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Papa Francisco: La Iglesia no es un grupo de elegidos en "microclima eclesiástico"

© Antoine Mekary / Aleteia

Radio Vaticano - publicado el 17/11/14

Homilía de este lunes en la Domus Santa Marta

Sucede en la Iglesia que los cristianos son tentados a estar con Jesús sin querer estar con los pobres y los marginados, aislándose en un “microclima eclesiástico” que nada tiene de auténticamente eclesial. Así lo ha dicho Papa Francisco en la homilía de la Misa en la Casa Santa Marta.

Mirar a Jesús olvidándose de verlo en el pobre que pide ayuda, en el marginado que asquea. Es la tentación que la Iglesia vive en todas las épocas, la de encerrarse en sí misma, en el interior de un “microclima eclesiástico”, como lo define el Papa, en vez de abrir las puertas a los socialmente excluidos.

La homilía de Francisco parte de una de las páginas más intensas del Evangelio, protagonista el ciego de Jericó. Este, observa el Papa, representa “la primera clase de personas” que puebla el relato del Evangelista Lucas. Un hombre que no contaba nada, pero que “quería la salvación”, “quería ser curado”, y por tanto grita más fuerte que el muro de la indiferencia que lo circunda hasta que vence su apuesta y consigue llamar “a la puerta del corazón de Jesús”.

A este hombre se le opone el círculo de los discípulos, que pretenden hacerle callar para que no moleste y así, afirma Papa Francisco, alejan “al Señor de la periferia”. “Esta periferia no podía llegar al Señor, porque este círculo, con buena voluntad,  cerraba la puerta. Y esto sucede con frecuencia, entre nosotros los creyentes: cuando encontramos al Señor, sin que nosotros nos demos cuenta, se crea este microclima eclesiástico. No solo los sacerdotes, los obispos, también los fieles: ‘Nosotros somos los que estamos con el Señor’. Y de tanto mirar al Señor no miramos las necesidades del Señor: no miramos al Señor que tiene hambre, que tiene sed, que está en prisión, que está en hospitales. Ese Señor, el marginado. Y este clima hace mucho mal”.

Con ironía no exenta de amargura, Papa Francisco pasa a la descripción de un grupo que se siente elegido: “ahora somos elegidos, estamos con el Señor”, dice, y que por tanto quiere conservar “este pequeño mundo” alejando al que quiera “molestar al Señor”, incluso a “los niños”. “Habían olvidado, habían abandonado, destaca, su primer amor”.

“Cuando en la Iglesia los fieles, los ministros, se convierten en un grupo así… no eclesial, sino ‘eclesiástico’, de privilegio de cercanía al Señor, tienen la tentación de olvidar el primer amor, ese amor tan bello que todos nosotros hemos tenido cuando el Señor nos ha llamado, nos ha salvado, nos ha dicho: ‘Te quiero mucho’. Esta es una tentación de los discípulos: olvidar el primer amor, es decir olvidar también las periferias, donde yo estaba antes, incluso si debo avergonzarme”.

Después está el tercer grupo en la escena: el “pueblo sencillo”, el que alaba a Dios por la curación del ciego. “¿Cuántas veces, afirma Papa Francisco, encontramos a gente humilde, muchos viejos que caminan y van” con sacrificio, “a rezar en un santuario de la Virgen”. “No pedían privilegios, piden solo gracia”. Es el “pueblo fiel”, concluye el Papa, el “que sabe seguir al Señor, sin pedir ningún privilegio”, capaz “de perder el tiempo con el Señor” y sobre todo no olvidar a la “Iglesia marginada” de los niños, de los enfermos, de los encarcelados.

“Pidamos al Señor la gracia de que todos nosotros, los que tenemos la gracia de ser llamados, nunca, nunca nos alejemos de esta Iglesia. Que no entremos en este microclima de los discípulos eclesiásticos, privilegiados, que se alejan de la Iglesia de Dios, que sufre, que pide salvación, que pide fe, que pide la Palabra de Dios. Pidamos la gracia de ser el pueblo fiel de Dios, sin pedir al Señor ningún privilegio, que nos aleja del pueblo de Dios”.

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