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​Hacerse un piercing, un tatuaje… ¿es cristiano?

© Calea99

Henry Vargas Holguín - publicado el 14/07/14

Estas prácticas, nunca tan difundidas como hoy, más que ser una realidad inocua, inocente o banal, son factor de división (al herir sensibilidades), de falta de respeto al sentido común y de inconformidad social

El uso de los tatuajes es muy antiguo. Y estos forman parte de la identidad, única y exclusiva, de ciertos pueblos aborígenes ancestrales de la Polinesia y de Sudamérica. Pero hoy en día están relacionados con varias realidades que no tienen nada que ver con el uso y significado que le dan o daban aquellos pueblos:

1.- Los tatuajes tienen como trasfondo un espíritu exhibicionista y pueden reflejar, en la gran mayoría de los casos, un desajuste psicológico (éste es más evidente en aquellos casos extremos donde se abusa de su uso)  y una inmadurez psicológica manifestada en un débil carácter que hace que la persona se guíe o actúe o se tatúe por impulsos.

¿Qué se quiere decir con esto? Pues que, con el paso del tiempo y a mayor edad, existen altísimos porcentajes de arrepentimiento, de reconocimiento que el tatuaje puesto fue, de verdad, un error; y las personas buscan revertir los efectos de una mala decisión tomada en edades muy tempranas con los gastos, molestias y pérdidas de tiempo que esto supone.

Muchos buscan un reconocimiento, encuentran en estas prácticas un escape a una baja autoestima; otros buscan ser el centro de la atención como expresión de vanidad.

2.- Los tatuajes encierran un sentido de rebeldía social contra los valores establecidos, aunque no siempre y de manera absoluta.

3.- Los tatuajes se vinculan, aunque no siempre, con la pertenencia a ciertos grupos con finalidades oscuras. Los tatuajes que presentan una mayor preocupación, y no sólo pastoralmente, son los que implican pertenencia a sectas satánicas, a falsas espiritualidades como la Nueva Era, al ocultismo, a pandillas de todo tipo, etc. Por lo general éstos tatuajes suelen incluir imágenes agresivas, grotescas e irreverentes.

Y ante Dios, la Iglesia y la fe, ¿cómo están las cosas?

Oficialmente la Iglesia no se ha pronunciado sobre este fenómeno, ni creo que lo haga. No creo, por ejemplo, que el Papa redacte un carta encíclica o una exhortación apostólica que toque, directa o indirectamente, este tema.

Hay ciertas cosas que se dejan a la discreción y sano criterio de los legítimos pastores (obispos y sacerdotes) para darles el debido tratamiento.

Pero desde el sentido común se pueden decir muchas cosas; incluso, sin temor a equivocarnos, una orientación la podemos sacar de la Sagrada Escritura.

Aunque nosotros los cristianos de hoy no vivamos estrictamente bajo la ley del Antiguo Testamento (Gálatas 3:23-25), debería hacernos pensar el hecho que hubo una orden de Dios a los israelitas contra los tatuajes:

"No haréis incisiones en vuestra carne por los muertos; ni os tatuaréis tatuajes. Yo, Yahvéh" (Levítico 19:28).

La búsqueda de tatuajes y demás es una manera de acomodar nuestra vida al mundo; y ante esto el apóstol san Pablo es contundente; recordemos lo que dice:

No os acomodéis al mundo presente, antes bien transformaos mediante la renovación de vuestra mente, de forma que podáis distinguir cuál es la voluntad de Dios: lo bueno, lo agradable, lo perfecto” (Romanos 12,2).

Los cristianos estamos en el mundo pero no somos de él, o sea que no debemos imitar al mundo sino imitar a Cristo; el tatuaje no es pecado pero nos identifica con una cultura anticristiana y falta de valores.

Que sea siempre el Señor quien ilumine nuestra vida cristiana y no una moda,  un objeto o la mentalidad del mundo.

Ahora bien, el respeto cristiano por la persona humana nos debe llevar también al respeto y cuidado del cuerpo, a la ponderación y al equilibrio mesurado.

“¿No saben ustedes que su cuerpo es templo del Espíritu Santo que Dios les ha dado, y que el Espíritu Santo vive en ustedes? Ustedes no son sus propios dueños,  porque Dios los ha comprado. Por eso deben honrar a Dios en el cuerpo

” (1 Cor. 6, 19-20); por tanto nuestro cuerpo es un regalo de Dios y nos corresponde amarlo, respetarlo, cuidarlo y no maltratarlo.

Estos artilugios (piercings) y/o marcas (tatuajes) no son elementos en ningún sentido propios de la cultura cristiana; rayan en la imprudencia, en la insensatez y en la indiscreta moderación en la presentación personal.

