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La usura, los buitres y la basura. (Parte II)

© Ollyy/SHUTTERSTOCK
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Cuando la Iglesia condena la usura no dice que los bancos no deben existir, sino que no se puede vivir a costa de los demás

En la primera parte del artículo, destacaba cómo el pensamiento económico actual deja patente lo que le ha costado a la humanidad sacudirse de encima las antiguas doctrinas y esa imagen del prestamista como buitre carroñero esperando abalanzarse sobre su presa para entender que el mercado es uno de los instrumentos financieros más útiles para canalizar los recursos y que los límites a la usura dificultan la prosperidad económica. Y el hombre que deviene próspero es dueño de su tiempo y ese es el primer paso para conquistar su libertad.

Pero…tras los diferentes episodios que se han ido sucediendo tras la crisis financiera ¿podemos aseverar que este paradigma ha propiciado la tan ansiada prosperidad y libertad? No discuto la utilidad instrumental de los mercados, pero tenemos demasiadas pruebas de que, en su realidad instrumental, han tenido lugar tanto la prosperidad económica como la transmisión de las graves crisis financieras y monetarias. Por otra parte, y añadido a lo anterior, la imperfección de los mercados muchas veces disfrazada de perfección ha sido causa y vehículo copartícipe en la génesis de dichas crisis.
Supongamos que el mercado de crédito se rige bajo la competencia perfecta, el tipo de interés reflejará la impaciencia agregada que se desprende de las transacciones que desean realizar los participantes pero obvia las características relevantes de qué ha suscitado la necesidad de crédito.

Imagine que una organización delictiva le amenaza de muerte y que sólo dejarán de llevar a cabo su amenaza si les paga una cantidad de dinero del que no dispone. Una solución inmediata es acudir a los mercados de crédito. En este caso, la impaciencia revelada no será consecuencia de la valoración actual del valor añadido que se genere por un proyecto. Simplemente no hay proyecto ni valor añadido. Sólo desesperación. La cuestión es que el mercado como tal no distingue entre situaciones, sólo entiende de demandas y ofertas, de paciencias e impaciencias. Y cuando se eleva el mercado a los altares, pasamos a que directamente no nos preocupe la situación que se da tras el telón del anonimato que imponen.

Por supuesto, este caso es extremo pero en la casuística real se dan circunstancias de los sujetos que pueden traducirse en impaciencia sin que quede al descubierto la naturaleza de la misma. El mercado, en el mejor de sus funcionamientos, bajo competencia perfecta, impone el frío telón que nos aísla de las circunstancias que se esconden tras la expresión de la impaciencia.  

Si además, aterrizamos en los regímenes reales de funcionamiento de los mercados financieros, las imperfecciones abundan. Asimetrías de información y  en el poder de negociación, así como externalidades y problemas de racionalidad implican un funcionamiento no óptimo de los mercados de crédito.  

¿En cuántas naciones de Africanas, los dictadores de turno impulsados, alzados o depuestos durante la Guerra Fría han adquirido bienes y armamento a crédito bajo la promesa de que el pueblo lo devolverá, sin que éste pudiera negarse? Este tipo de deuda por demanda inducida, en el que el demandante real no es quien acaba pagando, muestra la impaciencia en los mercados financieros de los que viven por encima de las posibilidades de otros. Este tipo de deuda es sangrante y ha sido propiciada para el dinamismo de uno de los mercados más alarmantes y lamentables que existe, el mercado de armamento.

De igual manera, la corrupción política en España ha propiciado crecimientos económicos a crédito, sin respaldo de valor añadido futuro, con el interés carroñero de un buitre que ronda el esfuerzo diario de gente de a pie. Son innumerables los casos que tenemos sobre la mesa que evidencian la lamentable connivencia de lo político y la intermediación financiera en un mercado disfrazado de eficiencias. El listado de casos de corrupción abruma.  Tanto en el caso Pujol, que saltó a la prensa recientemente, así como en el

caso Bárcenas y en el caso Nóos, los mercados financieros han servido como instrumento de desvío y ocultación. Lo que sucede es que para que unos corruptos obtengan fondos sin generar valor añadido, muchas personas de bien que se levantan todos los días para trabajar pronto y generar valor añadido se han tenido que sobre endeudar. Porque, en el fondo, si consiguiéramos seguir el hilo de los efectos de la corrupción que los mercados se obstinan dejar en el anonimato descubriríamos que la salud financiera de mucha gente ha sido víctima del “tres percent” Es vivir a costa de los demás y por encima de sus posibilidades, posibilidades ampliadas financieramente en connivencia con instituciones bancarias.

