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¿En qué condiciones es válido el bautismo fuera de la Iglesia católica?

Jeffrey Bruno
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La comprensión del bautismo es clave en el diálogo ecuménico

El bautismo es un sacramento instituido por Cristo por el cual la persona renace espiritualmente mediante la ablución con agua y la invocación de las tres divinas personas. Este sacramento está en la base del movimiento ecuménico, ya que por él nos hacemos cristianos.

Para la Iglesia Católica Romana, por movimiento ecuménico “se entiende las actividades e iniciativas que, según las varias necesidades de la Iglesia y las características de la época se suscitan y se ordenan a favorecer la unidad de los cristianos”[1].

El movimiento ecuménico busca la unidad de los cristianos en torno a la doctrina, sacramentos y ministerio. Recordemos que Jesús, el Cristo, quería una sola Iglesia, y la unidad de los creyentes es condición para que el mundo crea que Él es el Mesías[2].

Iglesia y sacramentos 

La Constitución sobre la Liturgia del Concilio Vaticano II afirma: “Los sacramentos están ordenados a la santificación de los hombres, a la edificación del Cuerpo de Cristo y, en definitiva a dar culto a Dios: pero en cuanto signos, también tienen un fin pedagógico. No sólo suponen la fe, sino que a la vez la alimentan, la robustecen y la expresan por medio de palabras y cosas; por eso se llaman sacramentos de la fe. Confieren ciertamente la gracia, pero también su celebración prepara perfectamente a los fieles para recibir con fruto la misma, rendir culto a Dios y practicar la caridad”[3].

Existe una estrecha relación entre la Iglesia y los sacramentos, ya que son también actos de la Iglesia, y fuera de ella no hay sacramentos.

El Directorio Ecuménico del año 1967 reafirmaba lo anterior, diciendo: “La celebración de los sacramentos es la acción de la comunidad celebrante, que se realiza en la comunidad como tal, y que manifiesta su unidad en la fe, en el culto y en la vida”[4].

El bautismo afecta a la misma salvación. Es la manera ordinaria de incorporarse a Cristo y su Iglesia. Por otra parte es un medio de unión, es un fundamento de comunión entre todos los cristianos[5].

Frente al bautismo de otros cristianos, el Concilio Vaticano II nos dice: “…porque estos, que creen en Cristo y recibieron debidamente el bautismo, están en cierta comunión con la Iglesia católica, aunque no perfecta… justificados en el bautismo por la fe, están incorporados a Cristo y, por tanto, con todo derecho se honran con el nombre de cristianos, y los hijos de la Iglesia católica los reconocen, con razón como hermanos en el Señor”[6].

¿Quiénes son cristianos?  

La fe cristiana del Nuevo Testamento es la buena noticia para Israel y para las naciones[7], de tal forma que en Jesucristo se cumple la promesa sobre el Siervo de Yhavé, que estaba destinado a ser Alianza para Israel y luz para las naciones[8].

Jesús es más que el Mesías de Israel: es el verdadero profeta y mediador de la salvación, ya que es el nuevo Adán, del que habla Pablo[9]. Por eso la Iglesia tiene que proclamar el siguiente mensaje reconciliador: que en Jesús el Cristo se inicia la nueva creación y que el mundo encuentra su unidad, su salvación y su plenitud en Él[10].

En nuestros días, ante la proliferación de grupos que se autodenominan “cristianos”, y gracias a los acuerdos alcanzados por el movimiento ecuménico, encontramos un consenso entre las diferentes Iglesias y confesiones cristianas en considerar los siguientes aspectos doctrinales como requisitos mínimos para que un grupo pueda ser considerado cristiano:

1. Creer que Dios es Uno y Trino, o sea, Padre, Hijo y Espíritu Santo.

2. Aceptar a Jesucristo como la segunda persona de la Trinidad y como Dios y hombre verdadero, que murió y resucitó por nuestra salvación tal como aparece expresado en la Biblia.

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