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Gente Solidaria – Mamadou Dia

Aleteia Team - publicado el 30/05/15

"Para mí pisar la tierra es fundamental"

Mamadou Dia (Senegal, 1984) es escritor, ha vivido siete años en España y hoy dirige Ha Ha Tay, son risas de Gandiol, una organización que trabaja por el desarrollo sostenible de su pueblo natal.

Háblame de Ha Ha Tay.

Es una palabra en lengua wolof que significa carcajada. Junto a una cooperativa de mujeres hemos abierto nuestro segundo gallinero y apoyamos a un grupo que trabaja en la transformación del pescado. También ayudamos en la educación de 30 niños. En navidad y verano organizamos un campo de trabajo con voluntarios españoles y senegaleses, y hemos empezado a construir un aula de educación infantil con botellas de plástico.

El proyecto nació de un libro que escribiste en España.

Antes de viajar en cayuco, prometí a unos amigos que si cruzaba el Atlántico iba a escribir un libro para contarles cómo fue. Tuve la suerte de llegar y me puse a escribir. Después de la publicación de “3052”, que tuvo muy buena acogida, creé la organización.

Me gustaría que me contaras algo de tu pueblo.

Gandiol es un pueblo muy bonito, que está rodeado por el río y por el mar. Un pueblo casi solo de mujeres. La actividad tradicional de los hombres de Gandiol era la pesca, pero el acceso del río al mar era un punto muy peligroso y muchos pescadores se fueron hacia el sur de Senegal. Ahora es un pueblo donde hay mucha necesidad. Y muchos niños.

¿Por qué te marchaste?

Vivía con mis hermanos mayores, que habían terminado la carrera y no conseguían trabajo. El paro juvenil en Senegal crecía todos los días. Era una  época muy dura para mi familia, que coincidía con la separación de mis padres y con la crisis de la economía marítima. Mi madre no podía seguir pagándome los estudios de trabajo social y yo tampoco quería seguir estudiando para tener que guardar el título. Por otra parte la televisión y la literatura te enseñaban la cara más bonita de Europa.

Y decidiste viajar.

Fui dos veces a la embajada de Francia para pedir el visado. Me lo denegaron sin explicación ninguna, igual que hacen con miles y miles de africanos. Al final me metí en uno de esos cayucos que injustamente aquí llaman de mafiosos.  Los verdaderos mafiosos son los que limpiaron el fondo marítimo senegalés y causaron la crisis económica, no los perjudicados que intentar rescatar su vida poniéndose a prueba para cruzar el Atlántico.
En tu libro 3052 cuentas que al llegar te llamó la atención tanta calle asfaltada.

Creo que nos pasa a todos los africanos. Yo hasta el sexto mes de estar aquí no volví a pisar arena, y para mí pisar la tierra es fundamental. La gente aquí no está conectada con la tierra. No la tratamos bien, porque no sentimos la relación que tenemos con ella. Cuesta entender que los africanos sonrían cuando tienen tantos problemas. Luchan para conseguir superarlos, pero si no lo logran al menos reciben este amor y esta relación con la naturaleza.
Dices que Europa es consumo.

Es una carrera. Asistimos al mundo de los móviles con número. Ha salido el cinco, te pones a ahorrar para conseguirlo y llegas tarde porque ha salido el seis. La cantidad de basura que producimos es brutal. Para el desarrollo necesitamos la tecnología, pero antes necesitamos un desarrollo humano.

Algo habrás encontrado aquí que sí te gusta.

Me gusta mucho el concepto de trabajo. Aquí a nadie se le regala nada. La vida individualista que hay no me gusta, prefiero la vida comunitaria de mi tierra. Pero muchas veces eso hace que si eres vago puedas serlo para toda tu vida, porque siempre tendrás un plato para comer y alguien que te ayude.

Cuando te separaste de tu familia, ¿cómo superabas la añoranza?

A mí siempre me ha encantado escribir. Por la noche, antes de dormir, cuando no podía contarle a mi madre las cosas que me habían pasado durante el día, cogía mi cuaderno. Me aliviaba mucho escribir situaciones duras. Era como si se lo estuviera contando a ella. Escribir ha sido durante mucho tiempo el cariño de mi madre.

Artículo originalmente publicado por Mundo Negro

Tags:
solidaridad
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