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La iglesia que los nazis intentaron derribar cuando arrasaron Varsovia

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Gerardo Rodríguez - publicado el 07/11/14

Fue en la Segunda Guerra Mundial: pero los muros de la iglesia del Salvador quedaron en pie

En la iglesia del Salvador y en la casa parroquial de la calle Marszalkowska nº 37 los sacerdotes son informados constantemente por los hombres de la ciudad y por sus mismos feligreses de noticias cada vez más trágicas: los alemanes están incendiando las casas cercanas, fusilan a los hombres y arrojan a la calle a todos los habitantes.

Al mediodía del 5 de agosto los hombres de las SS junto a las fuerzas colaboradoras procedentes del este hacen un operativo cerrojo en la calle Marszalkowska en el tramo que va desde la plaza del Salvador hasta la plaza de los laureles. Se precipitan en los patios gritando Alles raus y expulsan a todos fuera de sus casas. En el lado opuesto de la acera se encuentran cientos de personas, la mayoría son los residentes de las casas vecinas.

Los alemanes les ordenan tumbarse sobre la acera, cubierta de escombros y vidrios rotos, junto a una farmacia. Pronto separan a los hombres de las mujeres y de los niños, quienes son conducidos hacia algún lugar. Alrededor arden las casas. Los hombres de las SS y sus colaboradores caminan entre los que yacen tumbados con las armas listas para disparar. Entre los que se encuentran así está el padre Aleksander Ceglowski, vicario de la parroquia del Salvador, quien escucha una conversación apagada en alemán. Los soldados esperan las órdenes de la Gestapo en su sede de la avenida Szucha, donde todos tienen que ser fusilados – en el campo de Mokotów, en el antiguo edificio del Ministerio del Interior.

En cierto momento el sacerdote divisa a un agente de la Gestapo conduciendo a un muchachito con el brazalete blanco-rojo, distintivo de los insurgentes. El hombre de la gestapo lo coloca de cara a la farmacia en llamas, con una pistola le dispara en la nuca, luego toma el cuerpo ensangrentado por las piernas y lo arroja a las llamas.

Después de dos horas los alemanes les ordenan a todos ponerse de pie, colocan a la gente en columnas y las conducen por la calle Lituania. Entonces apartan de este grupo a un centenar de personas y las trasladan al patio del edificio de la gestapo. Dentro de este grupo se encuentran los sacerdotes: Alexander Ceglowski, Witold Fultyn y Włodarczyk y vicarios de la parroquia: Jan Ostrowski, Józef Sykulski de la arquidiócesis de Cracovia, Józef Zdunek y el seminarista Romanczyk.

Los agentes de la Gestapo conducen a las personas en grupo para ser interrogadas. Dos oficiales se encargan de interrogar al padre Fultyn preguntándole, entre otras cosas, si pertenece al AK, o si en la casa parroquial había insurgentes. Por la noche los alemanes encierran a todos los hombres en los sótanos.

Al día siguiente después del mediodía sacan a los ocho sacerdotes y los conducen a la sala principal. Alrededor se encuentran algunos hombres de las SS con metralletas. Desde una habitación, luciendo un elegante uniforme, con un látigo en la mano sale un general alemán rodeado de sus oficiales.

Con una mirada amenazante inspecciona a los sacerdotes, y dice ásperamente:

– Unos insurgentes dispararon desde la torre de la iglesia del Salvador matando al Hauptman X, mi mejor amigo y soldado. Si en el transcurso de unos horas estos insurgentes no son traídos ante mí, la iglesia será bombardeada y todos los sacerdotes arrestados.

Ante este reclamo los padres Fultyn y Zdunek van hasta la iglesia y se dirigen hacia la torre. Por suerte no hay nadie, ni rastros de que alguien estaba alojado allí. Después de una hora vuelven a la sede de la Gestapo. Explican a aquellos oficiales que ni en la torre, ni en la iglesia no hay ni hubo insurgentes.

El oficial declara entonces que en la iglesia debe permanecer 

constantemente uno de los sacerdotes, atento a todo lo que suceda y no permitir a los insurgentes dirigir desde allí algún tipo de acción contra el ejército alemán. Bajo escolta todos los sacerdotes son conducidos hasta la intersección de la calle Lituania y Marszalkowska.

A través de las calles cubiertas de vidrios y escombros y cadáveres carbonizados, los sacerdotes regresan a la casa parroquial al lado de la iglesia y vivirán allí hasta la rendición.

La iglesia del Salvador, que durante el asedio de la capital en septiembre de 1939, sufrió graves daños (se quemó una de las torres), del levantamiento – se encontraba en medio de la línea de combate – había salido sin daños. Sólo después de la capitulación y el desplazamiento de la población estuvo condenada a la destrucción total.

Durante una docena de días los ingenieros del así llamado Vernichtungskommando perforaron con taladros neumáticos haciendo agujeros en las paredes, luego colocaron cargas de dinamita, pero los fuertes muros de la construcción del templo pudieron soportar las poderosas explosiones, sólo cedió a la destrucción las bóvedas, la iglesia inferior y el casco de la segunda torre.

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