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La valentía de casarse

© Public Domain
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La misión de los esposos es la entrega de por vida a una persona concreta

El Papa Francisco preside por primera vez la celebración de veinte matrimonios en Roma. La importancia que el Papa está dando en su misión pastoral a la familia es innegable. No en vano vamos a tener durante este curso dos reuniones sinodales sobre la Familia. Lo hace en perfecta continuidad con los Papas San Juan Pablo II y Benedicto XVI, que también dieron prioridad pastoral al matrimonio y a la familia. Además de ser Iglesia doméstica y cédula de la sociedad, en la familia se concentran otras grandes opciones de la Iglesia: la opción por la defensa de la dignidad humana (que se aprende, se realiza y se protege en la familia), la opción por los pobres (los pobres lo son en, desde, por, y para la familia), y la opción por la evangelización (la familia es a la vez la primera realidad evangelizada y evangelizadora).

Como en tantos otros temas, el Papa Francisco, también sobre el matrimonio y la familia, ofrece una particularísima novedad en la manera llana, rotunda y sencilla de hablar. Por ejemplo, lo que les dijo a los nuevos matrimonios que participaron en una de las últimas audiencias de los miércoles: que “hay que tener valor para casarse hoy” y, más directo aún, dirigiéndose a todos ellos, al exclamar: “sois unos valientes”.

Que el Papa llame públicamente valiente a alguien ya es bastante novedoso, pero que además lo haga a un buen grupo de nuevos matrimonios, mucho más. Hoy empieza a no ser una realidad socialmente valorada y reconocida. Ni siquiera cuando un esposo o una esposa presentan a su conyugue dicen: “este es mi marido”, o “esta es mi mujer”. Sino que dicen “te presento a mi pareja”. Hace muy bien un amigo mío en aprovechar la ocasión para preguntar: “¿Y dónde esta el tercero?”. ¡Porque si te presentan a una pareja, es que te presenta a dos personas, no a una!

Siempre se ha hablado de la valentía, por ejemplo, de los misioneros. Y sin duda cada vez se requiera más valentía para irse a una misión, aunque ya no tengan que despedirse para siempre de sus familias porque en este mundo globalizado es más fácil viajar. Pero, queriendo interpretar la expresión del Papa, no creo que sea menor la valentía de los esposos: los misioneros se entregan a la misión de la Iglesia para toda la vida, pero la misión tiene miles de destinatarios, miles de rostros. En este sentido la misión de los esposos es de una exigencia aún mayor: supone la entrega de por vida a una persona concreta, y con ella, a los hijos fruto y continuidad de esa misma entrega.

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