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Papa Francisco: «Este será un año para crecer en la misericordia»

ANDREAS SOLARO / AFP
Pilgrims attend a papal mass in St Peter's square for the start of the Jubilee Year of Mercy, on December 8, 2015 in Vatican. Pope Francis marks the start of an extraordinary Jubilee year for the world's 1.2 billion Catholics by opening a "Holy Door" in the walls of St Peter's basilica. At 9.30 am (0830 GMT), the Argentinian pontiff will pronounce the words "Aperite mihi Porta Iustitiae" -- Latin for "open to me the gates of justice" -- and the door, which is normally bricked up, will be opened. AFP PHOTO / ANDREAS SOLARO / AFP / ANDREAS SOLARO
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El Pontífice celebró la Misa en ocasión de la Inmaculada y presidió el rito de Apertura de la Puerta Santa

El Jubileo de la Misericordia “será un año para crecer en la convicción de la misericordia”, dijo el papa Francisco al celebrar en la Plaza San Pedro la Misa en ocasión de la Solemnidad de la Inmaculada Concepción de la Virgen María y el rito de Apertura de la Puerta Santa este martes 8 de diciembre.

“Cruzar la Puerta Santa nos compromete a hacer nuestra la misericordia del Buen Samaritano”, expresó Francisco.

El Jubileo es una tradición que cumple tres signos y abarca la peregrinación, atravesar la Puerta Santa (que en este pontificado, por primera vez, se realizará en las principales Basílicas del Mundo) y la indulgencia.

«Entrar por la puerta significa descubrir la profundidad de la misericordia del Padre que acoge a todos y sale personalmente al encuentro de cada uno. Él es que nos busca, es él que viene a encontrarnos”, expresó.

3000 agentes de seguridad presentes en el pío evento. Lluviosa y nublada amaneció la ciudad de Roma. Los fieles hicieron fila pacientemente. Cuatro las entradas a la Plaza.

Después de la Misa, el Papa presidió el rito de Apertura de la Puerta Santa en la Basílica de San Pedro en el inicio del Jubileo Extraordinario de la Misericordia que se celebrará hasta el próximo 20 de noviembre de 2016.

Será un año para “crecer en la convicción de la misericordia», afirmó Francisco en el Vaticano, ante alrededor de 50.000 peregrinos procedentes de todo el mundo, según la Prefectura de Roma.

De esta manera, explicó: “Debemos anteponer la misericordia al juicio y, en todo caso, el juicio de Dios será siempre a la luz de su misericordia. Atravesar la Puerta Santa, por lo tanto, nos hace sentir partícipes de este misterio de amor, de ternura”.

En este sentido, el Pontífice exhortó a abandonar “toda forma de miedo y temor, porque no es propio de quien es amado; vivamos, más bien, la alegría del encuentro con la gracia que lo transforma todo”.

Además, hoy se cumple el quincuagésimo aniversario del cierre del Concilio Vaticano II (1962-1965), la Misa ha sido introducida por la lectura de algunas partes de las cuatro constituciones conciliares. Dei Verbum, Lumen gentium, Sacrosanctum concilium e Gaudium et spes.

La Iglesia en salida del papa Francisco se apoya del Concilio. Una Iglesia que – sostuvo – vuelve a “tomar el camino para ir al encuentro de cada hombre allí donde vive: en su ciudad, en su casa, en el trabajo…; dondequiera que haya una persona, allí está llamada la Iglesia a ir para llevar la alegría del Evangelio. Llevar la Misericordia y el perdón de DIOS”.

El rito

El pasado 29 de noviembre, el Papa había anticipado el rito desde la Ciudad de Bangui, República Centroafricana, que nombró la “capital espiritual del mundo”, en un contexto donde la misericordia podría ser bálsamo en medio a la guerra, la pobreza y el hambre.

Sucesivamente a la Misa, y luego de los rito de Comunión, el Papa se ha dirigido a la Puerta Santa de la Basílica de San Pedro.

Antes del rito encontró en el Atrio al Papa emérito, Benedicto XVI. Durante el abrazo fraterno entre Bergoglio y Ratzinger, explotó un gran aplauso proveniente del externo; eran los peregrinos que vivieron la escena desde las pantallas gigantes en la Plaza.

Benedicto XVI le siguió después, dando pequeños pasos con su bastón y apoyándose de su secretario particular, Georg Gänswein.

En silencio el Papa subió las escaleras, abrió la Puerta Santa. “Es ésta la puerta del Señor, abran la puerta de justicia”, dijo Francisco en italiano, rompiendo la tradición de la formula que era pronunciada en latín, luego se detuvo en oración en el lumbral y entró solo en la Basílica.

Del otro lado de la puerta, Francisco y el Papa emérito se apretaron nuevamente y enérgicamente las manos.

