Aleteia

The Martian: Una mezcla de «Náugrafo» y «Apolo XIII» con un toque de humor

© 2015 TWENTIETH CENTURY FOX FILM CORPORATION
Matt Damon portrays an astronaut who faces seemingly insurmountable odds as he tries to find a way to subsist on a hostile planet.
Comparte

No será, previsiblemente, la película que inmortalice a Ridley Scott

Por partes: esta película es de ciencia, de ficción, y de ciencia ficción

De ciencia ficción porque es una situación imaginaria futurible: hemos llegado a Marte. Hay un equipo de astronautas altamente preparados y con muy buen rollo entre ellos. Hay un imprevisto y en su huida precipitada del planeta rojo dan por muerto a un integrante que, realmente, no lo está.

De ciencia: el susodicho accidentalmente abandonando, al caso Matt Damon, tiene dos recursos. Por un lado, las parcas instalaciones y recursos que han dejado en su huida, por otro, sus conocimientos científicos. De hecho, casi todos los debates y opiniones que han circulado alrededor de la película, y del libro en el que se inspira, son si esa acción tiene sentido científico, si tal cosa podría ocurrir en Marte, si tal escena es científicamente posible, verosímil o inventada.

De ficción: porque ya en la escena final (casi sin comentarios) la posibilidad de lo imposible se trueca un pelín demasiado ficcional. Evitamos comentarios para que cada uno juzgue.

Y sin embustes: estamos ante una buena y entretenida película del género de “me han dejado solo, tengo que sobrevivir por mis propios medios”. Dos horas y media que se pasan rápido, con una fotografía cuidada, unos actores decentes, y un guión de pasarlo bien. Merece la pena. Pero sin más, que ya es mucho.

Sin embargo, hay tres ideas que hay que desterrar sobre la película. Una es, como se ha llegado a decir, que es “la mejor película” del director Ridley Scott desde hace años. Mentira: Gladiator (2000) Red de mentiras (2008) o Prometheus (2012) son mejores películas, con más enjundia y potencial cinematográficamente hablando: molan mucho más y de ellas se hablarán más por los siglos de los siglos.

La segunda es sobre el “rollo científico”, es decir, sobre lo que se puede y no se puede hacer en Marte. De hecho, la película pasa por una especie de alegato en el que el conocimiento científico es lo que le permite al protagonista sobrevivir e ingeniárselas. Desconozco el libro (un best seller electrónico donde este tema fue muy comentado por sus fans en la web), pero en la película me parece un poco exagerado mantener esa tesis porque a un tipo se le ocurre plantar patatas cortándolas y usar de fertilizante desechos humanos; vaya, que eso lo sabe un agricultor de mi pueblo.

Y, por último, comparar la película y a su protagonista como una especie de MacGyver no es del todo afortunado. Seguramente alguien haría esa comparación, y todos los medios de comunicación la han repetido.

No se equivoquen, la película es la mezcla perfecta y muy bien hecha de un “Náufrago” más “Apolo XIII”, no de un agente especial que hace artilugios con un destornillador y cinta americana. La de Náufragos porque es un “estoy solo, tengo que apañármelas con lo que tengo hasta que vengan a por mí… y si vienen”, es decir, a ver qué tengo y a ver qué consigo. Y Apolo XIII, porque, como se pueden imaginar, paralela a la historia de Matt Damon sobreviviendo en Marte, está la historia de la NASA sobre cómo van a hacer para rescatarlo y traerlo de vuelta.

¿Qué añade pues esta película? Primero que hacer una película de dos horas y media y pegarte al sillón eso no lo hace cualquiera, y aquí Ridley Scott ha sacado todas sus armas de artesano del cine (no tanto artista) para ofrecer una buena película. Segundo, la película, aún siendo el tema que es, no es nada claustrofóbica, sino al contrario: está llena de puntos cómicos. Matt Damon vuelve a actuar (un poco, sólo un poco) y no tanto a pegar tiros a lo Bourne (que tampoco lo hace nada mal, la verdad), y aprovecha el guión para hacer toques sarcásticos que harán cuanto menos sonreír al espectador.

La tónica de la película es un buen rollismo generalizado que, la verdad, se agradece y es su mejor acierto y su mayor novedad: nada fácil hacerlo. La gracia final está en la canción que acompaña a los títulos de crédito, aquí la tienen: “jejeje”.

Por último, decir que Scott está siendo en los últimos años un director de contrastes, tras una película encantadora filma luego una película dura. Parece que ha querido crear una película de ciencia ficción amable y lo ha hecho bien, pero ahora, en los próximos años, nos van a llegar otras dos de ciencia ficción mucho más potentes: Prometheus 2, y la muy esperada “Blade Runner 2”. Por favor, señor Scott, no la pifie con Blade Runner como Spielberg hizo con Indiana Jones, no lo soportaríamos.

 

 

Newsletter
Recibe gratis Aleteia.