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Papa Francisco: la unidad de los cristianos no se hace con pegamento, sino con la gracia

© Antoine Mekary / Aleteia
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Homilía hoy en Casa Santa Marta

Sus “llagas” son “el precio” que Jesús pagó para que la Iglesia estuviera unida para siempre a Él y a Dios. Los cristianos de hoy están llamados a pedir la gracia de la unidad y a luchar para que entre ellos no se insinúe el “espíritu de división, de guerra, de celos”. Esta es la reflexión del Papa Francisco en la Misa matutina en Casa Santa Marta.
 
“La gran oración de Jesús”: que la Iglesia esté unida, que los cristianos “sean una cosa sola”, como Jesús lo es con su Padre. Y junto a “la gran tentación”: no ceder al otro “padre”, el de la “mentira” y de la “división”. El Papa Francisco se inmerge en la atmósfera del Cenáculo y en la densidad de las palabras que Cristo pronuncia y confía a los Apóstoles antes de entregarse a la Pasión, propuesta de la liturgia.
 
Es consolador, observa Francisco, oír a Jesús decir al Padre que no quiere rezar sólo por sus discípulos sino también por los que creerán en Él “mediante su palabra”. Una frase escuchada muchas veces, para la que el Papa pide un suplemento de atención.
 
“Quizás, nosotros no estamos bastante atentos a estas palabras: ¡Jesús rezó por mi! Esto es precisamente fuente de confianza: Él reza por mi, rezó por mi… Imagino – pero es una figura – como está Jesús ante el Padre, en el Cielo. Es así: reza por nosotros, reza por mi. ¿Y qué ve el Padre? Las llagas, el precio. El precio que pagó por nosotros. Jesús reza por mi con sus llagas, con su corazón llagado, y seguirá haciéndolo.
 
Jesús reza “por la unidad de su pueblo, por la Iglesia”. Pero Jesús “sabe – afirma Francisco – que el espíritu del mundo” es “un espíritu de división, de guerra, de envidias, de celos, también en las familias, también en las familias religiosas, también en las diócesis, también en toda la Iglesia: es la gran tentación”. Esa que lleva, dice, a las murmuraciones, a etiquetar, a marcar a las personas. Todas estas actitudes que la oración de Jesús pide rechazar.
 
“Debemos ser uno, una sola cosa, como Jesús y el Padre son una sola cosa. Este es precisamente el desafío de todos los cristianos: no dar lugar a la división entre nosotros, no dejar que el espíritu de división, el padre de la mentira entre en nosotros. Buscar siempre la unidad. Cada uno es como es, pero intenta vivir la unidad. ¿Jesús te ha perdonado? Perdona a todos. Jesús reza para que nosotros seamos uno, una sola cosa. Y la Iglesia necesita mucho esta oración de unidad”.
 
No existe, bromea Francisco, una Iglesia que se mantiene unida con “pegamento”, porque la unidad que pide Jesús  “es una gracia de Dios” es “una lucha” en la tierra. “Debemos dejar espacio al Espíritu – concluye Francisco – para que nos transforme como el Padre está en el Hijo, una sola cosa”.
 
“El otro consejo que Jesús dio en estos días de despedida es permanecer en Él: ‘Permaneced en mi’. Y pide esta gracia, que todos nosotros permanezcamos en Él. Y aquí nos indica por qué, lo dice claramente: ‘Padre, quiero que los que me has dado, también estén donde estoy yo’. Es decir, que estos permanezcan allí, conmigo. Permanecer en Jesús, en este mundo, acaba en permanecer con Él ‘para que contemplen mi gloria’”.
 
 
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