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Dentro del confesionario, ¿cómo es para un sacerdote?

Emilio-Labrador-CC
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Un capellán universitario habla del “lugar más alegre, humilde e inspirador del mundo”

Una vez estaba en un autobús con un grupo de personas más mayores que yo de vuelta de un aeropuerto. Vieron que era sacerdote y empezaron a hacerme preguntas.
 
“¿Hace todo lo que hacen los sacerdotes?”
 
“Sí”
 
“¿También la cuestión de la Confesión?”
 
“Sí. Siempre”
 
Una señora anciana se quedó sin aliento. “Creo que es lo peor. Debe ser muy deprimente… oír todos los pecados de la gente”.
 
Le dije que era exactamente al revés. No hay nada más grande que estar con alguien mientras vuelve a Dios. Dije: “Sería deprimente si tuviera que ver a uno que deja a Dios, en cambio estoy con la gente cuando vuelve a Él”. El confesionario es un lugar en donde la gente permite que el amor de Dios venza. El confesionario es el lugar más alegre, humilde e inspirador del mundo.
 
¿Qué veo durante la confesión?
 
Creo que hay tres cosas. En primer lugar, veo actuar a la preciosa misericordia de Dios. Me encuentro a menudo cara a cara con el poder aplastante y transformador del amor de Dios. Veo de cerca el amor divino y esto me recuerda qué bueno es Dios.
 
No muchos logran ver cómo el sacrificio de Dios en la Cruz irrumpe constantemente en la vida de la gente y derrite los corazones más duros. Jesús consuela a cuantos lloran por sus pecados y refuerza a quien tiene la tentación de rendirse ante Dios o la vida.
 
Como sacerdote, veo estas cosas cada día.
 
Veo a un santo “en fase de fabricación”
 
Lo segundo que veo es a una persona que aún está luchando – un santo “en fase de fabricación”. No me interesa si esta es la tercera confesión de esa persona esa semana; si busca el sacramento de la Reconciliación, significa que está luchando, que lo está intentando. Es todo lo que me interesa. Este pensamiento es digno de consideración: ir a confesarse es un signo del hecho de que no nos hemos rendido ante Jesús.
 
Esta es una de las razones por las que el orgullo es tan mortal. He hablado con personas que me dicen que no quieren confesarse con su sacerdote porque éste les quiere y “piensa que son buenas personas”.
 
A propósito de esto, tengo que decir dos cosas.
 
1. ¡No quedará defraudado! ¡Lo que el sacerdote verá es una persona que está luchando! Os reto a encontrar un santo que no haya tenido necesidad de la misericordia de Dios! (También María necesitó la misericordia de Dios; recibió la misericordia divina de un modo dramático y potente en el momento de su concepción).
 
2. ¿Y si el sacerdote queda defraudado? Intentamos impresionar a los demás en muchas cosas de nuestra vida. La Confesión es un lugar donde no tenemos que impresionar a los demás. La Confesión es un lugar donde el deseo de dar la talla muere. Pensadlo: todos los demás pecados tienen el potencial de hacernos correr al confesionario, pero el orgullo es el único que hace que nos escondamos del Dios que podría curarnos.
 
¿Si recuerdo vuestros pecados? ¡No!
 
A menudo la gente pregunta si recuerdo los pecados que la gente confiesa. Como sacerdote, es raro, si alguna vez me ha pasado, que recuerde los pecados de que se habla en el confesionario. Puede parecer imposible, pero la verdad es que no son tan dignos de atención. No son puestas de sol memorables o lluvias de meteoritos o películas de suspense… son más parecidos a la basura.
 
Y si los pecados son como la basura, entonces es sacerdote es como el barrendero de Dios. Si preguntáis a un barrendero qué es lo más grande que ha tenido que cargar en el furgón, podría recordarlo, pero el hecho es que una vez que te acostumbras a quitar la basura, esta deja de ser digna de atención.
 
Honradamente, una vez que se da uno cuenta de que el sacramento de la Reconciliación tiene menos que ver con el pecado que con la muerte y resurrección de Cristo que vencen en la vida de una persona, los pecados pierden su fulgor y la victoria de Jesús ocupa el lugar central.

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