Aleteia

Papa Francisco: Qué malo es en la familia cuando los hermanos no se hablan

AFP PHOTO / GENT SHKULLAKU
ALBANIA, Tirana : TOPSHOTS

Pope Francis (C) arrives to celebrate mass on the Mother Teresa square in Tirana on September 21, 2014. The pope warned during his visit to Albania on September 21 that religion could never be used to justify violence, making an apparent reference to the bloodshed wreaked by the Islamic State group in Iraq and Syria. AFP PHOTO / GENT SHKULLAKU
Comparte

Palabras durante la audiencia general 18 febrero 2015

Queridos hermanos y hermanas, buenos días
 
en nuestro camino de catequesis sobre la familia, tras haber considerado el papel de la madre, del padre, de los hijos, hoy es el turno de los hermanos. “Hermano”, “hermana” son palabras que el cristianismo ama mucho. Y, gracias a la experiencia familiar, son palabras que todas las culturas y todas las épocas comprenden.
 
El vínculo fraterno tiene un lugar especial en nuestra historia del pueblo de Dios, que recibe su revelación en lo vivo de la experiencia humana. El salmista canta la belleza del vínculo fraterno, y dice así: “He aquí, qué bello y qué dulce que los hermanos vivan juntos” (Sal 132,1). Esto es verdad, la fraternidad es bella. Jesucristo ha llevado a su plenitud también esta experiencia humana del ser hermanos y hermanas, asumiéndola en el amor trinitario y potenciándola para que vaya mucho más allá de los vínculos de la parentela y pueda superar todo muro de extraneidad.
 
Sabemos que cuando la relación fraterna se arruina, cuando se arruina esta relación entre hermanos, se abre el camino a experiencias dolorosas de conflicto, de traición, de odio. El relato bíblico de Caín y Abel constituye el ejemplo de este resultado negativo. Después del asesinato de Abel, Dios pregunta a Caín: “¿Dónde está Abel, tu hermano?» (Gen 4,9a). Es una pregunta que el Señor sigue repitiendo en cada generación. Y por desgracia, en cada generación, no cesa de repetirse también la dramática respuesta de Caín: “No lo sé. ¿Acaso soy yo el guardián de mi hermano?” (Gen 4,9b). Cuando se rompe el vínculo entre hermanos se convierte en algo feo, malo para la humanidad, también en la familia, cuántos hermanos han peleado por pequeñas cosas, por una herencia, y luego no se hablan más, no se saludan más… esto es feo. La fraternidad es una cosa grande, pensar que todos los hermanos han habitado el seno de la misma madre durante nueve meses, vienen de la carne de la mamá, no se puede romper la fraternidad. Todos conocemos familias que tienen los hermanos divididos, que han peleado… pensemos un poco y pidamos al Señor por estas familias, quizás los hay en nuestras familias, para que el Señor nos ayude a reunir a los hermanos, reconstituir la familia. La fraternidad no se debe romper, y cuando se rompe, sucede lo que pasó con Caín y Abel, y cuando el Señor pregunta a Caín donde estaba su hermano, “yo qué sé, a mi no me importa mi hermano”. Esto es malo, una cosa muy dolorosa de oír. Que en nuestras oraciones recemos siempre por los hermanos divididos.
 
El vínculo de fraternidad que se forma en familia entre los hijos, tiene lugar en un clima de educación a la apertura a los demás, es la gran escuela de libertad y de paz. En la familia, entre los hermanos, se aprende la convivencia humana, la convivencia en la sociedad. Quizás no siempre somos conscientes de ello, pero es precisamente la familia la que introduce la fraternidad en el mundo. A partir de esta primera experiencia de fraternidad, nutrida por los afectos y por la educación familiar, el estilo de la fraternidad se irradia como una promesa sobre toda la sociedad y sobre las relaciones entre los pueblos.

La bendición que Dios, en Jesucristo, revierte sobre esta relación de fraternidad lo dilata de un modo inimaginable, haciéndolo capaz de ir más allá de toda diferencia de nación, de lengua, de cultura e incluso de religión.
Pensad en qué se convierte el vínculo entre los hombres, incluso muy diferentes entre sí, cuando pueden decir del otro: “Es como un hermano, esta es como una hermana para mi”. Es bonito esto, ¿eh? La historia ha mostrado suficientemente, por lo demás, que también la libertad y la igualdad, sin la fraternidad, pueden llenarse de individualismo y de conformismo, también de interés.

Newsletter
Recibe gratis Aleteia.