Pero los abusos relacionados con en este mercado no se acaban aquí.  La información imperfecta y asimétrica ha dado lugar a que ahorradores no supieran lo que estaban contrayendo con las preferentes. Muchos españoles fueron cegados interesadamente frente a los riesgos de las deudas hipotecarias contraídas en pleno boom inmobiliario. Estas situaciones han generado una serie de externalidades sociales, dramas personales, desahucios y suicidios. Por supuesto, este funcionamiento no ha generado mayor libertad. El que vive sobre endeudado vive una suerte de esclavitud y ansiedad por la carencia en los suyos. ¿Dónde queda la promulgada Libertad? ¿Dónde queda la prosperidad económica y la eficiencia prometida por el liberalismo en estos casos cuando un mercado presenta tantas imperfecciones? y no existiendo, si hay quien se aprovecha y hay quien sufre las consecuencias ¿dónde la protección social?

Curiosamente las medidas políticas adoptadas llegan a un nivel de cinismo tremendo. En aras de la eficiencia se recorta en la protección de lo social y se financia a los intermediadores financieros sin preguntarse por la falta de eficiencia manifiesta en los mercados en los que operan y su propia inoperancia. Sin dudar habilitan y desde lo público, con los impuestos de todos, un banco malo que permita una digestión social lenta cual boa constrictor de todos desmanes financieros. Que nos sea leve y mucha sal de fruta, oiga. Pero aparece una vacuna para curar la Hepatitis C, en España unos 5000 pacientes están en riesgo de muerte, y el Gobierno se ha mostrado reticente a su administración financiada por el sistema de salud.

Si frente a los abusos financieros y a las evidentes imperfecciones del mercado financiero no hay suficiente protección social ni defensa del espacio público,  éste se convierte en un vertedero donde echar la basura derivada del rapiñar de buitres que después vuelan con su botín a otros lares financieros. Las últimas crisis de finales de inicio del presente siglo así lo han mostrado.

Al principio de este artículo, advertía cómo el pensamiento económico había tardado más de varios milenios en sacudirse esa imagen denostada del prestamista que arrancaba en la cita bíblica del Levítico 25,36 “del hermano no se tomará ni interés ni usura”. No obstante, invito al lector a leer la cita entera Levítico 25,35-41 para no quedarnos en la antesala y lo superficial.

 "35 Si tu hermano se empobrece y vacila su mano en asuntos contigo, lo mantendrás como forastero o huésped, para que pueda vivir junto a ti.
36 No tomarás de él interés ni usura, antes bien teme a tu Dios y deja vivir a tu hermano junto a ti.
37 No le darás por interés tu dinero ni le darás tus víveres a usura.
38 Yo soy Yahveh, vuestro Dios, que os saqué de la tierra de Egipto, para daros la tierra de Canaán y ser vuestro Dios.
39 Si se empobrece tu hermano en asuntos contigo y tú lo compras, no le impondrás trabajos de esclavo;
40 estará contigo como jornalero o como huésped, y trabajará junto a ti hasta el año del jubileo.
41 Entonces saldrá de tu casa, él y sus hijos con él, volverá a su familia y a la propiedad de sus padres“

 
Y uno descubre en este texto de año 1512 A.C. un sentido de lo social en las relaciones económicas y financieras mucho más profundo de lo que imaginaba y envidiable para los tiempos que corren. Algo tan simple y que se nos ha pasado por alto tanto tiempo. Lo financiero no tiene el fin en sí mismo si no que es instrumento para el desarrollo del hombre protegiendo y preservando su Libertad. Uno no puede esclavizar mediante usura a quien Dios le dio el don de la Libertad. Esto no va contra los mercados en tanto como instrumento, pero pone un cerco muy claro al abuso.

A lo largo de estos milenios, tal vez nos hemos centrado demasiado en el sentido económico de la transacción y no del servicio al prójimo. Tal vez, hemos empleado todo este tiempo en nimiedades y trifulcas basadas en la lectura parcial de un texto de hace 3500 años, fijándonos en el dedo que apunta a la Luna. Tal vez, en todo este tiempo, lo que queda demostrado es nuestra soberbia de no querer leer ni aprender de la sabiduría de los que nos precedieron. ¿Aprenderemos?

 

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