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¿Qué piensa la Iglesia de los cultivos transgénicos?

© Boku wa Kage
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La Iglesia está a favor de las investigaciones científicas que estén orientadas, única y exclusivamente, al verdadero bien del ser humano. ¿Es este el caso?

“La técnica se inserta en el mandato de cultivar y custodiar la tierra (cf. Gn 2,15), que Dios ha confiado al hombre, y se orienta a reforzar esa alianza entre ser humano y medio ambiente que debe reflejar el amor creador de Dios”: (Caritas in veritate, 69).

Introducción

Antes que todo, una premisa: Hoy por hoy se hace necesaria y urgente una creciente y sólida conexión entre ciencia y conciencia y/o una mayor sensibilidad ética dado el imparable desarrollo científico y técnico que está consiguiendo la humanidad. Es correcto pensar siempre que toda ciencia necesita de la conciencia: la ciencia sin conciencia se vuelve contra el hombre.

Posiciones divergentes

El tema de la manipulación genética en el ámbito de los cultivos y productos transgénicos ha tenido y tiene detractores y defensores porque no hay plena claridad y no hay resultados contundentes en uno u otro sentido. Los defensores de los cultivos o productos transgénicos dicen que los alimentos transgénicos, actualmente disponibles en el mercado internacional, han sido evaluados rigurosamente y no presentan riesgos para la salud humana. También dicen que los agricultores son favorables a estas prácticas porque han adoptado rápidamente los cultivos transgénicos debido a sus ventajas económicas, ambientales y agronómicas.

Los detractores dicen que los alimentos transgénicos no son seguros, que no se conocen los efectos en la salud a largo plazo, que muchos agricultores no quieren cultivar transgénicos pues económicamente estarían en desventaja frente a las grandes multinacionales que se harán al control del mercado agrícola, que los alimentos transgénicos, según algunos críticos, también podrían afectar la salud humana pues al ingerir ciertos genes introducidos al organismo las personas podrían, por ejemplo, desarrollar resistencia a antibióticos y, finalmente, que los cultivos transgénicos causarían daños ambientales. Cómo se puede ver hay divergencias y dudas al respecto.

Objeciones

La biotecnología transgénica presenta pues un rango excitante de posibilidades. Sin embargo, estas posibilidades también incluyen peligros potenciales. ¿Cuáles son los riesgos conocidos asociados a la transgénica? ¿Cuáles son los efectos ambientales a largo plazo cuando los transgénicos son liberados en el medio ambiente? ¿Qué controles y revisiones éticas, sociales y legales deben ser impuestos sobre este tipo de investigación? ¿Estamos borrando o alterando las líneas divisorias entre las especies al crear combinaciones transgénicas? Algunos individuos han argumentado que el cruce de las líneas de las especies no es natural, es inmoral y es una violación de las leyes de Dios. Este argumento presume que los límites entre las especies son fijos y fáciles de delinear.

Otro dilema tendría que ver con el ánimo de lucro, es decir, si estas técnicas van a tener como fin enriquecer a unos pocos en detrimento de la mayoría de la población campesina que vive de la agricultura; de ser así no podría apoyarse desde un punto de vista moral. Otra cuestión a tener en cuenta son las patentes pues Dios dio al hombre la creación para que se dispusiera de ella a favor de toda la humanidad por lo que ninguna empresa debería patentar productos vegetales o células. Alguien ha dicho que los transgénicos no son sino un engaño para satisfacer los caprichos de las grandes multinacionales.

¿Qué es un cultivo transgénico?

Un cultivo transgénico es aquel donde han sido sembradas semillas transgénicas, que a su vez darán origen a alimentos o productostransgénicos. Una semilla transgénica es aquella que contiene un gen o genes que han sido insertados artificialmente por medio de la biotecnología moderna, en lugar de haberlos adquirido por medio de la polinización.

No hay que confundir un producto 

transgénico con un hibrido en el que se comparten patrimonios genéticos similares de la misma especie. Un organismo genéticamente modificado es un organismo al cual su material  genético ha sido alterado. La ingeniería genética permite modificar organismos mediante la transgénesis o la cisgénesis es decir la inserción de uno o varios genes en el genoma. El proceso de creación de un transgen implica el aislamiento del gene de interés de entre las decenas de miles de otros genes del genoma de la especie donante del gen. Una vez que el gen es aislado, éste es generalmente alterado de manera tal que pueda funcionar efectivamente en el organismo receptor. Y para esto el gen es combinado con otros genes como preparación a su inserción dentro de otro organismo y aquí es cuando recibe el nombre de transgen. La secuencia de gen (es) insertado (s) (llamada el transgen) puede provenir de otra planta no relacionada o de una especie completamente diferente.

En el tema de los cultivos genéticamente modificados se han dado dos etapas o generaciones. La primera generación tenía como objetivo principal beneficiar la productividad agrícola, ya que se buscaba que las nuevas plantas creadas tuvieran ciertas propiedades como resistencia a las plagas, la capacidad de tolerar condiciones climáticas adversas, mejorar la tolerancia a herbicidas, la disminución de las necesidades de agua, tener un tiempo de caducidad más largo, modificar el tiempo de maduración y sirvieran para ayudar a solucionar el problema del hambre. Condiciones ideales para, por ejemplo, luchar contra la pobreza y hacer frente al cambio climático; teniendo en cuenta además que las prácticas agrícolas actuales ya no se mantienen ante la, cada vez más enorme, pérdida de terreno agrícola, la creciente demanda de alimentos y la inaceptable cantidad de pesticidas usados en todo el mundo. Todo esto repercutirá negativamente en la
 capacidad de alimentar la población. Es por esto que las nuevas biotecnologías aplicadas a la agricultura son más que urgentes que nunca si se tiene en cuenta que la población mundial aumentará alrededor de 2.000 millones de personas para el año 2.050.

