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Cristo es la Eucaristía: ¿esto es real o simbólico?

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El Magisterio, basándose en la Escritura y la Tradición, asegura que lo que tenemos sobre el altar y después nos comemos es en verdad el cuerpo y la sangre de Cristo

Lo que san Pablo recibe del Señor, lo transmite y manda que se mantenga en el tiempo.

San Pablo es claro al afirmar que la presencia de Jesús en la eucaristía es real y no aparente; en caso contrario no hubiera dicho: “Quien come y bebe sin discernir el cuerpo del Señor, come y bebe su propio castigo” (1 Cor 11, 29). 
 
Si la presencia eucarística fuera sólo simbólica, estas palabras del Apóstol San Pablo serían excesivas.
 
No es lo mismo romper la fotografía de una persona que golpearla. La eucaristía no es una fotografía hoy de lo que pasó el Jueves Santo; es exactamente lo mismo. Es por esto que las interpretaciones simbólicas o alegóricas de  los no católicos o protestantes son inadmisibles.

La Iglesia ha reconocido siempre, que la Santa Misa es un memorial de la Pasión y Muerte de Cristo. Esto no significa que no haya presencia realde Cristo. La Eucaristía es un sacramento y un memorial.
 
Y el hecho de que Cristo haya dicho "este es mi Cuerpo, esta es mi Sangre; haced esto en memoria mía" es muy real, son palabras reales que producen una realidad; ¿cómo se pretende pues asegurar que las palabras de Jesús se deban entender en sentido ‘simbólico’?
 
Las palabras de Dios son creadoras. Una persona como nosotros sí podría decir, por ejemplo, a los demás antes de morir: Si me aman preparen un pastel y me recuerdan; pero la persona estará ausente, en ese pastel no está la persona. Con Jesús es otra cosa, Jesús no es una persona cualquiera, es Dios.

Memorial no es sólo referente a la memoria, sino que también significa, según el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, un documento que testifica la verdad de un acontecimiento.

La Eucaristía hace parte de la Tradición que se ha transmitido a lo largo de la historia.
 
Cuando hablamos de la Tradición nos referimos a todo aquello que proviene de Cristo y los apóstoles pero también de las tradiciones de las que también se habla en la Biblia y se ordenan mantener:
 
"Os alabo porque en todas las cosas os acordáis de mí y conserváis las tradiciones tal como os las he transmitido" (1 Corintios 11,2). 
 
“Así pues, hermanos, manteneos firmes y conservad las tradiciones que habéis aprendido de nosotros de viva voz o por carta" (2 Tesalonicenses 2,15).

"La Tradición de que hablamos aquí es la que viene de los apóstoles y transmite lo que estos recibieron de las enseñanzas y del ejemplo de Jesús y lo que aprendieron por el Espíritu Santo. En efecto, la primera generación de cristianos no tenía aún un Nuevo Testamento escrito, y el Nuevo Testamento mismo atestigua el proceso de la Tradición viva” (Catecismo de la Iglesia, 83).
 
Antes de la redacción de los evangelios ya se celebraba la eucaristía; es más: inmediatamente después de la resurrección del Señor.

3. Magisterio de la Iglesia
 
La Revelación Divina abarca la Sagrada Tradición y la Sagrada Escritura. Este depósito de la fe (cf. 1 Tim. 6, 20; 2 Tim. 1, 12-14) fue confiado por los Apóstoles al conjunto de la Iglesia.
 
Ahora bien el oficio de interpretar correctamente la Palabra de Dios, oral o escrita, ha sido encomendado sólo al Magisterio vivo de la Iglesia. Ella lo ejercita en nombre de Jesucristo.
 
Este Magisterio, según la Tradición Apostólica, por tanto, es una prerrogativa de los obispos en comunión con el sucesor de Pedro que es el obispo de Roma o el Papa.

El Magisterio no está por encima de la Revelación Divina, sino que está a su servicio, para enseñar puramente lo transmitido. Por mandato divino y con la asistencia del Espíritu Santo, el Magisterio de la Iglesia lo escucha devotamente, lo guarda celosamente y lo explica fielmente.

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