En procesión, el papa Francisco se dirigieron al Altar de la Confesión (altar principal de la Basílica), donde se realizó el rito conclusivo de la Santa Misa, seguido de cerca por los Co-celebrantes, vestidos de blanco, y por algunos representantes de sacerdotes, religiosos, religiosas y fieles laicos.

Una ceremonia sobria y sencilla por voluntad del Papa, no se proclamaron las largas formulas en latín y se abolió el sonido de los cuernos, entre otras partes del rito. “Un jubileo que no será igual al jubileo del 2000”, había recordado, el arzobispo Fisichella, organizador del evento.

La Puerta Santa evoca el paso de cada cristiano del pecado a la gracia, mientras que la indulgencia es la que Dios concede a todos sus hijos que la buscan tras expiar los pecados con obras de piedad.
En el Año Santo la Iglesia concede indulgencia a los fieles que cumplen con las disposiciones de arrepentimiento establecidas por el Vaticano.

En este contexto, el Obispos de Roma ha concedido a todos los obispos del mundo el poder de dar la Bendición Papal en la Santa Misa de apertura de la Puerta Santa y en su clausura al final del Año.

A continuación, algunos de los puntos más sobresalientes de la homilía del Papa.

 María ejemplo de plenitud de la gracia

En el día de la Inmaculada, aseguró que “la Virgen María es llamada en primer lugar a regocijarse por todo lo que el Señor ha hecho en ella”. Asimismo, en otra parte de la homilía, poniéndola como ejemplo habló de “la plenitud de la gracia puede transformar el corazón, y lo hace capaz de realizar un acto tan grande que puede cambiar la historia de la humanidad”.

La fiesta de la Inmaculada Concepción expresa la grandeza del amor Dios. Él no es sólo quien perdona el pecado, sino que en María llega a prevenir la culpa original que todo hombre lleva en sí cuando viene a este mundo. Es el amor de Dios el que previene, anticipa y salva”, agregó.

La luz del amor que perdona

En la homilía, habló del pecado que “solamente se puede comprender a la luz del amor que perdona”. Y aseguró: “Si todo quedase relegado al pecado, seríamos los más desesperados entre las criaturas, mientras que la promesa de la victoria del amor de Cristo integra todo en la misericordia del Padre”.

Una curiosidad en la celebración de la Misa ha sido la lectura de los fieles en idioma chino mandarín.

Año Santo Extraordinario

En relación al rito que cumplió unos minutos más tarde, el Papa dijo que “entrar por la puerta significa descubrir la profundidad de la misericordia del Padre que acoge a todos y sale personalmente al encuentro de cada uno. Él es que nos busca, es él que viene a encontrarnos”.

“Será un año para crecer en la convicción de la misericordia. Cuánta ofensa se le hace a Dios y a su gracia cuando se afirma sobre todo que los pecados son castigados por su juicio, en vez de anteponer que son perdonados por su misericordia (cf. san Agustín, De praedestinatione sanctorum 12, 24).

En su predicación exhortó “anteponer la misericordia al juicio y, en todo caso, el juicio de Dios será siempre a la luz de su misericordia. Atravesar la Puerta Santa, por lo tanto, nos hace sentir partícipes de este misterio de amor, de ternura”.
El Obispo de Roma durante la Misa insistió a que “abandonemos toda forma de miedo y temor, porque no es propio de quien es amado; vivamos, más bien, la alegría del encuentro con la gracia que lo transforma todo”.

El Concilio fue un encuentro

“Hoy, aquí en Roma y en todas las diócesis del Mundo, cruzando la Puerta Santa queremos también recordar otra puerta que, hace cincuenta años, los Padres del Concilio Vaticano II abrieron hacia el mundo”.

El Papa recordó el Concilio como “un encuentro”. “Un verdadero encuentro entre la Iglesia y los hombres de nuestro tiempo. Un encuentro marcado por el poder del Espíritu que empujaba a la Iglesia a salir de los escollos que durante muchos años la habían recluido en sí misma, para retomar con entusiasmo el camino misionero”, dijo.

La Iglesia en salida del papa Francisco se apoya del Concilio. Una Iglesia que – sostuvo – vuelve a “tomar el camino para ir al encuentro de cada hombre allí donde vive: en su ciudad, en su casa, en el trabajo…; dondequiera que haya una persona, allí está llamada la Iglesia a ir para llevar la alegría del Evangelio. Llevar la Misericordia y el perdón de DIOS”.

Buenos samaritanos

“El jubileo nos provoca esta apertura y nos obliga a no descuidar el espíritu surgido en el Vaticano II, el del samaritano, como recordó el beato Pablo VI en la Conclusión del concilio. Cruzar hoy la Puerta Santa nos compromete a hacer nuestra la misericordia del Buen Samaritano”, concluyó el Papa.

 

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