Y la siguiente generación de transgénicos ha buscado beneficiar a los consumidores directamente, ya que se han creado productos con mayor contenido de nutrientes que ayudarían en teoría a prevenir enfermedades y con menor cantidad de toxinas y alérgenos perjudiciales para la salud. Como vemos, tanto en la primera como en la segunda generación, hay al menos buenas intenciones o buenos propósitos. De ser así, y no hay sombra de duda, en este sentido los transgénicos son completa y moralmente lícitos.

Posición de la Iglesia ante la manipulación genética

Qué es lo que piensa la Iglesia a cerca de los cultivos transgénicos? Pues piensa y dice lo mismo con respecto a cualquier manipulación genética. La Iglesia está a favor de las investigaciones científicas que estén orientadas, única y exclusivamente, al verdadero bien del ser humano así como a la prevención y tratamiento de enfermedades; todo de cara a una mejor calidad de vida pero con límites, normas, respetando la voluntad de Dios. La ciencia experimental tiene que estar orientada al bien del hombre y de la creación.

En el mes de marzo del año 1987, la Santa Sede publicó, el documento llamado ‘Donum Vitae’ sobre la bioética, poniendo barreras morales a la manipulación genética. El entonces Cardenal Josep Ratzinger, en la presentación del documento, dice que “la actividad científica está sometida a la ley ética. La ciencia no es un absoluto a lo que se pueda sacrificar todo, aun la dignidad del hombre”. Progreso que va en contra de la dignidad del hombre no es un verdadero progreso.

He aquí algunos apartados del mismo documento: “Si el progreso tecnológico no está encausado por la moral, puede atentar contra la dignidad de la persona. La ciencia y la técnica exigen el respeto incondicional a los criterios fundamentales de la moralidad: Deben estar al servicio de la persona humana” (Introducción 2). “No todo lo que es técnicamente posible es moralmente admisible” (Introducción 4). Y es que el progreso técnico, si no se somete a la moral

 se vuelve contra el hombre. Está claro que existe la libertad de investigación científica, pero este principio no puede ser separado de la responsabilidad ética. La comunidad científica debe estar muy atenta a todo lo que hace pues muchas veces el hallazgo científico se escapa de sus manos y se vuelve contra el hombre.

En definitiva cualquier manipulación genética, sea en plantas y/o en sus productos ya sea en la vida animal y humana, es una gran conquista de la ciencia, una oportunidad para aprovechar, un camino para comprender el mundo y el hombre y vencer enfermedades  y sufrimientos. La genética permite conocer el programa biológico de cada persona. Cuánto más se conoce el código genético, antes se podrá dar vía libre, por ejemplo, a la geneterapia, sobre todo en la lucha contra los tumores.

La ingeniería genética cada día avanza más y cuando pueda manejar al dedillo el tema, cuando pueda comprender y gobernar las complejas interrelaciones entre los genes, podrá también ayudar a un embrión humano o a una planta a no desarrollar la enfermedad que podría llevar en sus genes. Por tanto la manipulación de genes es en sí misma lícita, es válida, es buena siempre y cuando se busque y se logre un bien y que no tenga  absolutamente ninguna repercusión o consecuencia negativa ni a corto ni a largo plazo en ningún sentido.

La Iglesia y la transgénesis

La Pontificia Academia de la Ciencias y, por tanto, el Vaticano valoran de forma positiva la ingeniería genética que da como resultado las semillas transgénicas. Así lo reflejó Benedicto XVI en su tercera encíclica titulada “Caritas in Veritate”. En ella, el Papa explica que “podría ser útil tener en cuenta las nuevas fronteras que se han abierto en el empleo correcto de las técnicas de producción agrícola tradicional, así como las más innovadoras, en el caso de que estas hayan sido reconocidas, tras una adecuada verificación, convenientes, respetuosas del ambiente y atentas a las poblaciones más desfavorecidas” (Caritas in Veritate, 27).

La Iglesia da importancia a la existencia de los alimentos transgénicos para combatir el hambre en el mundo. De hecho, en 2009, los científicos del Vaticano se reunieron durante cinco días para debatir sobre la necesidad de las plantas transgénicas para la seguridad alimentaria en el contexto del desarrollo.

Tanto la Iglesia como la Academia Pontifica de las ciencias no pueden obligar a ningún país a que tome una decisión u otra, pero sí pueden proponer y recomendar prácticas que consideren positivas. Lo que la Iglesia quiere y busca es el progreso y el bienestar real de la humanidad, pero no avala lo que a la larga resulte ser ilícito o inmoral.

Hasta que no haya estudios conclusivos sobre todos y cada uno de los elementos que conforman la cadena transgénica y sean verificados objetivamente y aceptados por unanimidad sin dejar espacio a la duda, no se podrá decir que éste u otro punto sea lícito o moral y que aquel u otro punto sea inmoral o ilícito. Ahora bien, hay que tener en cuenta que una cosa es declarar inmoral alguna cosa y otra muy diferente es declararla ilegal. Lo ideal es que lo moral sea legal y lo inmoral sea ilegal. Que las leyes acompañen y defiendan la moral; porque lastimosamente hay cosas inmorales que son legales.

 

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