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“Hitman, agente 47”, la codicia por tener al mejor en lo peor

20th Century Fox
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Calificación por edades: no recomendada a menores de 13 años

El origen del mundo del videojuego de un personaje tan cinematográficamente atractivo como el asesino a sueldo genéticamente modificado mantiene ciertas deudas insoslayables en una película que no oculta su vocación palomitera. Pero a pesar de ello podemos, si queremos, profundizar un poco en la cuestión que se nos presente en pantalla.

El videojuego original planteaba un personaje (asumido por el jugador) tan implacable como infalible, nadie en todo el planeta goza de mejores condiciones para arrebatar la vida a quien supuestamente representa una amenaza para la organización que ha conseguido alterar su genética a fin de conseguir el asesino perfecto. Tan perfecto que hasta su cabeza afeitada al cero, su percha impecablemente resaltada con vestimenta de chaqueta y corbata siempre impolutos y sus ademanes pacíficos (hasta que llega el momento de entrar en acción) son envidiables.

Por supuesto si estuviésemos en el mundo real resultaría llamativo ese aspecto (especialmente el tatuaje del código de barras en la nuca) y aunque expeditivo y fiable el supuesto asesino perfecto sería fácilmente identificado con lo que el elemento sorpresa quedaría arruinado para siguientes misiones. Pero estamos hablando de un videojuego y de la segunda adaptación al cine del mismo (hubo otro “Hitman” encarnado acertadamente por Timoty Olyphant y dirigido por Xavier Gens en 2007). En esta ocasión (no es ni secuela ni remake, simplemente se nos vuelve a contar otra historia con el mismo personaje y en la misma metarrealidad) continúa la apuesta por la acción solventemente dirigida por Aleksander Bach, con algún elemento de thriller y hasta de intriga de espías, a cuenta del elemento que mencionábamos en el título de está crónica sobre el film.

Y es que si la medida del héroe la da su némesis, su oponente, el villano de la función, aquí cumple sobradamente el actor Zachary Quinto (fue Silas en la serie “Heroes” y es el señor Spock en la nueva saga cinematográfica “Star Trek”), a quien su particular físico y su contenida interpretación permiten plantear un malo malísimo que quiere lo que todo malo malísimo querría: disponer del secreto que permite convertir a un ser humano en el asesino pluscuamperfecto.

De ahí que en “Hitman: agente 47” no importe tanto acabar con el prota como arrebatarle su secreto. Imaginemos lo que harían los malos con la posibilidad de poder crear no un asesino perfecto sino un ejército de ellos.

De todos los males que puede causar el ser humano es precisamente el de arrebatar la vida ajena el más irreparable. De un robo, una agresión, una violación… puede la víctima llegar a recuperarse o incluso en caso de no hacerlo por lo menos continúa en este mundo. Pero el asesinato es por definición irreversible en su efecto más inmediato. Posiblemente haya quedado banalizado en tantos siglos de relatos orales, representaciones pictóricas y escultóricas, literatura y producciones cinematográficas y televisivas… hasta perder quizá ese valor supremo que debería tener. Hablamos siempre de representaciones artísticas, en muchas ocasiones reflejo de sucesos y acontecimientos históricos pero masivamente (en el caso de literatura, cine y televisión, para qué hablar de los videojuegos) creaciones alejadas de la realidad y sumidas en el reino de la imaginación y la fantasía.

Mucho se ha criticado (se critica y se criticará) a novelas, películas y videojuegos casi apologéticos de la violencia, y “Hitman: agente 47” no andaría muy lejos de soportar esas críticas por su sumisión a la violencia y la muerte, pero mientras todo quede en una mera representación y en caso de querer emular al protagonista de la historia baste con colocarse ante la pantalla del ordenador o conectar la consola al televisor y revivir digital y virtualmente esa violencia todo seguirá quedando en el reino de la fantasía. Cualquier alternativa podría entonces ser válida con tal de que la muerte quede confinada a una realidad intangible.

Y dentro de esas realidades intangibles ricamente decoradas con violencia gratuita y hasta con cierta gracia estética (diremos que todo empezó con Peckimpah) al menos “Hitman: agente 47” no pasa de ser un mero entretenimiento, un festival de ensalzamiento de la acción y jamás llega a una provocación capaz de traspasar la pantalla. Es lo bueno de adaptar un videojuego (como lo fue adaptar un cómic como “300”): el exceso deja claro que nos hemos alejado de la realidad.

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