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Papa Francisco casó a parejas que ya convivían, ¿hizo bien?

AP Photo/Alessandra Tarantino
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Los pro y contra de ofrecer el matrimonio sacramental a novios que conviven en una cultura no catequizada

El New York Times publicaba un artículo titulado “Beyond Marriage” (Más allá del matrimonio) que informaba sobre las altas tasas de convivencia y de nacimientos fuera del matrimonio, y del matrimonio que desaparece como norma social. El mismo día, el papa Francisco presidía el matrimonio de veinte parejas, algunas de las cuales convivían y en al menos una de las cuales la novia había tenido un hijo fuera del matrimonio.
 
Ninguno de los medios de comunicación pareció sorprendido o molesto por los hechos que recogía "Beyond Marriage", pero las acciones del Papa Francisco suscitaron el frenesí mediático. ¿Está cambiando las reglas? ¿Está superando los límites ante el Sínodo extraordinario sobre la familia de octubre?
 
Podemos dejar de lado la pregunta sobre si una pareja puede ser admitida al matrimonio sacramental si convive. La respuesta es obviamente sí, dado que ninguna ley impide un matrimonio de este tipo (Código de Derecho Canónico, can. 1073-1094)
 
La pregunta interesante es en realidad si deberían casarse si conviven. Y este es un argumento pastoral con razones más bien concluyentes por ambos lados.
 
Consideremos primero los argumentos contra la admisión al matrimonio de las parejas que conviven. Estas argumentaciones se basan en la idea de que las parejas que conviven, por definición, no comprenden la naturaleza del matrimonio. En casos extremos, esta argumentación podría ser incluso usada para oponerse a su validez
 
Un filosofo católico y amigo mío lo planteaba en estos términos: “Me pregunto si no podría elaborarse una argumentación de derecho canónico, o más en concreto una argumentación contra la validez:
 
1.No puede casarse válidamente si no reconoce que el compromiso debe ser total.
2. No puedes mantener un compromiso total si o crees que las relaciones sexuales estén bajo la ley de Dios.
3. Si convives, no puedes considerar las relaciones sexuales bajo la ley de Dios.
4. Es difícil creer que un solo acto (por ejemplo el voto matrimonial) cambie la intención y las convicciones de una persona que ha vivido un largo periodo de tiempo de una cierta forma”.
 
En otras palabras, por su misma historia, los que conviven minan las condiciones requeridas para contraer un matrimonio válido. Estos matrimonios podrían ser ipso facto nulos.
 
¿Cuáles son las posibles argumentaciones a favor de la admisión de las parejas que conviven al matrimonio? En este caso se basan en tres ideas:
 
1. El matrimonio es una institución natural hacia la cual las personas tienden de alguna forma en toda cultura (por ejemplo formando uniones domesticas).
 
2. Visto que se tiende naturalmente a él, evitar la regularización de acuerdos domésticos pondría un peso irrazonable sobre las personas.
 
3. El matrimonio de quienes quieren hacer un voto matrimonial propio – de alguna forma hayan llegado a esta voluntad – puede entenderse como un paso en el camino de la plena conversión, y no como el premio de la conversión ya alcanzada.
 
La cobertura por parte de los medios de la ceremonia en el Vaticano refirió que uno de los novios dijo: “Cuando comprendimos lo que estaba sucediendo, que no era un sueño, nos ha transformado”.
 
¿Qué tipo de pastoral es la mejor, entonces? Suponiendo que estamos en una cultura cristiana en la que la gente sabe – siente y ha comprendido – qué es el matrimonio, entonces el camino mejor podría implicar el hecho de llamar a las parejas a reformarse, a rezar y a estudiar antes de tomar en consideración el matrimonio. Y creo que aún hoy existen comunidades, como en la que yo crecí, en la que esta descripción aún se comprende: de niña tuve la bendición de conocer a muchas familias que vivían la llamada de Dios al matrimonio y a la familia con fe y fecundidad.

 
Por otro lado, si vivimos en un mundo en que las parejas que piden el matrimonio nunca han comprendido qué significa estar casadas – si están casi privadas de catequesis, evangelización y conversión –, entonces la forma correcta podría parecerse a la de los misioneros. Es muy difícil imaginar que les pidieran a las poblaciones locales que se abstuvieran de vivir de forma conyugal, se arrepintieran y sólo entonces se casaran como es debido.
 
Se podría objetar, obviamente, que estos nativos no conocían el Evangelio, no tenían el catecismo. No podían haber pecado viviendo juntos sin estar casados. Y yo diría que este es precisamente el punto. Por lo tanto, llegamos a la pregunta de en qué tipo de mundo creemos que estamos.
 
Creo que podemos leer lo que decía el New York Times como argumento decisivo del hecho de que vivimos en un mundo parecido al que encontraron los misioneros.
 
¿Y el papa Francisco? Creo que la Evangelii Gaudium es una apología por excelencia de lo que piensa. En el texto dice muy claramente qué tipo de mundo cree que es el nuestro: un mundo en el que debemos “poner todo en clave misionera” (EG, 34).
 
Es verdaderamente difícil pensar que el Papa no pensara en el trabajo pastoral con las parejas cuando escribía:
 
“Hay normas o preceptos eclesiales que pueden haber sido muy eficaces en otras épocas pero que ya no tienen la misma fuerza educativa como cauces de vida. Santo Tomás de Aquino destacaba que los preceptos dados por Cristo y los Apóstoles al Pueblo de Dios «son poquísimos». Citando a san Agustín, advertía que los preceptos añadidos por la Iglesia posteriormente deben exigirse con moderación «para no hacer pesada la vida a los fieles» y convertir nuestra religión en una esclavitud, cuando «la misericordia de Dios quiso que fuera libre»”. (EG, 43).
 
El pontífice prosigue afirmando que “estas convicciones también tienen consecuencias pastorales que estamos llamados a considerar con prudencia y audacia. A menudo nos comportamos como controladores de la gracia y no como facilitadores. Pero la Iglesia no es una aduana, es la casa paterna donde hay lugar para cada uno con su vida a cuestas” (EG, 47).
 
Y concluye: “Salgamos… mientras fuera hay una multitud hambrienta y Jesús nos repite sin descanso: ‘Dadles vosotros mismos de comer’ (Mc6,37)”.
 
 
Catherine Ruth Pakaluk es asistente de Economía en el Ave Maria University, Faculty Research Fellow del Stein Center for Social Research, y Senior Fellow en Economía en el Austin Institute for the Study of Family and Culture. Su investigación se concentra en: demografía, género, familia y economía de la educación y de la religión. Trabaja también en la interpretación de la historia del pensamiento social católico. Tiene un doctorado en Economía por la Universidad de Harvard (2010). Vive en Ave Maria (Florida), con su marido Michael y sus siete hijos.
 
 

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