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Blasfemar, ¿por qué ofende? ¿por qué es ilegal?

AFP PHOTO/THOMAS SAMSO

<span>FRANCE, Paris : A member of Ukrainian feminist group Femen stands at the altar of the Madeleine church in Paris in a protest against the Catholic Church&#039;s stance on abortion on December 20, 2013.</span><br /> <span>AFP PHOTO/THOMAS SAMSON</span>

Ignacio Centenera Crespo - publicado el 29/06/15

Con nuestros actos, no podemos dañar, por ejemplo, el honor o la imagen de una persona

Escribo este artículo a propósito de uno anteriormente escrito por Lara Alcázar, fundadora de FEMEN en España, en un medio electrónico en el que justifica el acto de blasfemia como una actividad amparada dentro del ámbito de la libertad de expresión, no sin antes apelar de forma sesgada a un pasaje del Evangelio de san Lucas (“no juzguéis y no seréis juzgados”).

Partiendo de la propia definición que realiza la máxima normativa española, la libertad de expresión supone el derecho a “expresar y difundir libremente los pensamientos, ideas y opiniones mediante la palabra, el escrito, o cualquier otro medio de reproducción” además del derecho “a comunicar y recibir libremente información veraz por cualquier medio de difusión”.

Al interpretar el sentido y alcance de esta norma, el Tribunal Constitucional en la Sentencia 104/1986, de 17 de julio, estableció que el art. 20 de la Constitución ·significa el reconocimiento y la garantía de una institución política fundamental, que es la opinión pública libre, indisolublemente ligada con el pluralismo político, que es un valor fundamental y un requisito del funcionamiento del Estado democrático·.

Como se ve, quedan sentadas unas bases que implican no solo un derecho reconocido a cualquier ciudadano, sino además unos límites.

Así, encontramos que con nuestros actos, no podemos dañar, por ejemplo, el honor o la imagen de una persona física o jurídica, por considerarse también una vulneración de un derecho fundamental, ni realizar publicidad engañosa por parte de las empresas, que impliquen un acto de confusión y engaño para el consumidor, incitar al odio o a la violencia, despreciar la verdad mediante la injuria,… son actos que se hacen necesarios delimitar, pues de lo contrario el principio básico de la democracia quedaría en entredicho.

En este sentido, debemos apreciar si un acto de blasfemia -como el perpetrado por el grupo FEMEN hace poco más de un año cuando dos mujeres se encadenaron al crucifijo del altar mayor de la catedral de Madrid para reivindicar el derecho al aborto- implica un acto malentendido de libertad de expresión.

La blasfemia (del griego blaptein, "injuriar", y pheme, "reputación") se define como una palabra, actitud u omisión injuriosa contra Dios, la Virgen y los santos, extendiéndose dicha definición a cualquier persona. Es decir, la blasfemia implica un acto contrario al derecho a la libertad religiosa.

No obstante, ninguna normativa, nacional o europea, reconoce la obligatoriedad de respetar unas creencias religiosas, si bien habrá que distinguir entre aquellas expresiones que atacan directamente y con afán ofensivo a la religión bajo una premisa reivindicativa (en cuyo caso se atenta contra la libertad religiosa) de aquellas otras que se dirigen a un determinado grupo o sector religioso.

Esta distinción es pura y lógica. En esencia, lo que se viene a decir es que la expresión “respeto tu opinión” no es correcta y veraz a los ojos de la moral y el derecho positivo. No es posible afirmar que respeto la opinión de alguien cuando va en contra de mis principios, si bien mi libertad de expresión confronta y encuentra su límite en el respeto a la otra persona. Es decir, “no respeto tu opinión, pero sí a ti como persona”.

El acto de blasfemia llevado a cabo en la catedral de la Almudena de Madrid por el grupo FEMEN cae de lleno en el primer concepto de blasfemia antes definido, pues supone un ataque claro y directo a la libertad religiosa.

Ello no implica realizar un ataque a su libertad de expresión, pues tiene múltiples formas de defender su opinión sin atentar contra unas creencias (distintas de opiniones).

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Tags:
libertad religiosa
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