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Einstein, el científico que llamaba “fanáticos” a los ateos

© DonkeyHotey

La Nuova Bussola - publicado el 27/04/15


Escribe el físico de la Royal Society y teólogo británico John Charlton Polkinghorne en su libro Creer en Dios en la edad de la ciencia: “Se podría subrayar que la intuición de Agustín sobre cómo Dios habría creado el mundo cum tempore y no in tempore recibió una ratificación teológica quince siglos más tarde, cuando el espacio, el tiempo y la materia se reunieron en la teoría de la relatividad general que los vio nacer junto a la singularidad del Big Bang”.

Analizando brevemente estos conceptos, podríamos hacernos mil preguntas sobre un hombre que marcó tan a fondo el imaginario colectivo. Nos ayudaría conocer al gran genio, en la historia y no en la leyenda o el mito, como sucede a menudo.

Desde el punto de vista humano, de hecho, es difícil decir qué persona fue Einstein: su relación con su mujer, hijos y estudiantes no nos da un retrato siempre ejemplar o simpático. Desde el punto de vista científico cometió sus errores muchas veces, como es normal.

Por ejemplo, en sus discusiones con el amigo Lemaître: se opuso en varias ocasiones a la expansión del universo, y al Big Bang mismo, por prejuicios de naturaleza filosófica. Pero supo también, con gran inteligencia y honradez intelectual, reconocer sus equivocaciones.

En cuanto al Einstein filósofo y “teólogo”, se podrían decir muchas cosas. La primera, sin duda, que Einstein usaba muy a menudo expresiones que contenían palabras para nada neutras o casuales, especialmente para un científico. Esto incluso cuando sabía que podían molestar al interlocutor. Me refiero a palabras como “Dios”, “milagro”, “creación”, “sentido religioso”, “misterio”…

En realidad no podía no usarlas, sea porque había ido a una escuela católica, sea por su conocimiento de la Biblia; sea porque la física le llevaba siempre, irresistiblemente, a ir más allá. Además, su amigo y mentor, el premio Nobel Max Planck, afirmó: “No es casualidad que precisamente los máximos pensadores de todos los tiempos hayan sido personas profundamente religiosas, aunque no revelaran de buen grado el sagrario de sus almas”.

La cuestión es que el pensamiento filosófico de Einstein no fue nada sistemático, ni lógicamente ejemplar y coherente. Por esto, sus frases pueden ser citadas por una parte y la otra. En verdad, Einstein se pronunció muchas veces sobre cosas que no conocía bien, y cambió de opinión con el paso del tiempo, al menos respecto a algunas ideas.

En particular se pueden distinguir dos fases: una primera, antes de 1934, más, digámoslo así, “religiosamente heterodoxa”; y una segunda, más dispuesto a valorar la Iglesia y la Biblia, después de 1934, cuando el surgimiento del nazismo aclaró a Einstein el vínculo entre las tinieblas de su época y el abandono de los valores bíblicos y cristianos.

En la primera fase podemos encontrar frases como esta: “Es verdad que en la base de toda obra científica un poco delicada se encuentra la convicción, análoga al sentimiento religioso, que el mundo está fundado en la razón y puede ser comprendido. Esta convicción ligada al sentimiento profundo de la existencia de una mente superior que se manifiesta en el mundo de la experiencia, constituye para mí la idea de Dios; en lenguaje corriente se puede llamar panteísmo" (Spinoza, Como veo yo el mundo).

En la segunda fase, en cambio, afirmó lo siguiente: “Los más altos principios sobre los que se fundan nuestras aspiraciones y nuestros juicios nos vienen de la tradición religiosa judeo-cristiana… No hay espacio en todo esto para la divinización de una nación, de una clase y mucho menos de un individuo. ¿No somos todos hijos de un mismo padre, como se dice en el lenguaje religioso?”

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Tags:
ateismociencia y fedios
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