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Tratado de la Verdadera Devoción a la Santísima Virgen – Capítulo III

© Antoine Mekary

Mercabá - publicado el 04/05/15


1º quita del alma todo escrúpulo y temor servil que pudiera angustiarla, esclavizarla y perturbarla;

2º ensancha el corazón con una santa confianza en Dios, haciendo que lo mire como a su Padre;

3º nos inspira un amor tierno y filial.

170. No me detengo a probar con razones esta verdad. Me contento con referir un hecho histórico que leí en la Vida de la Madre Inés de Jesús, religiosa dominica del convento de Langeac Alvernia, donde murió en olor de santidad en 1634. Contaba apenas siete años y ya padecía grandes congojas espirituales.

Oyó entonces una voz que le dijo: "Si quieres verte libre de todas tus angustias y ser protegida contra todos tus enemigos, hazte cuanto antes esclava de Jesús y de su Sma. Madre". Al regresar a su casa, se apresuró a consagrarse enteramente como esclava a Jesús y María, aunque por entonces no sabía lo que era esta devoción.

Habiendo encontrado después una cadena de hierro, se la puso a la cintura y la llevó hasta la muerte. Hecho esto, cesaron todas sus congojas y escrúpulo y halló tanta paz y amplitud de corazón que se comprometió a enseñar esta devoción a muchos otros, quienes a su vez hicieron con ella grandes progresos. Recordemos entre otros a M. Olier, fundador del Seminario de San Sulpicio, y a muchos sacerdotes y eclesiásticos del mismo seminario.

Se le apareció un día la Sma. Virgen y le puso al cuello una cadena de oro, en prueba del gozo que le había causado al hacerse esclava suya y de su Hijo. Y santa Cecilia que acompañaba a la Sma. Virgen, le dijo: "Dichosos los fieles esclavos de la Reina del cielo, porque gozarán de la verdadera libertad: Servirte a ti, es la libertad".

g. Esta devoción procura grandes ventajas al prójimo.

171. Séptimo motivo. Puede movernos a abrazar esta práctica el considerar los grandes bienes que reporta a nuestro prójimo.

Efectivamente, con ella se ejercita de manera eminente la caridad con el prójimo, porque se le da, por manos de María, lo más precioso y caro que tenemos, que es el valor satisfactorio e impetratorio de todas las buenas obras, sin exceptuar el menor pensamiento bueno ni el más leve sufrimiento. Se acepta que todas las satisfacciones adquiridas hasta ahora y las que se adquieran hasta la muerte, sean empleadas según la voluntad de la Sma. Virgen, en la conversión de los pecadores o la liberación de las almas del Purgatorio.

¿No es esto amar perfectamente al prójimo? ¿No es esto pertenecer al número de los verdaderos discípulos de Jesucristo, cuyo distintivo es la caridad? ¿No es éste el medio de convertir a los pecadores, sin temor a la vanidad, y librar a las almas del Purgatorio, casi sin hacer otra cosa que lo que cada cual está obligado a hacer conforme a su estado?

172. Para comprender la excelencia de este motivo sería indispensable conocer el gran valor que tiene la conversión de un pecador o la liberación de un alma del Purgatorio: bien infinito, mayor que la creación del cielo y de la tierra, pues se da a un alma la posesión de Dios. De suerte que aun cuando por esta devoción no se sacase en toda la vida más que a un alma del Purgatorio o no se convirtiese más que a un solo pecador. ¿no sería esto motivo suficiente para mover a todo hombre caritativo a optar por ella?

Nótose, además, que nuestras buenas obras, al pasar por las manos de María, reciben un aumento de pureza y, por lo mismo, de mérito y valor satisfactorio e impetratorio. Con lo cual se hace mucho más capaces de aliviar a las almas del Purgatorio y convertir a los pecadores, que si no pasaran por las manos virginales y liberales de María. Lo poquito que damos por medio de la Sma. Virgen, sin voluntad propia y por caridad pura y desinteresada, llega a ser realmente poderoso para aplacar la cólera de Dios y atraer su misericordia. De suerte que una persona que haya sido enteramente fiel a esta práctica encontrará en la hora de la muerte, que ha librado a muchas almas del Purgatorio y convertido a muchos pecadores, por medio de esta devoción, aunque sólo haya realizado las obras de su propio estado ¡Qué gozo en el día del juicio! ¡Qué gloria en la eternidad!

h. Esta devoción es un medio maravilloso de perseverancia

173. Octavo motivo. Finalmente, lo que más poderosamente nos induce a abrazar esta devoción a la Sma. Virgen es el reconocer en ella un medio admirable para perseverar en la virtud y ser fieles a Dios ¿Por qué, en efecto, la mayor parte de las conversiones no es permanente? ¿Por qué se recae tan fácilmente en el pecado? ¿Por qué la mayor parte de los justos, en vez de adelantar de virtud en virtud y adquirir nuevas gracias, pierde muchas veces las pocas virtudes y gracias que poseía? Esta desgracia proviene como hemos dicho de que, no obstante estar el hombre tan corrompido y ser tan débil e inconstante, ¡se apoya en sus propias fuerzas y se cree capaz de guardar el tesoro de sus gracias, virtudes y méritos!

Ahora bien, por esta devoción, confiamos a la Virgen fiel todo cuanto poseemos, constituyéndola depositaria universal de todos nuestros bienes, de naturaleza y gracia. Confiamos en su fidelidad, nos apoyamos en su poder y nos fundamos en su misericordia y caridad, para que Ella conserve y aumente nuestras virtudes y méritos, a pesar del demonio, el mundo y la carne, que hacen esfuerzos para arrebatárnoslos. Le decimos como el hijo a su madre y el buen siervo a su señor "¡Guarda el buen depósito!" Madre y Señora, reconozco que por tu intercesión he recibido hasta ahora más gracias de Dios de las que yo merecía. La triste experiencia me enseña que llevo este tesoro en un vaso muy frágil y que soy muy débil y miserable para conservarlo en mí mismo: Yo, pequeño y despreciado como soy.. Recibe, por favor, cuanto posee y consérvamelo con tu fidelidad y tu poder. Si tú me guardas, no perderé nada; si me sostienes, no caeré; si me proteges, estaré seguro ante mis enemigos.

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