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Citizenfour: Wikileaks y los intereses de Edward Snowden

Praxis Films
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Dicho de otra forma: ¿los documentales dicen siempre la verdad?

Estamos acostumbrados a concederle a los documentales un desmedido sentido de la veracidad. Si sale en un documental es verdad. A veces olvidamos que un documental es un género cinematográfico como cualquier otro sujeto a los intereses de quien lo elabora.

Esto lo podemos comprobar de forma meridianamente clara en las cadenas de televisión. Todos sabemos de qué pie cojea cada cadena y hacia donde barren sus informativos. Pues bien, lo mismo ocurre con los documentales. Aunque sus líneas editoriales, legítimas y respetables como cualquier otra, no estén a priori tan claras como en una cadena de televisión, también tienen sus intereses y su forma de ver el mundo y también sus prejuicios, como todos.

El reciente estreno Citizenfour es un buen momento para replantearse qué entendemos por un documental, qué visos de realidad deberíamos otorgarle y qué margen de error pueden o deben tener. En Citizenfour, su directora, Laura Poitras, nos cuenta como el ex agente de la NSA (Agencia de Seguridad Nacional de Estados Unidos), Edward Snowden, se puso en contacto con ella tras haber desertado para contarle los innumerables secretos que guardaba en su cabeza.

El film, ya se pueden imaginar, es una conspiración envuelta en un misterio dentro de un enigma. Si lo que dice Snowden es cierto, resulta un poco extraño que a Bin Laden no lo localizaran al día siguiente del 11-S y de igual modo, parece un poco absurdo tratar de esconderse del todopoderoso control de la inteligencia de Estados Unidos porque al parecer nos tienen a todos muy bien ubicados.

La crítica se ha deshecho en halagos, lo que por otro lado no es de extrañar, y los galardones le han llovido allí donde ha asomado la cabeza. Citizenfour ha conseguido el premio al mejor documental en los Oscar, los BAFTA, en el Círculo de Críticos de Nueva York, en los Críticos de Los Ángeles, en los Premios Gotham, en los Independence Spirit Awards, en los Satellite Awards y en el Sindicato de Directores. Ahí es nada.

El film es una intriga apasionante en tanto destapa algunos de los secretos de la Inteligencia del país más poderoso del mundo. Había mucha curiosidad por saber cómo se lo montan en Estados Unidos en esto del espionaje una vez ha terminado la Guerra Fría y los terroristas se dedican a estrellar aviones en el centro de Manhattan. Es cierto también, que Laura Poitras, con los mínimos ingredientes, a veces incluso demasiado pocos, consigue elaborar un documental con formato de thriller muy bien ensamblado. No le vamos a restar méritos.

Ahora bien, y aquí es donde reside lo espinoso de la cuestión ¿Qué valor moral tiene la traición de un agente de la Inteligencia de cualquier país que revela secretos extremadamente sensibles? ¿Ha conseguido Snowden el efecto buscado? Y si es así ¿Vale la pena arriesgarse a ser encerrado e incluso a poner en riesgo la seguridad de un país?

Ahora hablamos de Estados Unidos y muchos piensan, no sin razón a veces, que son ellos quienes se buscan sus propios problemas con su política intervencionista pero, traslademos esta cuestión a cualquier otro país. Y sobre todas las cosas, como es bien sabido en toda Facultad de Comunicación, toda información, toda sin excepción, es interesada ¿Qué intereses guarda Edward Snowden? ¿Es pura bondad o hay algo más? Esto es lo que no queda claro en Citizenfour que ofrece una visión demasiado condescendiente con este turbulento personaje.
 

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