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¿Quién era la mujer de Caín?

© Public Domain
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¿Pero Adán y Eva no eran la única pareja humana? ¿De dónde sale esa mujer?

Leyendo el Antiguo Testamento tengo varias dudas. Se dice por ejemplo que Caín, después de matar a Abel, se casó y engendró a Enoc, pero si Adán y Eva eran los únicos seres humanos, y en ese momento tenían como hijo sólo a Caín, ¿cómo hizo este para casarse? ¿Cómo es posible que Adán viviera 930 años y después de Caín y Abel engendrara otros hijos e hijas? ¿Quizás los años no los calculaban de 365 días? (S. P.)
 
Responde sor Giovanna Cheli, profesora de Sagrada Escritura en la Facultad Teológica de Italia Central.

Las preguntas propuestas son muchas, pero tienen un denominador común: ¿cómo explicar algunas contradicciones que se encuentran en la Sagrada Escritura y en particular, según el interés mostrado, en el Antiguo Testamento?

Divido la respuesta en dos partes. Primero explico por qué existen estas contradicciones, y después intento responder a las preguntas concretas de la lectora.

Por supuesto que la respuesta simplifica al máximo cuestiones mucho más complicadas y profundas de lo que es posible expresar en pocas palabras.

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La Constitución dogmática Dei Verbum, documento del Concilio Vaticano II sobre la Palabra de Dios, escribe en el n°12: “Dios habló en la Sagrada Escritura por medio de hombres y a la manera humana”.

Este principio fundamental dice algo indispensable para la comprensión de toda página de la Biblia. La Palabra de Dios en la Sagrada Escritura nos llega siempre a través de alguien y siempre con lenguaje humano, y esto es un signo de la gran “condescendencia” de Dios hacia nosotros.

Dice también el Concilio: “las palaras de Dios, de hecho, expresadas con lenguas humanas se han hecho similares al lenguaje del hombre, como ya el Verbo del Eterno Padre, habiendo asumido las debilidades de la naturaleza humana, se hizo igual al hombre” (DV13).

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Por tanto, la Sagrada Escritura, como palabra humana, contiene contradicciones, pero como Palabra de Dios presenta toda la verdad salvífica revelada en el Verbo hecho carne: “A Dios nadie lo ha visto jamás, el Hijo unigénito que está en el seno del Padre es quien nos lo ha revelado” (Jn 1,18).

Estas pocas cosas que he citado ya son suficientes para explicar que las contradicciones lógicas presentes en el texto sagrado, no invalidan la perspectiva salvífica que los dos autores, Dios y el hombre, nos dan: el primero como artífice de la salvación y fuente de la inspiración, el segundo como destinatario de la revelación e instrumento inspirado, que emplea sus facultades naturales para contarnos la salvación.

El principio de la Encarnación es el parámetro correcto para comprender en qué sentido la Sagrada Escritura es Palabra de Dios: el Verbo que se hace carne, en la historicidad de su existencia asume una cultura, una lengua, así también la Palabra de Dios, expresándose en palabras humanas, asume también una cultura y una lengua.

Por eso, como dice san Máximo el Confesor: “si no conoces las palabras, difícilmente llegarás a la Palabra”.

pixabay.com

Por tanto, la interpretación de la Sagrada Escritura es indispensable para evitar la tentación del literalismo o del fundamentalismo, que induce confundir la Palabra con las palabras con las que están escritos los textos sagrados.

La tarea de la interpretación es por tanto la de superar el límite de las palabras para captar el mensaje salvífico contenido en él.

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¿Por qué hay contradicciones en la Biblia?

Una vez aclarados estos principios esenciales, puedo responder a la primera cuestión: las contradicciones en la Biblia tienen que ver con los límites culturales y del lenguaje, de un genero literario o de otro, en los que se encarna la Palabra de Dios para hacernos llegar el mensaje salvador de Dios.

Las dificultades se superan pensando que se debe mirar a la Escritura poniendo “la debida atención a las maneras de entender, de expresarse y de narrar de los tiempos del hagiógrafo” (DV12).

Respecto al hecho de que Caín tenga mujer a pesar de que no se hable nunca de otros hijos de los progenitores, ni de mujeres en general, yo diría simplemente que el relato no se detiene en este detalle.

Se evocan los personajes principales tras haber establecido el principio masculino y femenino en Adán y Eva y haber aclarado el aspecto de la procreación humana [no es un relato histórico, sino que pretende sentar principios de interpretación de la historia de la salvación, nota del editor].

Además, hay otra página, esta vez del Evangelio, en la que no se cuenta a las mujeres y los niños; cuando se refiere al milagro de los panes, Mateo al recoger el número de los presentes precisa: “eran cinco mil hombres sin contar mujeres y niños” (Mt 14,21); evidentemente se acostumbraba a no tener en cuenta estas categorías consideradas más débiles.

Finalmente, respecto a la edad fantástica de los personajes bíblicos, no hay necesidad de desajustar la cuenta de los días del año.

El valor de estos números es fuertemente simbólico: antiguamente se consideraba que el hombre justo y agradable a Dios vivía mucho tiempo, era fuerte y tenía una numerosa descendencia.

Así la vida del hombre fiel a Dios pasaba naturalmente de la abundancia de los años vividos en la tierra a la eternidad en perfecta comunión con Dios.

Sobre Enoc se afirma claramente: “toda la vida de Enoc fue de trescientos sesenta y cinco años. Enoc caminó con Dios y después desapareció porque Dios lo arrebató” (Gen 5,23).

Nuestro tiempo de vida terrenal es más bien limitado, pero no será menos significativo si dejamos crecer en nosotros el amor que Dios ha revelado con su Palabra.

Artículo publicado por Toscana Oggi y traducido por Aleteia

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