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Catedral de Córdoba (4): ¿Es deseable el uso compartido?

© Jennifer Morrow
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No, es un templo católico desde 1236 y hay que evitar confusión y oscurecimiento del mensaje y la personalidad propia

La primera pregunta que debería responderse es qué es la catedral mezquita de Córdoba. Es un edificio histórico construido en distintas fases (siglos VIII-XVII, principalmente). Por tanto, un patrimonio cultural extraordinario que debe custodiarse.

Pero además de esta función, ¿de quién es y para qué sirve? Es un templo católico donde hay culto desde el siglo XIII. La Iglesia ha hecho desde el Concilio Vaticano II un gran acercamiento a otras religiones. El diálogo da muchos frutos, pero tiene límites y condiciones. Entre ellas, el respeto mutuo y la no confusión, ni sincretismo.

1. ¿Por qué la Iglesia lo rechaza?  

A veces, la posición de la Iglesia en este debate es calificada de intolerante. Este tópico se debe a prejuicios y a un extendido desconocimiento.

En primer lugar, la polémica se mezcla con otras cuestiones como la titularidad del templo, cuyo uso y propiedad están acreditados de forma continuada desde el siglo XIII.

Además hay una gran confusión sobre el sentido y forma del diálogo interreligioso. Esta apertura ha tenido como objetivo cumplir mejor con la misión encomendada a la Iglesia como evangelizadora y artífice de paz.

Es diferente el acercamiento ecuménico a otras comunidades eclesiales cristianas, en busca de la unidad, que el acercamiento a otras religiones. Credos como el judío, con un tronco común, o el islam que es el otro monoteísmo por excelencia.

Esta actitud conciliar (Lumen Gentium)  fue innovadora y ha sido muy fructífera. Se ha valorado lo positivo de las demás creencias de raíz abrahamica, en lo que tienen de elementos de verdad, de humanidad compartida. Algo que permite tender puentes para cooperar en un mundo azotado por muchos problemas y en una dinámica secularizadora.
  
Obviamente, al impulsar este proceso de acercamiento, la Iglesia ha asumido una responsabilidad y un compromiso, en particular a través de la acción permanente de los pontífices, desde el beato Pablo VI hasta Francisco.

Este liderazgo moral exige una precisión de las condiciones. No para manipularlo, sino para aprovechar su gran potencial como servicio para la paz y la convivencia mundial. Eso significa que no todas las propuestas son viables si conllevan riesgos que deben evitarse. Por ejemplo el de la confusión, el oscurecimiento del mensaje y la personalidad propia.

En el caso de la catedral mezquita de Córdoba hay una contraposición de diversos intereses y visiones. Desde luego, debería existir consenso sobre la relevancia del conjunto como bien cultural, reconocido como patrimonio mundial de la UNESCO.

Esto demanda de la Iglesia, como propietaria, y de las instituciones estatales un esfuerzo permanente de conservación y custodia. A partir, de ahí, junto a este valor cultural y educativo de primer orden, la cuestión planteada remite al origen del problema: ¿qué es la catedral mezquita de Córdoba? Otra forma de preguntar a quién pertenece y para qué debe utilizarse.

La respuesta es clara, es un templo católico desde 1236. Esta función no excluye las exigencias de conservación y divulgación pedagógica del bien cultural, para las cuales, la Iglesia como propietaria y las instituciones públicas están obligadas a cooperar.

La antigua mezquita mayor de la capital califal fue consagrada en su conjunto y no ha existido una desacralización total, ni parcial del recinto. Eso no significa que la presencia del culto, del Sagrario, no sea compatible con la oración, ni el culto de confesiones no cristianas.

La valoración de estos creyentes, la realización de actos de oración mulitirreligiosa en otros espacios, no implica que sea aceptable un uso compartido de un templo católico consagrado de forma permanente y exclusiva.

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