizar un trauma infantil del que no parece haber cura (Dexter); y el otro, mata para saciar el deseo de curiosidad y canibalismo. En ambos casos, se juega con el componente psicológico para distorsionar el bien del mal lo cual, misteriosamente, hace que las series sean inquietantes y atrayentes. En el caso de Hannibal se percibe un tono más oscuro y un ritmo en ocasiones lento que le pueda hacer perder seguidores.

En Juego de tronos (HBO, 2011), una interesante y popular serie, digna por otra parte de cierto reconocimiento, vemos actos de sadismo malsano. Basta recordar el pasaje titulado la Boda Roja para no sorprendernos al encontrarnos: escenas de personas comiendo corazones de caballo, gente siendo castrada o el asesinato de toda una familia.

Y, por último, The Walking Dead (AMC,2010) , una de las series más vistas y aclamadas que ha reinventado el género “zombie”. No solo vemos escenas de humanos disparando, clavando cuchillos o palos en las cabezas de los “caminantes” si no que también nos muestran las entrañas de los zombies y humanos que se descuartizan y matan entre ellos.

¿Qué está pasando? ¿Por qué se ha perdido ese reparo, esa bella distancia de precaución?

Pienso que, en parte, todo empezó cuando Mel Gibson rodó La Pasión y arrasó recaudando millones de euros con su versión realista y durísima de la vida de Jesús de Nazaret. Cruzó un límite y mostró más de lo que se había mostrado hasta el momento. Fue, de alguna forma, un pistoletazo de salida para incluir la violencia extrema como ingrediente para vender un producto audiovisual. Pero, ¿es lo mismo cruzar un límite que violarlo?

Vivimos con los anhelos más hondos aletargados, hay toneladas de basura sobre ellos que impiden que afloren y nos dejen ser verdaderamente humanos. Sin embargo, nos gusta sentirnos vivos y eso es muy fácil de confundir con tener sensaciones que nos hagan reaccionar pero no vivir. Por eso no es lo mismo estar vivo que sobrevivir a base de subidones…

La violencia y el sexo en productos audiovisuales funcionan en muchas ocasiones como una droga; el “más violento todavía” puede generar muchos adictos que pierdan la ternura sobre lo más cotidiano que les rodea. Son series, muchas con gran calidad técnica, y con grandes guionistas. Pero ¿podrán los guionistas seguir mostrando, en medio de zombies y asesinos, que la naturaleza humana está hecha para lo bueno y lo bello?

 

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