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¿Qué dice la Iglesia sobre el esparcimiento de las cenizas de los difuntos?

© Scattering CJ
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El caso “Scattering CJ” hace surgir un interrogante sobre la cremación y la conservación de las cenizas

La historia de las cenizas de CJ Twomey es muy particular. El 14 de abril de 2010 con sólo 20 años, el joven decidió quitarse la vida. Después de un periodo de gran sufrimiento, la madre no quiso que su hijo fuera recordado únicamente por su gesto desesperado, sino por lo que era, su humanidad, sus pasiones.

Cenizas en todo el mundo

A CJ le apasionaba viajar. Su madre, Hallie Twomey, creó una página en Facebook llamada Scattering CJ en honor al muchacho, pidiendo a los viajantes desconocidos que se llevaran consigo una foto del hijo y un puñado de sus cenizas para esparcir porque “él no logró ver el mundo – dijo la mamá del chico – y yo quiero darle lo que no tuvo la oportunidad de tener”.

Una historia que hace surgir un interrogante, especialmente para las personas de fe católica: ¿cómo se comporta la Iglesia respecto a la conservación de las cenizas de las personas difuntas?

¿Cremación o sepultura?

En 2011, la Iglesia italiana sancionó la “apertura” a la cremación de los difuntos, publicando en la nueva edición del “Rito de las exequias” un adecuado apéndice con las oraciones “en caso de cremación” reafirmando que la sepultura permanece la forma “más idónea para expresar la fe en la resurrección” y confirmando el ‘no’ al esparcimiento de las cenizas y la conservación en los lugares distintos del cementerio.

Monseñor Angelo Lameri, de la Oficina Litúrgica Nacional de la CEI, explicó que no había sido recibida la propuesta que prevé que en los cementerios se puedan depositar las cenizas en una facción de tierra consagrada a modo de compensación entre quien pide la dispersión y la indicación canónica.

Conservación de las cenizas

A continuación referimos el pasaje del “Rito de las exequias” en mérito a la conservación de las cenizas. Al tratarse de un libro litúrgico, constituye un texto de particular autoridad: “La práctica de esparcir las cenizas en la naturaleza o conservarlas en otros lugares distintos del cementerio, como por ejemplo, en las viviendas privadas, quita muchas preguntas y perplejidades.

La Iglesia tiene muchos motivos para ser contraria a elecciones similares que puedan sobrentender concepciones panteístas o naturalistas. Sobre todo en el caso del esparcimiento de las cenizas o de sepulturas anónimas se impide la posibilidad de expresar con referencia a un lugar preciso el dolor personal o comunitario. Además se vuelve más difícil el recuerdo de los muertos, extinguiéndolo antes de tiempo. Para las generaciones sucesivas la vida de aquellos que las han precedido desaparece sin dejar rastro” (Conferencia episcopal italiana, Rito de exequias, Ciudad del Vaticano 2011, 206).

La nueva edición del “Rito de las exequias” evitó concluir que la dispersión o la conservación en la casa de las cenizas deban considerarse necesariamente signo de una elección realizada por razones contrarias a la fe cristiana que comporten, por lo tanto, la privación de las exequias eclesiásticas.

Semejante conclusión acabaría en efecto por resultar un proceso a las intenciones del difunto. (cf. G. Cioli – C. Nardi, “La dispersión de las cenizas de los difuntos. Problemas teológicos, jurídicos y pastorales”, en Vivens homo 20 (2009), 393-404).

La doctrina católica es, por lo tanto, la que conocemos: “La Iglesia acepta la cremación, si no se decide por odio a la fe, es decir, para negar la resurrección de la carne proclamada en el Credo; pero no la promueve”.

 

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