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​¿Una tablet puede sustituir al Misal?

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Los límites de las nuevas tecnologías en la misa

La liturgia, si se estudia y se vive bien, no es un conjunto de ritos anticuados, no es un protocolo sagrado, no es un código de normas, como tampoco es oración mental o pura contemplación, sino algo con sentido y perfume espiritual. Es, ante todo, acción: la acción sagrada por excelencia, la acción sin igual de la Iglesia, el ejercicio de la obra de nuestra redención.

Esta acción la expresa la liturgia con sus ideas, con su lenguaje, con sus gestos; en una palabra, con los signos sagrados que emplea desde siempre y de los que no se debe prescindir.

Los signos sagrados se dividen en 3 y son: elementos materiales, elementos naturales y humanos, y elementos literarios y artísticos.

1. Dentro de los elementos materiales tenemos: los lugares sagrados (templos y lugares anexos al templo), accesorios del templo y utensillos del culto.

2. Dentro de los elementos naturales tenemos: la luz, el fuego, el agua, el aceite, el bálsamo, la cera, el pan, el vino, la sal, la ceniza, el incienso; dentro de los elementos humanos tenemos: actitudes o posiciones del cuerpo y los gestos (cruces, besos, soplos, imposición de manos, etc.).

3. Dentro de los elementos literarios y artísticos tenemos: los libros sagrados, vestiduras y ornamentos sagrados.

Existe un documento donde la Iglesia católica establece qué debe hacerse y qué no a la hora de celebrar una Eucaristía. Se trata del Redemptionis Sacramentum, un escrito que señala cómo se debe celebrar, cómo debe ser el pan para la eucaristía, cómo debe ser el vino, entre otras instrucciones.

En cuanto a las lecturas bíblicas y oraciones, remarca que deben seguir las normas litúrgicas. Evidentemente los libros litúrgicos, como las sagradas escrituras, son insustituibles en una misa. El libro sagrado no se puede sustituir por ningún dispositivo electrónico; la liturgia no admite la ficción, lo volátil, lo artificial; exige siempre la verdad, en lo que se dice y en lo que se hace.

La liturgia debe ser protegida de los abusos, y sería un grave abuso usar expresamente estos aparatos electrónicos sólo por una relativa comodidad, por estar a la moda o para congraciarse, por ejemplo, con los jóvenes.

“No es extraño que los abusos tengan su origen en un falso concepto de libertad. Pero Dios nos ha concedido, en Cristo, no una falsa libertad para hacer lo que queramos, sino la libertad para que podamos realizar lo que es digno y justo. Esto es válido no sólo para los preceptos que provienen directamente de Dios, sino también, según la valoración conveniente de cada norma, para las leyes promulgadas por la Iglesia. Por ello, todos deben ajustarse a las disposiciones establecidas por la legítima autoridad eclesiástica” (Redemptionis Sacramentum,7).

El Misal Romano es uno de los libros litúrgicos y consta a su vez de dos libros: el Misal, que es el libro del altar o de las oraciones, y el Leccionario, el Ordo Lectionum Missae (OLM).

Ahora bien, el leccionario usado en la celebración litúrgica debe ser un libro digno y decoroso que manifieste, en su misma apariencia, el respeto que su contenido, la palabra de Dios, merece por parte de la comunidad cristiana (OLM, 35-37).

Por libro litúrgico, en sentido estricto, entendemos un libro que sirve para una celebración litúrgica y está escrito con vistas a ella. El libro sagrado o litúrgico es un elemento de la celebración, y a él también se le respeta e incluso se le venera. Por eso se rodea de signos de aprecio: el que proclama el evangelio besa el libro, que antes se puede llevar en procesión al inicio de la misa e incensar en días festivos.

Con respecto a la liturgia de la palabra y más concretamente hablando a la lectura del Evangelio, la Iglesia dice que “la lectura del Evangelio constituye la cumbre de la Liturgia de la Palabra.

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