Aleteia

Bone Tomahawk: Mejor «western» que cine fantástico

RLJ Entertainment
Comparte

Una obra honda, compleja, un punto contemplativa, pero también cruda y brutal

ADULTOS CON RESERVAS – Escenas extremas de contenido violento o sexual

Si a uno le dicen que va a ver una película del oeste con caníbales que ha ganado el premio al mejor director en el último festival de Sitges y con Kurt Russell a la cabeza lo más lógico es atrincherarse tras un buen combo de palomitas, caja de antihistamínicos a mano, y prepararse para disfrutar de lo lindo de una avalancha de emociones fuertes solo apta para estómagos a prueba de bomba. Russell arrastra una simpática aureola de icono del cine fantástico de serie B gracias a sus colaboraciones con John Carpenter en títulos emblemáticos como 1997. Rescate en Nueva York, La cosa, Golpe en la pequeña China y 2013. Rescate en Los Ángeles.

Sin embargo, fans del fantástico y amantes de la serie B búsquense otra película o mejor aún, dejen a un lado las palomitas, relájense y prepárense para disfrutar de una obra honda, compleja, un punto contemplativa, pero también cruda y brutal. Bone Tomahawk arranca con un hombre degollando a otro en primer plano. Se trata sin duda de un excelente revulsivo para situar al público. Lo que vamos a ver no es plato para todos los públicos.

La ópera prima de S. Craig Zahler nos cuenta la historia de un tranquilo y apartado poblado del oeste americano. Un día un extraño se acerca a la cantina y el sheriff acude a ver qué se le ofrece. La cosa se lía y el recién llegado termina en el calabozo con un tiro en la pierna. La enfermera del lugar acude a curar la herida y decide pasar la noche en la cárcel. Pero resulta que el tal extraño que decidió acercarse a aquella ciudad se había topado previamente con una extraña y violenta tribu que lo ha seguido hasta allí. Al día siguiente, preso y enfermera son secuestrados y el sheriff, el marido de la enfermera y dos hombres más de pasados dispares, deciden ir en su busca.

Antes que una cinta de terror y antes incluso que un film fantástico, Bone Tomahawk es un western subido de tono en todo caso. De las dos horas largas de película la cosa se pone verdaderamente truculenta en sus últimos veinte minutos pero hasta ese momento, el film de Zhaler es una película del oeste de cabo a rabo. Es más, una excelente película del oeste. Desprende cierto aroma a clásico, conserva cierta épica contenida y sobre todo rezuma un agradecido esmero por cuidar a sus personajes. Todos salvo, todo hay que decirlo, el de Kurt Russell. Incomprensiblemente resulta que la estrella de la película se lleva probablemente el personaje más insípido y menos interesante de la película. Al final le dan un lugar de honor pero lo que ha calado no ha sido su interpretación.

Hay dos personajes especialmente significativos. Por un lado está Chicory (nada menos que Richard Jenkins), poco menos que un viejo mendigo que actúa de ocasional ayudante del sheriff enamorado de las cosas sencillas, mundanas incluso. Y por otro lado está Arthur O´Dwyer (Patrick Wilson), curiosamente (o no tanto) un hombre que cree en Dios, el único que se santigua antes de comer y el único que siente cierto respeto ante una cruz o una Biblia.

Durante Bone Tomahawk las referencias cristianas son puntuales pero significativas. Cuando un personaje acribilla indiscriminadamente a balazos a un extraño, Chicory se acerca al cuerpo y advierte que llevaba una cruz colgada. Cuando le preguntan “¿iba armado?”, responde “más o menos”. Lo cierto es que será O´Dwyer el mejor parado de una película con un par de escenas realmente salvajes. Cuando está a punto de entrar en la madriguera de los caníbales O´Dwyer mira al cielo y pregunta “¿ves lo que están haciendo?”.

La verdad es que Bone Tomahawk no es una película especialmente religiosa, ni siquiera es probable que sea un film recomendable en este sentido, pero es una buena película. Lo es por su sentido épico del western, por su dirección, por la interpretación de sus actores y por la misma extrañeza del producto en sí. Pero también es una película en la que pese a su monstruosidad hay un espacio para Dios. Y eso creo que es importante, sobre todo en un lugar tan inhóspito como el que nos plantea Bone Tomahawk.

 

Newsletter
Recibe gratis Aleteia.