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¿Para qué sirve un obispo jubilado?

© Ramón A. Pérez
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La quinta parte de los obispos del mundo tiene más de 75 años, ¿ya se acabó su misión?

¿Para qué sirve un pastor de la tercera edad? Monseñor Ovidio Pérez Morales dio algunas pistas en el primer encuentro realizado recientemente en Bogotá

Por emérito se entiende el obispo que al llegar a los 75 años ha presentado la renuncia como pastor de una diócesis o responsable de un cargo eclesiástico determinado. ¿Para qué? Para seguir sirviendo en otras tareas de servicio evangelizador. Un campo nuevo, que abre muchas posibilidades evangelizadoras y deja un mayor espacio a libres escogencias”.

Estas fueron algunas consideraciones de monseñor Ramón Ovidio Pérez Morales, durante el primer encuentro de obispos eméritos convocado por el departamento “Comunión eclesial y diálogo” del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM), del 23 al 27 de marzo en Santa Fe de Bogotá, marcando un hito en la Iglesia continental.

El encuentro reunió a más de treinta obispos de doce países para reflexionar sobre “el ser y el quehacer del obispo emérito”, según la oficina de prensa del Celam, agregando que el obispo emérito de Los Teques fue uno de los ponentes.

Monseñor Pérez Morales indica en un escrito que el encuentro ha permitido, “en un clima de fraternidad y de oración, evaluar experiencias de nuestro emeritazgo, reflexionar en nuestro ser y quehacer de obispos en nueva situación, así como meditar conjuntamente en nuestra espiritualidad específica y formación permanente”.

No somos pastores en retirada

“Algunas conclusiones tejimos, ya respecto de nosotros mismos, ya también pensando en qué sugerir a varias instancias eclesiales”, dijo el emérito venezolano. Subrayó “el clima humano vivido y el talante” que caracterizó el encuentro netamente “positivos y proactivos”. Y sostiene: “No nos interpretamos como gente en retirada o en descanso, simples jubilados en el goce de pensiones y anudando memorias”.

La realidad que sirvió de base y punto de partida fue la condición de obispos actuales y actuantes: “cristianos que por el sacramento del orden recibieron en y para el Pueblo de Dios a) una misión pastoral tridimensional (enseñanza-santificación-conducción) y b) la incorporación al Colegio Episcopal (Papa y los demás obispos), que se entiende como sucesor del Colegio Apostólico (Pedro y los demás apóstoles)”. 

Considera que el emérito es “un obispo en una situación pastoral especial, sobre la cual hay ya una normativa reguladora y orientadora, pero abierta a ulteriores modificaciones y perfeccionamiento, para lo cual serán de gran utilidad, entre otros, encuentros como el reciente de Bogotá”. 

Reveló que la aparición del obispo emérito tiene punto de partida en el Concilio Vaticano con su Decreto Christus Dominus, “que fundándose en el carácter servicial del episcopado (ciertamente el ministerio es para la Iglesia y no viceversa), recomendó que, por edad u otra causa grave, los obispos presenten su renuncia al cargo”.

Monseñor Ovidio Pérez Morales refiere que según el Anuario Estadístico de la Iglesia, en 2012 los obispos católicos eran 5.133, de los cuales 1.547, son de la tercera edad. “Una cifra significativa”, dice. “De allí la atención que se presta cada vez más al tema del emeritazgo episcopal”, agrega de manera complacida.

Concluye indicando que la reunión de Bogotá estimula a otros encuentros e iniciativas “en diversos niveles eclesiales hacia una presencia más animosa, protagónica y fecunda de los obispos eméritos en nuestra Iglesia, que se ha declarado en “nueva evangelización” en un mundo en “cambio de época”.

 

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