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La vida de Senna y la Fórmula 1, de Asif Kapadia

© Public Domain
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Un documental bastante riguroso sobre la vida del probablemente mejor piloto del mundo

Dicen que la vida se parece a veces a una carrera de fórmula 1; al principio son muchas vueltas y parece haber tiempo para todo, y, de repente, llega la sexta y se juega todo en las últimas cinco. Y aunque el buen piloto se deja la piel desde la primera, no es fácil afrontar toda la carrera con la misma intensidad y concentración, y no todos los pilotos lo consiguen, como tampoco es fácil afrontar la vida, también con sus vueltas, curvas y derrapes.

Senna es un relato verídico de la leyenda brasileña, Ayrton Senna, para muchos considerado como el mejor piloto que ha existido. A lo largo de los 104 minutos, podemos ver temas como: la dureza de la vida de un piloto; el viaje personal y espiritual que implica; el valor de reconocer los talentos como indicadores de la presencia de Otro o la importancia de ser inteligentes y estar siempre atentos, pues el mal ronda; en la película identificado, quizás de forma algo maniquea, con el dinero y la política.          

Senna fue todo un referente para Brasil en una época muy complicada de su historia. En este sentido recuerda a lo que supuso para España la Selección española en el Mundial de Sudáfrica; tenían algo que nos permitía respirar con esperanza en medio de las crisis personales y nacionales. Como dijo una señora brasileña refiriéndose a Ayrton Senna: “Los brasileños (aún rozando la miseria en ocasiones) necesitamos salud, comida, educación y un poco de alegría”. Para esta señora, y para todo Brasil, Senna encarnaba esta alegría. También, en esta línea, evoca a películas como Invictus (2009), de Clint Eastwood.

Según este documental del británico Asif Kapadia, existen dos tipos de pilotos: el que se centra en superar sus límites y en crecer; y el que se dedica a impedir el crecimiento del otro justificando sus errores sin asumirlos en primera persona. Según parece, no se puede ser piloto de fórmula 1 sin ser piloto de sí mismo. Pues bien, existe una correlación entre profesión y vida personal o espiritual que hace de este documental una fuente rica de humanidad y aprendizaje para todos; a parte, claro, de un merecido homenaje.

Basta que una sola persona logre algo imposible (o aparentemente imposible) para que sea algo accesible para los demás. La esperanza no es verdadera por un uso adecuado de las palabras o por lograr mayoría de votos en la urnas líquidas de la existencia, la consistencia de la esperanza, esa alegría de la vida que nos hace seguir, se nutre de la experiencia de alguien concreto. Basta una sola persona para poder empezar de nuevo una y otra vez. Y no hay alegría más grande que poder empezar. Esta es la energía que transmite el visionado de este documental, que no idealiza la vida del piloto y nos brinda la ocasión de medirnos personalmente y vernos reflejados.

Gracias a Dios la historia de la humanidad está repleta de personas que se han convertido en referentes mundiales: no tanto por sus logros o éxitos sino por ser capaces de abrazar circunstancias para muchos imposibles. Sólo los que se dejan la piel viviendo, los que tienen algo grande por lo que luchar, consiguen ir hasta el fondo de la realidad y de sí mismos. Senna fue uno de ellos y su relación con Dios fue fundamental, según él mismo declaró en varias ocasiones.

Esta entrega de sí mismo logra en ocasiones incluso hasta alterar las leyes naturales, como si el ímpetu humano fuese aún más fuerte y poderoso que la enfermedad (La teoría del todo, 2014), que la genética (Gattaca, 1997) o que algún tipo de prejuicio social o racial (Hombres de honor, 2000). De ahí la aparición del mito o la leyenda.

En definitiva, la película Senna nos relata la historia de este piloto desde su viaje a Europa en 1978 hasta su trágico y repentino final que conmocionó a medio mundo. Con una digna estructura y una gran finura (visual y humana) se nos regala la ocasión de medirnos con un mundo como el de la fórmula 1; un ejercicio que nos puede servir para aprender cómo afrontar tiempos de crisis, tanto personales como profesionales.           

En cualquier caso siempre que acompañamos a un héroe como Senna, terminan aflorando algunas preguntas extrañas del tipo: ¿por qué tengo deseos de infinito si parecen existir límites que no puedo cruzar? ¿les presto atención y me fío de ellos o los arrincono y conformo mi deseos a la rutina y a su fatiga diaria? O dicho con otras palabras, al ver vidas como las de Senna, ¿por qué intuyo que tengo alas si nunca he volado?

 

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