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Catedral de Córdoba (4): ¿Es deseable el uso compartido?

Capilla Real. Mezquita-Catedral de Córdoba

© Jennifer Morrow

María Angeles Corpas - publicado el 02/03/15

No, es un templo católico desde 1236 y hay que evitar confusión y oscurecimiento del mensaje y la personalidad propia

La primera pregunta que debería responderse es qué es la catedral mezquita de Córdoba. Es un edificio histórico construido en distintas fases (siglos VIII-XVII, principalmente). Por tanto, un patrimonio cultural extraordinario que debe custodiarse.

Pero además de esta función, ¿de quién es y para qué sirve? Es un templo católico donde hay culto desde el siglo XIII. La Iglesia ha hecho desde el Concilio Vaticano II un gran acercamiento a otras religiones. El diálogo da muchos frutos, pero tiene límites y condiciones. Entre ellas, el respeto mutuo y la no confusión, ni sincretismo.

1. ¿Por qué la Iglesia lo rechaza?

A veces, la posición de la Iglesia en este debate es calificada de intolerante. Este tópico se debe a prejuicios y a un extendido desconocimiento.

En primer lugar, la polémica se mezcla con otras cuestiones como la titularidad del templo, cuyo uso y propiedad están acreditados de forma continuada desde el siglo XIII.

Además hay una gran confusión sobre el sentido y forma del diálogo interreligioso. Esta apertura ha tenido como objetivo cumplir mejor con la misión encomendada a la Iglesia como evangelizadora y artífice de paz.

Es diferente el acercamiento ecuménico a otras comunidades eclesiales cristianas, en busca de la unidad, que el acercamiento a otras religiones. Credos como el judío, con un tronco común, o el islam que es el otro monoteísmo por excelencia.

Esta actitud conciliar (Lumen Gentium)  fue innovadora y ha sido muy fructífera. Se ha valorado lo positivo de las demás creencias de raíz abrahamica, en lo que tienen de elementos de verdad, de humanidad compartida. Algo que permite tender puentes para cooperar en un mundo azotado por muchos problemas y en una dinámica secularizadora.

Obviamente, al impulsar este proceso de acercamiento, la Iglesia ha asumido una responsabilidad y un compromiso, en particular a través de la acción permanente de los pontífices, desde el beato Pablo VI hasta Francisco.

Este liderazgo moral exige una precisión de las condiciones. No para manipularlo, sino para aprovechar su gran potencial como servicio para la paz y la convivencia mundial. Eso significa que no todas las propuestas son viables si conllevan riesgos que deben evitarse. Por ejemplo el de la confusión, el oscurecimiento del mensaje y la personalidad propia.

En el caso de la catedral mezquita de Córdoba hay una contraposición de diversos intereses y visiones. Desde luego, debería existir consenso sobre la relevancia del conjunto como bien cultural, reconocido como patrimonio mundial de la UNESCO.

Esto demanda de la Iglesia, como propietaria, y de las instituciones estatales un esfuerzo permanente de conservación y custodia. A partir, de ahí, junto a este valor cultural y educativo de primer orden, la cuestión planteada remite al origen del problema: ¿qué es la catedral mezquita de Córdoba? Otra forma de preguntar a quién pertenece y para qué debe utilizarse.

La respuesta es clara, es un templo católico desde 1236. Esta función no excluye las exigencias de conservación y divulgación pedagógica del bien cultural, para las cuales, la Iglesia como propietaria y las instituciones públicas están obligadas a cooperar.

La antigua mezquita mayor de la capital califal fue consagrada en su conjunto y no ha existido una desacralización total, ni parcial del recinto. Eso no significa que la presencia del culto, del Sagrario, no sea compatible con la oración, ni el culto de confesiones no cristianas.

La valoración de estos creyentes, la realización de actos de oración mulitirreligiosa en otros espacios, no implica que sea aceptable un uso compartido de un templo católico consagrado de forma permanente y exclusiva.

2. ¿Por qué se reivindica el uso compartido?

La cuestión del uso compartido mezcla de forma confusa estos diversos niveles. La reivindicación puede ser un instrumento para socavar el estatus de la titularidad. Añadir un uso cultual distinto podría ser un modo de erosionar una sólida posición eclesial, fundamentada por razones históricas y jurídicas acreditadas en la inscripción registral del templo.

A veces, se hace en términos abusivos, como si la Iglesia se hubiera apropiado de un bien cultural ajeno. O como si el mantenimiento de culto exclusivamente católico o la propiedad eclesial fueran un obstáculo para el adecuado mantenimiento.

En el debate público afloran ciertos tintes anticlericales, no exentos de intereses materiales y de cierto prejuicio ideológico. En este sentido, el desarrollo constitucional de la libertad religiosa en España es claro en la protección de los derechos individuales y es especialmente sensible en la protección reforzada de los lugares de culto.

Igualmente, en esta polémica subyace una cierta manipulación histórica. Como si la Iglesia cordobesa desconociera el pasado de la ciudad, por extensión, andalusí. Aunque en otro sentido, se hace como si el edificio fuera sólo una mezquita. Como si no hubiera sido una iglesia, antes y después de Al Ándalus.

