Allí ven a sus hijos asesinados, sus barrios arrasados y sus esperanzas de paz futuras destrozadas
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“Israel y Hamás, ¿cómo es que miran ustedes la brizna que hay en el ojo de su hermano, y no reparan en la viga que hay en el propio?”, así de rotundo se muestra el cardenal Rodríguez Maradiaga, presidente de Cáritas Internacional en un artículo publicado en su página web.
El cardenal Maradiaga hace una reflexión sobre la crisis de Gaza y explica el trabajo que está realizando Cáritas en esa zona: “La población no tiene un lugar seguro para refugiarse, cuando caen las bombas en aquella pequeña franja de tierra, densamente poblada, que es Gaza. Allí ven a su hijos asesinados, sus barrios arrasados y sus esperanzas de paz futuras destrozadas”.
La situación, según explica el Presidente de Cáritas es crítica: “El campo de batalla son barrios llenos de niños, mujeres y hombres. Con hospitales abarrotados de heridos y muertos, escuelas bombardeadas, incluso cuando sirven como refugio” y pide una vez más un alto el fuego permanente: “aunque sea solo un primer paso en el camino hacia una paz justa, que se base en negociaciones inclusivas en toda la región”.
“Ésta es la tercera guerra en cinco años, entre Israel y los activistas de Gaza”, explica el Cardenal Maradaiga denunciando la precariedad de los palestinos de Gaza: “ya viven una vida en la que escasea el suministro de agua, la mayor parte de la comida proviene de las organizaciones humanitarias y está fuera del alcance de sus habitantes la dignidad de poder tener un trabajo”.
El Cardenal Maradiaga hace una exhortación a la comunidad internacional: “para que se levante el bloqueo de Gaza y se permita a su habitantes proteger la propia vida y medios de sustento, con el fin de poder vivir una vida digna” y muestra cómo desde Caritas se reza por la paz en Tierra Santa: “Nuestras oraciones van a los niños que viven en el terror, cuyas cicatrices mentales seguirán siendo profundas, incluso mucho tiempo después de que termine esta guerra”.
Finaliza su artículo recordando las palabras del Papa Benedicto XV ante la I Guerra Mundial que ahora conmemoramos: “La fuerza puede reprimir el cuerpo, pero no puede reprimir las almas de los hombres”.