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“Paranormal activity: dimensión fantasma”, si nos cuentan el origen es porque hemos llegado al final

Paramount Pictures
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Más «metraje encontrado», un recurso fílmico que ya no dice nada nuevo

La quinta entrega de la saga parece poner el broche final a una popular serie originada por la propuesta no excesivamente original (pero sí altamente efectiva) consistente en exprimir un poco más el género “found footage” (metraje encontrado) de larga tradición en el cine de terror.

Desde el ejemplo clásico de “Holocausto caníbal” (Ruggero Deodato, 1980) hasta la puesta al día más actual de “El proyecto de la bruja de Blair” (Eduardo Sánchez, Daniel Myrick, 1999), contar una historia a base del montaje de grabaciones que en su momento habían hecho los propios protagonistas de la historia permite por un lado aumentar la empatía con las víctimas y por otro adentrarse con mayor intensidad en la trama. Esto último se beneficia de un doble nivel de suspensión de incredulidad. Este concepto explica que el espectador cuando se sienta en el cine establece un pacto tácito con el director por el que se va a creer que Supermán vuela simplemente porque nuestro sol es diferente del de su planeta o que James Bond siempre consigue desactivar la bomba cuando para la explosión restan 0:07 segundos.

Como en los sueños-dentro-de-otros-sueños este doble nivel al que nos referimos pasa por convencernos nosotros mismos como espectadores de que lo que vamos a ver es real (asesinos en serie, criaturas del más allá, maldiciones milenarias…) y que además realmente alguien lo grabó con su cámara, no se perdió nada de lo interesante que sucedió, alguien más logró encontrar ese material y ese mismo alguien o incluso otro más ha conseguido armar una película sin demasiados huecos en la narración de los eventos y nadie ha impedido que lo estrene en salas comerciales.

Es decir, de entre todas las ficciones, entre todas las mentiras que supone esos 24 engaños por segundo que son en definitiva el cine, la película de terror con metraje encontrado es el colmo del querer ser engañado. Y como decía Galileo “eppur si muove”. Y vaya si se mueve.

Cuando Oren Peli dirigió la primera entrega de la saga allá por 2009, con un presupuesto reducido y un entorno limitado probablemente no esperaba el monumental éxito que tendría y el terror que causaría en millones de espectadores. Las imágenes se corresponden inicialmente con las cámaras de vigilancia nocturna que los protagonistas dejan en su casa para controlar el sueño de su bebé, cuando comienzan a suceder cosas extrañas se amplía la nómina de cámaras que vigilan en casa y eso desató inevitablemente el pánico cerval de los espectadores a asistir a lo que quizá podía suceder en sus propias casa mientras ellos duermen y que ignoran al carecer de cámaras de vigilancia nocturna.

Cinco entregas después, y retomando muy poco sutilmente algunos puntos de contacto con “Poltergeist” (Tobe Hooper, 1982), el “más acá” se nos ha quedado corto y ha llegado el momento de conocer qué hay “más allá” deseando perturbar la paz del mundo de los vivos. Esa “dimensión fantasma” a la que alude el título es esa “última frontera” (que diría James Tiberius Kirk) a la que por primera vez nos asomamos sin restricciones para tratar de solventar todos los cabos sueltos sobrenaturales que pervivían a través de las anteriores cuatro entregas de la saga.

Siguiendo con las tradiciones del género, como en “Terror en Amityville” (Stuart Rosenberg, 1979) por citar una de las que además estaba basada en hechos presuntamente reales, la casa donde suceden los fenómenos acoge a una nueva familia (alguien debería hablar seriamente con esos agentes de la propiedad inmobiliaria que no informan de estas cosas) que no tardará en comenzar a comprobar que haber encontrado esa casa tan barata tenía una inesperada contraprestación.

En esta ocasión los fenómenos, la actividad paranormal del título, por fin serán algo más que una sucesión de efectos en el sentido de que veremos por primera vez a sus causantes. En anteriores entregas hemos ido acumulando nuevas tecnologías que ampliaban la acción captada por las cámaras de vigilancia infantil originales (hasta por Skype hemos visto pasar cosas terroríficas) y ahora toca la fotografía capaz de captar a los propios espíritus que hasta ahora eran invisibles para el ojo humano. Por fin accederemos a ver lo que nunca antes había sido mostrado en esta saga.

Esto permitiría toda una nueva categoría de efectos visuales pero queda por demostrar (y sólo los datos de taquilla permitirán comprobarlo) si aún queda tirón entre el público para continuar más allá de la “dimensión fantasma”.

Y es que hasta el cine de terror tiene sus sagas, corrientes y modas. La noche de los muertos vivientes, La matanza de Texas, Halloween, Viernes 13, Pesadilla en Elm Street, La bruja de Blair, Destino final, Saw… unas pasan, otras vuelven… así que puede que ya que no quedaban secretos en esta dimensión y hemos tenido que ir a otra es que no quedan muchas más cosas que contar en el universo de esta saga… hasta que dentro de unos 15 años alguien en algún estudio repase una polvorienta cartera de derechos sobre secuelas y plantee “¿por qué no hacemos un remake de “Paranormal Activity”?.

Trailer oficial en español: https://youtu.be/wuct_-nmDd0

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