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La guía esencial de «La Pasión de Cristo» de Mel Gibson

The Passion of the Christ – Cover – es

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Primeros Cristianos - publicado el 27/03/15


En medio del camino hacia el Calvario, Gibson nos regala, al menos en mi opinión, la escena más bella de la película: el encuentro de Jesús y de María. Lo hace, de nuevo, apoyándose en un flashback. María ve caer a Jesús con la cruz y recuerda a un Jesús niño que se cae mientras está jugando.

La música acompaña a la Virgen que corre hacia el Señor y le dice las mismas palabras que en aquella ocasión en Nazaret, “Aquí estoy”. Jesús mira a su Madre y dice:

    “¿Ves, Madre? Yo hago nuevas todas las cosas”




Uno de los legionarios repara en la escena. Se queda pensativo mirando a María. Al final de la película, será uno de los personajes que acaben creyendo en Jesús. De la secuencia se deduce de nuevo la idea de que María nos lleva a Jesús.



Nada más separarse de su madre, Jesús se levanta, mira al cielo, en un gesto que reafirma al espectador en que el Salvador acepta la voluntad del Padre.



Otra de esas miradas del Señor es la que dirige a Simón de Cirene. Este personaje es forzado a ayudar a Jesús a llevar la cruz. En un principio, su reacción es de repulsa, pero a medida que va conociendo a Jesús se da cuenta de que el hombre que tiene delante no es un hombre cualquiera.





Jesús ha llegado al Calvario, pero está destrozado y no puede ponerse en pie. El cireneo baja la colina entre sollozos, y mientras él baja, la Virgen, san Juan y la Magdalena coronan el Gólgota. Jesús ve llegar a su madre y, como sucediera antes durante la flagelación, su visión le devuelve las fuerzas y el Salvador se incorpora.

Los soldados rasgan la túnica de Jesús y Gibson introduce el último flashback, esta vez remontándose sólo unas pocas horas, hasta la última cena. Allí, Cristo instituye la Eucaristía, que no es otra cosa sino el memorial de su Pasión. Gibson compone un relato muy eucarístico con esta escena.



    “Esto es mi Cuerpo, que será entregado por vosotros”.

Después de tres largas horas de agonía, Jesús entrega el espíritu. Como se cuenta en el Evangelio, Gibson nos enseña el velo del templo rasgándose y el temblor de tierra, pero añade una licencia muy interesante. Es el demonio dando un alarido de rabia. Sabe que ha perdido, Cristo ha vencido al pecado y a la muerte y nos ha dado la libertad de los hijos de Dios.



El cadáver de Jesús es desclavado y descolgado de la cruz. María lo toma en sus brazos y, rompiendo todos los cánones del cine, mira directamente al espectador, como diciéndole: “Aquí está. Mírale. Lo ha hecho por ti”. La cámara se va alejando lentamente y nos muestra una pietá sangrante. Para mí, el mejor plano -tanto simbólica como técnicamente- de la película.



    “El castigo de nuestra salvación pesó sobre Él y en Sus llagas hemos sido curados”.

Pero este no es el final…



En resumen, una película excelente. ¿Real? Por supuesto. ¿Demasiado violenta? No lo creo (salvo los dos detalles mencionados de la flagelación). La fotografía es cautivadora, sobre todo en el huerto de los olivos y en el Calvario.

El ritmo es muy adecuado, pues Gibson sabe comprimir muchas escenas sin que parezcan atropelladas (sin dejarse ninguna de las catorce estaciones del vía crucis) y repara en la necesidad del espectador de “respirar” de vez en cuando.

La banda sonora es perfecta acompañadora. Majestuosa, cuando se levanta la cruz y se deja ver al Rey de los judíos. Inquietante e incluso irritante, en las escenas del huerto y en las de Judas. Épica, como en la Resurrección. Pero también cálida cuando hace falta. Cabe destacar la música en la escena del encuentro entre Jesús y María.

Jim Caviezel encarna a la perfección a Jesús, tarea nada fácil, sencillamente porque sabe no estorbar (cuántos “Jesuses” del cine nos han decepcionado).

Pero la mejor interpretación de la película es, sin ninguna duda, la de Maia Morgenstern, pues es capaz de transmitirnos dos valores en principio contrapuestos, la amargura de una madre que ve morir a su hijo y la serenidad de quien sabe que lo que está sucediendo es para la redención del hombre. Esta película no se entiende sin María.


Por Jaime Cervera (@cerverajaime)
Fuente: Rick’s

Artículo originalmente publicado por Primeros Cristianos

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Tags:
cinejesucristo
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