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Sobre la “sacrosanta” libertad de expresión

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Es de conocimiento mundial la manera en que el Estado Islámico ha ido avanzando en sus muestras de terrorismo, violencia y fanatismo religioso, cruzando – desde hace ya un buen tiempo – las fronteras de Occidente, dejando en claro que están dispuestos a esto y mucho más.

Recientemente presenciamos los atentados en Francia, específicamente – y el más conocido por todos – contra el semanario “Charlie Hebdo”, ante lo cual las redes sociales mostraron un masivo rechazo. Dando carta abierta a una larga y tensa discusión con respecto a la libertad de expresión, y por otro lado, la manera vulgar y grotesca en la que este semanario se burla de las distintas creencias religiosas de las personas. Desde ya, y para evitar malentendidos, el ataque terrorista y cualquier otra manifestación de violencia es y debe ser siempre rechazada y tratada como abominación. Esto lo aclaro desde ahora, para evitar cualquier comentario disparatado al estilo: “¿Entonces usted justifica el ataque?” o – y muy original, pero errado – “¿Qué sugiere entonces, la Inquisición?”.

Sobre la “sacrosanta” libertad de expresión

Desde el atentado hasta el día de hoy he tenido varias ocasiones para debatir por redes sociales, con aquellos que han sostenido que las víctimas de este deplorable atentado son poco más y mártires de la libertad de expresión, a lo que parece ser que la libertad de expresión se ha convertido en una especie de religión o secta – elijan ustedes el término – a la que cualquier valor, principio o límite debe rendírsele. Estoy más que convencido que este criterio lo sostiene un número considerable de personas, pero muy a mí pesar un gran número de católicos también, por lo que considero que vale la pena aclarar ciertas cuestiones.

Desde el momento en que manifesté no identificarme con el hasthag #JeSuisCharlie o  #YoSoyCharlie, inmediatamente pasé a ser como una especie de hereje o conspirador del terrorismo, y ni qué decirles cuando me vi más identificado con #YoNoSoyCharlie. Y es que sencillamente no puedo estar de acuerdo y mucho menos identificarme con un semanario de segunda mano, que dedica sus ediciones a burlarse de manera vulgar y despiadada de lo que otros consideran sagrado, y no solo refiriéndome al Cristianismo, sino a las creencias religiosas en general.

Ciertamente, a la gente parece darle una especie de comezón cuando se habla de que el humor también tiene cierto marco ético y entre ellos el respeto. Pero lo más interesante de la “sacrosanta”  e “ilimitada” libertad de expresión que muchos defienden, es que sí parece tener ciertos límites a conveniencia y al servicio de ciertas ideologías ya conocidas…

La doble moral de una libertad de expresión ideologizada

Es obvio que refiriéndonos al atentado terrorista y a cualquier otra manifestación de violencia que tenga a Dios como “bandera”, no corresponde a la religión sino al fanatismo. Hemos de entender entonces, que el fanatismo no es otra cosa que la desfiguración de la religión, y si a esto le adherimos una ideología – sea esta política o de cualquier otro color – tenemos como resultado criterios de los más torcidos e irracionales, que llevan a las personas a cometer barbaries inhumanas.

En este mismo sentido, la libertad de expresión viciada por ideologías políticas o de cualquier otra índole, ya no representan un derecho noble que respeta un marco de convivencia social, sino que sirve a la propagación de una ideología. Y es así que, decir algo en contra de la homosexualidad o del feminismo radical y abortista representa una discriminación, pero burlarse de la religión es un auténtico derecho de la sacrosanta libertad de expresión. Ciertamente, cuando lo decimo así pues ya nos suena sospechoso. Y es que la verdadera lucha aquí no es para ensalzar una irrespetuosa y vulgar libertad de expresión, sino para oponerse a la violencia.

Lastimosamente y con mucha pena, veo como hay muchos católicos que – confundidos por supuesto – escogen las banderas equivocadas, como es el caso de la revista jesuita Études, quienes en una equivocada muestra de “solidaridad” publicó varias portadas blasfemas de Charlie Hebdo, que lejos de mostrar un rechazo a la violencia, deja evidente la ignorancia y la capacidad de vender su fe y principios en pro de un equivocado sentido de “solidaridad”. En cuanto a esto, estoy seguro que san Ignacio de Loyola tendría mucho que decir – y con pena e indignación – de estos hijos suyos.

Nuestra postura como católicos

Quisiera recordarles a mis hermanos cristianos, que hay hermanos nuestros perseguidos en Irak y el resto del Medio Oriente, en donde diariamente mueren no 14 sino cientos de ellos, de maneras crueles e inhumanas a causa de su fe a manos del Estado Islámico. Con esto no disminuyo la relevancia y el repudio ante el atentado terrorista en Francia, pero como cristianos debemos situarnos en el puesto que nos corresponde como tales.

Nosotros luchamos contra la violencia en todas sus formas, y esto no abarca tan solo un semanario de medio pelo que, lastimosamente fue blanco de un ataque terrorista, sino también por las 19 víctimas de terrorismo en Nigeria, y por los perseguidos en Medio Oriente, y así por todas las víctimas de terrorismo. Nuestra bandera no es ideológica, y no servimos a una causa temporal mis estimados,  nosotros militamos bajo la bandera de Jesucristo el Hijo de Dios, y cuando esto no lo tenemos claro, terminamos movilizándonos bajo banderas equivocadas y muchas veces hasta contrarias a Cristo y a Su Iglesia.

Éste es un llamado a la objetividad y la coherencia. No debemos dejarnos arrastrar por luchas convenientes, ideológicas o temporales, sino por la misma doctrina que viene proclamando la Iglesia desde hace dos milenios en contra de la violencia, la prepotencia, el terrorismo y cualquier otra forma de atentado contra la dignidad del ser humano.
 

Twitter: @stevenneira

 

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