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Dejó el Islam para seguir a Cristo

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AICA - publicado el 04/06/15

Joseph Fadelle, un testimonio que te hace valorar la libertad religiosa que tienes

“No perder la esperanza”. Este es el sincero consejo de Joseph Fadelle, un hombre que observa con desesperación y dolor cómo millones de cristianos son masacrados en Oriente Medio por el extremismo de Estado Islámico. Pero hay algo único en él: su nombre no siempre fue Joseph. Y su razón de vivir no siempre fue Cristo.

Joseph Fadelle nació como Mohammed al-Moussaoui. Su familia, descendiente directa del profeta Mahoma, era una de las más reconocidas entre los chiitas de Irak. Él había sido elegido nada menos que para heredar a su padre a la cabeza del clan.

Pero un encuentro casi casual con Massoud, un cristiano con el que se ve obligado a compartir habitación durante su breve paso por el servicio militar en 1987, cambió completamente los planes que todos, incluso él mismo, tenían para su vida.

De pronto, el Corán deja de tener sentido para él. Y las ansias por aquel “pan de vida” que Cristo le presenta en sueños se vuelven insaciables.

Hoy, 28 años después, Mohammed vive como Joseph en Francia. Su libro, El precio a pagar -publicado por primera vez en 2010-, cuenta la desgarradora e increíble historia de un hombre que enfrentó a toda su familia por amor a Cristo. Las escenas que relatan el sufrimiento que debió padecer por defender su conversión conmueven hasta las lágrimas, incluso a quienes se sienten fuertes en su fe.

Joseph Fadelle estuvo dos días en Buenos Aires. A su visita a los colegios San Juan el Precursor, de San Isidro, y Monseñor Dillon, del barrio porteño de Caballito, asistieron alumnos y profesores de más de 30 instituciones educatitvas. Fadelle también compartió su experiencia en el colegio OakHill con gente de todas las edades.

Miguel del Castillo, organizador del viaje de Fadelle, contó: “Elegimos a los jóvenes como principales destinatarios de esta experiencia porque es muy importante transmitirles el valor de defender lo que uno cree al extremo. En una cultura donde no estamos dispuestos a arriesgar la comodidad de lo seguro, aparece un hombre contemporáneo que llevó sus convicciones más allá de lo imaginable”.

Una buena elección, ya que todos, adultos y estudiantes, parecían estar poniendo a prueba su propia fe mientras escuchaban admirados a Joseph.

“Tu enfermedad se llama Cristo y no tiene remedio”

Esas palabras, increíblemente, salieron de boca de un musulmán. Realmente es así como Joseph siente que Cristo entró a su vida. Lo enamoró de pronto y ya no hubo vuelta atrás.

“Mis propios hermanos intentaron matarme. Mi tío, mientras me apuntaba con un arma, fue quien pronunció estas palabras que quedaron grabadas en mi corazón. Yo ya los he perdonado. Rezo para que algún día puedan conocer a Cristo. Sé que ellos no me han perdonado a mí, porque así lo ordena el Corán. Pero si tengo que morir por defender mi amor por Cristo, estaré más que feliz”, confesó emocionado Fadelle antes de entrar a su última presentación.

Sobre Fadelle pesa una fatwa, pronunciamiento legal del Islam que dicta su sentencia a muerte. “Por eso no podré volver nunca más a mi país –explicó-. La fatwa no tiene fecha de caducidad. Y también soy consciente de que mi vida corre peligro en donde sea que esté”.

No se puede sentir más que admiración ante su reacción: alegría. Joseph vivió con infinita alegría y confianza en Cristo su conversión, a pesar del sufrimiento que debió padecer, tanto físico como espiritual. Y vive de la misma manera su realidad de hoy. Su rostro transmite paz.

La compleja aventura de optar por Cristo hoy

Eduardo Cazenave, rector general del colegio San Juan el Precursor, compartió un pensamiento cuestionador: “Uno tiende a creer que lo que uno vive es lo normal. Que la tolerancia que tenemos en nuestro país con respecto a temas religiosos es la que hay en todo el mundo. Que poder tener cerca tu iglesia es lo común. De repente, un testimonio como el de Joseph te hace valorar lo que tenés”.


“La mayoría de los alumnos que concurrieron a la conferencia nacieron y se criaron en un ambiente mayoritariamente católico y quedaron muy impresionados ante la perspectiva de tener que superar tantas dificultades para poder encontrarse con su fe y sus creencias”, agregó John Michel, director general del colegio Monseñor Dillon.

Adrián Guerra, director del colegio Oak Hill, también resumió esta experiencia acordando en que “los ejemplos de vida son los que dejan huellas en el corazón de quien los sabe aprehender”.

Valentina, Bernardita, Francisco, Dolores, Belisario, Segundo, Andrea. Ellos son alumnos del Oak Hill y jóvenes como millones hay en el mundo. Para recibir a Joseph leyeron su libro y se prepararon en las cátedras de Historia, Geografía, Instrucción Cívica y Formación Religiosa.

Y aun con tanta preparación, quedaron impactados ante la posibilidad de verse en la encrucijada de tener que elegir entre la comodidad, buena posición y amor de una familia o el amor de Cristo. Varios dudaron sobre si estarían dispuestos a pasar por lo que pasó Joseph.

Pero todos coinciden en que Dios nos amó primero y que la elección está más en la cotidianeidad de lo que creemos. No salían de su asombro al percibir la Providencia de Dios en la manera en que Joseph encontró a Cristo sin proponérselo.

Seguir a Cristo hoy es todo un desafío. El ejemplo de Joseph Fadelle da esperanza a los cristianos y los alienta a acercarse a sus hermanos que sufren en Siria, Irak y muchos otros países. Y aunque a ellos hoy Cristo les pide una entrega más radical, también el papa Francisco invita a los cristianos a “no ser cómplices con su silencio” y a unirse en la oración a la distancia.

Por María Rosario Savini
Artículo originalmente publicado por AICA

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