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Lejos de los hombres: Tan lejos, tan cerca…

Pathé
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La extraordinaria vida de un hombre corriente, contada de forma magistral

NO RECOMENDADA PARA MENORES DE 17 AÑOS – Imágenes de alto contenido violento o sexual

Merecedora del premio SIGNIS (Asociación Católica Mundial para la Comunicación) en el Festival de Venecia del año 2014, Lejos de los hombres nos cuenta la historia de Daru (Viggo Mortensen), un profesor que imparte clase en una remota escuela en mitad de la nada en medio del desierto de Argelia. Estamos en 1954 y la guerra por la independencia del país del vulgo francés ha convertido la región en una lenta pero continua combustión de vidas humanas sesgadas por la diferencia.

Daru, como francés, al menos teóricamente, recibe la orden de llevar a un prisionero árabe para que sea juzgado y seguramente ejecutado. Sin embargo Daru no es un hombre corriente, ama la vida del hombre sobre todas las cosas. En un primer momento Daru acepta a regañadientes que Mohamed (Reda Kateb) pase una noche en su casa pero después, convencido de que si lo deja marchar solo es hombre muerto, decide acompañarlo.

El camino que viaje que comparten Daru y Mohamed se convierte poco a poco en una inesperada amistad no obstante, esto no es lo importante. Lo significativo de este viaje será el goteo de información que vamos conociendo sobre Daru que nos ayudará a entender mejor sus acciones y reacciones. En un momento de Lejos de los hombres, Daru, hijo de padres andaluces pero nacido en Argelia dice, “cuando llegué me tomaron por árabe y ahora me toman por francés”. Es toda una declaración de principios porque no se considera ni una cosa ni otra, él es solo un hombre, un hombre vivo.

Lejos de los hombres es el retrato de un hombre admirable y valiente. Se santigua antes de comer pero también lanza la sal sobre su hombro izquierdo. Católico y honesto, las circunstancias le obligan a dormir con un arma bajo la almohada y cuando se ve en la obligación de matar a un hombre, se maldice una y mil veces.

La película del director francés David Oelhoffen es una pequeña joya. Quizá demasiado contenida, su ritmo pausado y su estilo seco, casi árido, convierten a Lejos de los hombres es una pequeña joya con reminiscencias al western. Aunque al final sea una película optimista que mira a Dios como la única respuesta a nuestras plegarias y que ensalza la vida del ser humano por encima de todo, Lejos de los hombres no es un film maniqueo. Mantiene las distancias y no juzga las acciones de los personajes a los que deja actuar libremente con sorprendentes resultados limitándose a mostrar para que seamos nosotros quienes tomemos una postura y otra.

Lejos de los hombres es una película hermosa y emotiva. No engaña a nadie y es honesta como pocos títulos que hayamos podido ver recientemente. Pese a su título, Lejos de los hombres es un film que nos habla precisamente de eso, de las virtudes de algunos hombres en un contexto de guerra y barbarie. Muy recomendable.

 

 

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