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Chequeo espiritual

2 min de lectura

Esta mañana tengo cita en el hospital para ir a hacer unas pruebas radiológicas a dos de mis hijos, comprobaciones rutinarias tras las últimas revisiones. Me han dado que pensar…

¡Cuánto nos preocupamos por estar bien por fuera! El espejo es imprescindible en nuestro alrededor para comprobar qué es lo que se ve, lo que otros van a ver. Pensamos que la mayor de las intimidades es vernos desnudos frente a él, sin percatarnos que el cuerpo, por muy desnudo que esté, es nuestra carta de presentación exterior. Nos rodeamos de modas, estilos, colores, marcas, cremas, tatuajes, depilados… porque, al final, nos preocupa que lo que otros vean sea lo que nosotros queremos. Es más, nos preocupa que lo que vemos nos guste a nosotros mismos. Y, ciertamente, no está mal.

 

Pero eso que el espejo nos devuelve no es lo más íntimo, por muy desnudos que nos encontremos. ¿Qué pasa adentro? ¿Qué sucede con lo que no se ve? ¿Quién se preocupa de "radiografiarse" a sí mismo, de echar un vistazo a lo que nos mueve, al latir de nuestro corazón, a lo obstruído de nuestro espíritu? Igual que cuando toca ir al médico, muchos prefieren no mirar. Mejor no hacerse pruebas, mejor no hacerse un chequeo, mejor vivir pensando que todo es correcto, mejor no detectar problemas que desestabilicen nuestro bienestar. ¿Cómo andamos de niveles de envidia, de tristeza, de esperanza? ¿Tenemos alto el desánimo? ¿Está fuera de control la apatía? ¿Demasiado baja la fe? ¿Sale el dibujo correcto en el electro de nuestro corazón?

Llega el fin de semana, comienza el otoño. Yo ya tengo en mente buscarme un retiro espiritual para este año. Lo más peligroso para la salud, también para la espiritual, suele ser invisible. Vale la pena hacerse una "radiografía" de vez en cuando. Luego puede ser demasiado tarde.