La maldad comienza cuando el llevarlos se convierte en una forma de expresar rebeldía o agresividad, o cuando se convierten en símbolos de pertenencia a grupos que promueven contenidos inmorales.

Entonces son inmorales no por el objeto en sí mismo, sino por el significado que se le da o se quiere transmitir. Por ejemplo, si el motivo por el cual te quieres tatuar la piel es buscar solamente complacer a tus deseos pecaminosos, para agradar al ojo humano o para agradarte a ti mismo entonces el tatuarse sí es pecado.

Entonces, en fin de cuentas, como se ha dicho más arriba, no es pecado tatuarse o ponerse aretes; objetivamente y en sentido estricto, estas prácticas, en sí mismas no son pecado.

Pero el hecho que los tatuajes no sean pecado no significa, en absoluto, que sean recomendables, aconsejables, positivos, loables, plausibles y convenientes. No son lo ideal ni prioritario en la vida del creyente. Que cada uno diga como dijo el apóstol san Pablo: "Todo me es permitido mas no todo me conviene" (1 Cor 10, 23-33).

Diez consideraciones

1.- Los tatuajes y/o piercings pueden ser originados por una situación de pecado y pueden generar pecado. Cada quien, con una conciencia bien formada, sabrá la realidad de sus cosas.  

¿Una pauta?: “El pecado es una falta contra la razón, la verdad, la conciencia recta; es faltar al amor verdadero para con Dios y para con el prójimo, a causa de un apego perverso a ciertos bienes” (Catecismo de la Iglesia Católica, 1849).

El pecado nos aleja del amor de Dios, del bien y de las virtudes; el pecado, al ser una ofensa a Dios, supone una ruptura con Él y, de consecuencia, con la salvación de manera grave o leve.

2.- No todo lo que es inmoral es pecado, pero todo pecado sí es inmoral. La línea que separa lo inmoral de lo que es pecado es muy, pero muy, fina o sutil.

Muchos de los tatuajes y piercings están relacionados con la inmoralidad ya sean por la imagen en sí misma ya sean por los lugares donde se colocan; lugares que son expuestos sin pudor a la vista de  los demás, incluso con carácter narcisista. En todos los casos los tatuajes y piercings se pueden objetar porque producen daño al cuerpo y en ese sentido  son inmorales
.
3.- El colgarse ciertas cosas o marcarse ciertos tatuajes, no es necesario en la vida. Estas prácticas no dan la felicidad ni realización personal. Es pérdida de tiempo, dinero, amigos y oportunidades. ¿Qué se gana? Riesgos, rechazo, incomodidad; en definitiva, nada que valga la pena.

4.- Quien lleva estas cosas encima se verá impedido a donar sangre u órganos por tiempo indefinido. Muchas veces donando sangre podemos salvar una vida, incluso la de un ser querido, pero al estar tatuados nos vemos imposibilitados para esto.

5.- Quien recurre a estas prácticas debe tener en cuenta que existe la posibilidad de contagiarse de enfermedades como el SIDA, la Hepatitis C y otras. También debe aceptar someterse a algún examen médico posterior para comprobar que no haya problemas médicos o para buscar solución a problemas derivados.

6.- Quien esté obstinado por estas prácticas tenga en cuenta que no debemos marcarnos con imágenes que ofendan a los demás ni con aquello que contradiga nuestra religión.

También se debe considerar que la imagen elegida compromete a quien la luce, por lo que hay que

tener cuidado con tatuarse un símbolo religioso si la propia vida no da un testimonio de coherencia con éste.

7.- Quien piense tatuarse hará bien en pensar en el futuro y plantearse qué puede suceder cuando se haya madurado y se quiera emprender una vida distinta; quizá se lamente de llevar en el cuerpo una imagen que resulte totalmente ridícula o inconveniente cuando se sea mayor.

8.- Recordemos también que Dios no se fija en las apariencias, sólo se fija en el corazón, en el caso que el creyente esté tatuado.

9.- Los tatuajes son de mal gusto (aunque para algunos puedan ser considerados arte). ¿Tú rayarías tu automóvil o las puertas y paredes de tu casa? Yo creo que no, ni porque sea una moda. Tú mantendrás el automóvil como vino de fábrica; igual tú, mantente como fuiste creado.

10.- Quienes buscan un tatuaje o un piercing para "estar a la moda" no consideran la percepción negativa de terceros con consecuencias nefastas para quien los llevan; pues los tatuajes se asocian, con y sin fundamento, a situaciones anómalas. Así se da el caso de afectar social y laboralmente a estas personas.

Por ejemplo. se rechazan, por política general, a éstas personas, tatuadas o con perforaciones, en la selección de personal de las empresas por la mala impresión que exteriorizan y porque esto contraría la imagen institucional que la empresa busca tener y mantener.

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