Es una forma más o menos velada de acusar al Cabildo de usurpar un bien material de gran potencia simbólica que pertenecería a otro -bien al pueblo, bien a la comunidad islámica-, algo que desconoce los fundados argumentos históricos y legales aportados por la diócesis. 

3. Diálogo interreligioso no es sincretismo

Diálogo interreligioso no es confusión, ni identificación. Ni hibridación, ni sincretismo. Exige conocer al otro desde el respeto, acercándose con sinceridad, sabiendo de las diferencias históricas y doctrinales, así como de los elementos comunes desde los que crear espacios de entendimiento, de fraternidad y de cooperación, en campos destacados como la paz y el desarrollo.

Actos como las oraciones por la paz de Asís impulsados por san Juan Pablo II (1986-2002) fijaron un modelo de aproximación estimulado por la Iglesia. No cabe en este empeño caer en un relativismo que iguale todas las creencias. Como apuntaba Eclessiam Suam, como si fuesen equivalentes.

La Declaración conciliar Nostra Aetate indicaba que la Iglesia no rechaza nada de lo que en estas religiones hay de santo y verdadero. Y mira con aprecio a los musulmanes que adoran al único Dios, rechazando toda forma de discriminación.

Uno de las más destacadas aportaciones intelectuales a este campo del diálogo, como fuente de encuentro y espacio en el que afirmar la propia fe cristiana, ha sido la de Joseph Ratzinger-Benedicto XVI. Por ejemplo, diferenciando entre oración multirreligiosa, excepcional, útil y a menudo mal entendida y oración interreligiosa de cuyas virtudes duda.

Porque exige un entendimiento común de lo que es Dios y de lo que es orar. El riesgo relativista, no muy lejano de los debates sociopolíticos del multiculturalismo, está omnipresente.  Además de otros de gran calado como la idea de verdad, de razonabilidad del hecho religioso y de la legitimidad de la Iglesia como depositaria de la fe apostólica para sostenerlos en el mundo actual.

El Papa Francisco ha señalado de forma clara la necesidad de una fuerte expresión de identidad cristiana. Desde el respeto mutuo, la comprensión y el estudio del otro. El 24 de enero, con motivo del cincuentenario del Instituto Pontificio de Estudios Árabes e Islámicos, apuntó lo esencial de una actitud de escucha, para reconocer valores ajenos, entender demandas, fomentar lo común de la naturaleza humana y como creyentes, permaneciendo firmes en la propia identidad y sin caer en trampas de sincretismos conciliadores.

Señaló además virtudes necesarias en este acercamiento, como eludir prejuicios y estereotipos, cultivar la responsabilidad, paciencia y humildad como antídoto pedagógico para luchar contra toda forma de violencia. No es decir sí a todo, sino ser fiel al propio credo, reconociendo la condición humana compartida y sus exigencias solidarias.

En este diálogo islamo-cristiano la catedral mezquita de Córdoba y la reivindicación del uso cultual mixto juegan un rol simbólico importante. Expresa lo que se ha avanzado en el reconocimiento mutuo y también la persistencia de ciertas resistencias y dificultades en la percepción del otro.

En el fondo, que debe aceptarse que la voluntad cooperadora y humanitaria de la Iglesia es muy grande y tiene muy pocos límites. Desde luego, los principios de fe, sobre todo en torno a Cristo, que desaconsejan abandonar la exclusividad del culto católico en espacios consagrados. 

La existencia de valores espirituales y humanos comunes,no significa que sean religiones equiparables, ni cultos que puedan coexistir un mismo recinto. Hay un término medio entre la intolerancia dogmática y el relativismo equiparador: diálogo sincero, cooperación y mantenimiento legítimo de la propia identidad.

Referencias:

RATZINGER, Joseph: Fe, Verdad y Tolerancia, Ediciones Sígueme, Salamanca, 2005.

CORPAS, M. Ángeles: “¿Qué dice el Concilio Vaticano II sobre el diálogo con el Islam? (1)” en Aleteia.org: http://aleteia-imported-es.vip.hmn.md/2015/01/13/que-dice-el-concilio-vaticano-ii-sobre-el-dialogo-con-el-islam-1/

– ¿Qué dice el Concilio Vaticano II sobre el diálogo con el Islam? (2)” en Aleteia.org: http://aleteia-imported-es.vip.hmn.md/2015/01/13/que-dice-el-concilio-vaticano-ii-sobre-el-dialogo-con-el-islam-2/

-“¿Qué dice el Concilio Vaticano II sobre el diálogo con el Islam? (3)” en Aleteia.org: /religion/articulo/islam-3-que-dice-el-concilio-vaticano-ii-sobre-el-dialogo-con-el-islam-5857253387141120?preview=1

RAMOS, Ary Wadir: “Papa Francisco: seguir diálogo con el Islam, pero no se debe decir sí a todo. El Pontífice aseguró que se necesita tener una fuerte identidad y respeto mutuo en el diálogo con el Islam y otras religiones”, 24-I-2015, en Aleteia.org: /internacional/noticias/papa-francisco-seguir-dialogo-con-el-islam-pero-no-se-debe-decir-si-a-todo-5820270900150272Papa

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