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Cine y terrorismo: Si llevamos años enfadados con el vecino, ¿cómo esperar algo bello del diálogo interreligioso?

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El caso de “La terminal”, de Steven Spielberg

Directos al grano y sin anestesia: ¿Cómo buscar el diálogo interreligioso si dentro de la Iglesia católica aún hay ciertas disputas entre las realidades que la conforman? O más cerca aún, ¿cómo gastar energía en dar discursos sobre el diálogo entre civilizaciones si hace más de 5 años que no te hablas con tu vecino o con unos amigos o familiares por algo que ocurrió?

El caso de La terminal, del director Steven Spielberg (La lista de Schindler, Munich) nos permite fijar nuestra atención en un personaje lleno de candor que vale la pena rescatar para alumbrar estas cuestiones. Tom Hanks interpreta magistralmente a Víctor Navorski, un ciudadano de un pequeño pueblo de Europa del Este, que se ve involuntariamente exiliado en la terminal del aeropuerto JFK de Nueva York, cuando estalla una guerra civil en su país de origen. Por ello, hasta que se resuelva el conflicto de su país, ni puede pisar suelo americano ni volver a su país.

Esta película está basada en el caso real de un iraní que estuvo viviendo 18 años en la terminal internacional del aeropuerto Charles De Gaulle de París. Durante su estancia en la terminal Víctor Navorski entablará relaciones con el personal del aeropuerto: con una bella azafata (Catherine Zeta Jones) y un estricto responsable de seguridad. Cada vínculo que genera y cada forma de afrontar la adversidad, van mostrando el candor de un hombre que derrocha humanidad. Victor rompe con su ejemplo de vida la despersonalización de la nace todo mal.

La esperanza no nace de una idea ni de un discurso político (o religioso) que teorice sobre qué debemos hacer para salvar el mundo; la esperanza nace, sencillamente, de que alguien lo haya hecho antes. Si alguien ha logrado subir al Everest, ya lo ha hecho posible para todos; si alguien pisa la luna, toda la humanidad cree haberla pisado. Pues bien, solo si alguien encarna el candor y la humanidad de Víctor Navorski, podremos generar encuentros que nos permitan convivir en la diversidad.

Decía hace poco el nuncio en Siria, monseñor Mario Zenari, sobre lo que necesita Siria y todo el Oriente Medio: “Estas tierras son la cuna de culturas y ritos milenarios: sirios, armenios, cadeos, melquitas, coptos, maronitas. Y no deben terminar siendo un cementerio de las diferencias (…). Resulta sumamente necesario realizar un trabajo cultural y educativo para una interpretación del Corán que evite cualquier coartada posible a quienes utilizan la religión para justificar sus fechorías. (…) Hay que elaborar un nuevo concepto de ciudadanía, desvinculado de la pertenencia confesional y fundamentado en la paridad de derechos y deberes.”

La primera frontera con el inmigrante, venga de donde venga, la ponemos nosotros. El primer atisbo de odio o rabia también nace dentro primero. Toda mal que cometemos se fragua en nuestro interior; y ese tiempo entre el pensamiento y la acción es donde nuestra libertad puede actuar. Hagámonos pues las preguntas adecuadas.

¿De qué sirve que tratemos de entrar en diálogo con personas de distinta religión o color de piel si no somos capaces de sanar heridas con personas cercanas a nosotros?

Personajes cinematográficos como el de Víctor Navorski o personas que encarnen esa actitud tan llena de humanidad que no hay espacio para el prejuicio, son aquellas que hacen posible para todos el mismo camino. Pero Víctor tenía un secreto, una promesa que le mantenía firme en los peores momentos. Recuperen esta película y vivan durante casi dos horas en la terminal de un aeropuerto que bajo los ojos de Víctor resulta ser mucho más que una simple terminal…

 

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