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¿La Iglesia es hipócrita con el celibato?

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Homosexualidad y celibato: ¿de dónde sale la relación causa-efecto?

«El Vaticano está lleno de homosexuales»: el sacerdote polaco de la curia vaticana Krzysztof Charamsa y el director del documental Amores santos, Dener Giovanini, acusan en voz amplificada estos días a la Iglesia católica de hipócrita con el celibato que exige a los sacerdotes y religiosos, concretamente en el caso de la homosexualidad.

¿Y eso, para demostrar qué? “Queríamos demostrar que la homosexualidad dentro de la Iglesia es un fenómeno mundial”, explica Dener al hablar de su película, que muestra a algunos curas y religiosos realizando actos sexuales delante de una webcam (qué poca discreción, por favor. No vayamos a pensar que el set está «preparado»). Uno de ellos afirma, supuestamente también sin saber que está siendo grabado, que “el 90% de todos los sacerdotes son gays”.

Que la homosexualidad en la Iglesia es un fenómeno mundial, es una afirmación que se queda corta. Habría que añadir que es un fenómeno histórico, como la infidelidad en los matrimonios o la mentira en los políticos. ¡Vaya un descubrimiento!

Claro que ningún estudio demográfico de la orientación sexual en la sociedad, ni siquiera los más pro-gay (que dicen que el 30% de la sociedad es homosexual, frente al 3% de los estudios menos ideológicos), se acerca ni de lejos a ese supuesto porcentaje de homosexuales. Se trata de estimaciones desproporcionadas y poco creíbles, incluso aunque se aceptara el argumento de Charamsa de que “el porcentaje de homosexualidad en la Iglesia es más alto que en la sociedad”.

Este tipo de mensajes mezclan varias cuestiones y no dan respuesta a ninguna: ¿significa esto que el sacerdocio es refugio de personas con tendencias homosexuales? ¿O que dichas tendencias aparecen por la vida «antinatural» de un celibatario sin sexo? ¿Y en qué sentido la Iglesia es «hipócrita»? ¿No serán más bien hipócritas las personas consagradas que llevan una doble vida, y que se defienden con el ventilador cuando son descubiertas?

¿Sacerdotes homosexuales? Claro que hay, no es un fenómeno nuevo. Y la promesa del celibato es igual para todos, como la de la fidelidad para el que se casa. El celibato puede ser visto de dos formas: o bien desde un punto de vista humano, como algo antinatural, o bien con un punto de vista de fe, como algo sobrenatural. Al sacerdote que viva su celibato como algo antinatural, habrá más bien que preguntarle cómo va su vida de fe, si encuentra auxilio cuando se siente débil y solo, y, en casos graves, cómo se llevó a cabo el discernimiento vocacional sobre esta persona antes de su ordenación o consagración (efectivamente, este sí es un caso en el que la Iglesia podría tener que hacer muchos «mea culpa»).

Y ¿qué hace la Iglesia con los sacerdotes homosexuales?

Los seminarios y los noviciados de todo el mundo tienen que tomar muy en serio la cuestión del discernimiento vocacional y la formación de la madurez afectivo-sexual de los candidatos al sacerdocio. Es verdad que se está mejorando, pero aún queda mucho camino por recorrer.

¿Qué pasa con los ya ordenados que de repente «salen del armario»? “La Iglesia trata de responder con la ayuda y con la comprensión -explica a Aleteia Ignasi Navarri, vicario general y rector de seminario-, mostrando el camino del Evangelio y las exigencias propias de su vocación y ministerio”.

El responsable del clero o el obispo conversa con la persona y si lo ve necesario lo dirige a un experto, por ejemplo un psicólogo. En diócesis grandes como la de Roma existen servicios especializados organizados.

“Para que uno pueda ser ayudado debe dejarse ayudar”, explica Navarri, que añade que en realidad no se dan tantos casos de sacerdotes homosexuales como lo que se dice en algunos medios de comunicación.

Además, en los últimos años se ha incrementado la formación afectivo-sexual en los seminarios porque, explica Navarri, “hoy casi todo tiene una connotación sexual implícita o explícita y se hace más difícil vivir la castidad, el celibato y la virginidad; la misma homosexualidad me atrevería a decir que es una moda”.

Hace unos días, uno de los antiguos alumnos de Charamsa, el sacerdote Antoine Roland-Gosselin, respondía a su antiguo profesor en su blog que “decir que el clero es en gran parte homosexual y homófobo, retratando a sus hermanos sacerdotes como personas frustradas y heridas por una ley de la Iglesia aparentemente inicua, es falso, profundamente injusto”.

“Tenemos derecho a pedirle que no escandalice a todos los que nutren confianza hacia los sacerdotes –escribió dolido-, que no dañe el sacerdocio que tenemos en común y que no difunda el veneno de la duda y la sospecha que recaerá sobre todos sus hermanos”. Parece que Charamsa no le hizo mucho caso….

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