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Papa Francisco: Sacerdote, Jesús debe ser el “primer amor” que no se olvida

© JEFFREY BRUNOALETEIA
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Homilía hoy en la Domus Santa Marta

Pastores, antes que intelectuales, que nunca olvidan a Cristo, su “primer amor”, y permanecen siempre siguiéndole: este es el retrato que el Papa Francisco, en la homilía de la Misa celebrada en S. Marta, ha hecho de todos los hombres consagrados a Dios en el sacerdocio.
 
“¿Como va el primer amor?”. Es decir, ¿estoy enamorado de ti como el primer día? ¿Soy feliz contigo o te ignoro? Preguntas universales que hay que hacerse a menudo, dice el Papa Francisco. Y no solo los esposos dentro de la pareja, sino también sacerdotes, obispos, frente a Jesús. Porque es Él, afirma, quien nos pregunta como un día hizo con Pedro: “Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?”. La homilía del Papa parte precisamente de este diálogo del Evangelio en el que Cristo pregunta por tres veces al primero de los Apóstoles si le ama más que los demás, una manera – observa – para volver a llevarle al “primer amor”.
 
“Esta es la pregunta que me hago, que hago a mis hermanos obispos y a los sacerdotes: como está el amor de hoy, el que inspira Jesús, ¿no? ¿Es como al principio? ¿Estoy enamorado como el primer día? ¿O el trabajo, las preocupaciones un poco me hacen mirar a otras cosas, y olvidar un poco el amor? Los esposos pelean, pelean. Y eso es normal. Pero cuando no hay amor, no se pelea: se rompe".
 
"Nunca hay que olvidar el primer amor. Nunca", subraya el Papa Francisco, quien resalta otros tres aspectos a tener presente en la relación de diálogo de un sacerdote con Jesús. Ser ante todo – antes del estudio, antes de querer ser “un intelectual de la del filosofía o de la teología o de la patrología – un “pastor”, tal como Jesús pidió a Pedro: “Apacienta a mis ovejas”. El resto, sostiene el Papa, viene “después”.
 
“Apacienta. Con la teología, con la filosofía, con la patrología, con lo que estudias, pero apacienta. Sé pastor. Porque el Señor nos ha llamado para esto. Y las manos del obispo sobre nuestra cabeza es para ser pastores. Es una segunda pregunta, ¿no? La primera es: ‘¿Cómo va el primer amor?’. Esta, la segunda: ‘¿Soy pastor, o soy un empleado de esta ONG que se llama Iglesia?’. Hay una diferencia. ¿Soy pastor? Una pregunta que yo debo hacerme, los obispos deben hacerse, también los sacerdotes: todos. Apacienta. Sigue adelante”.
 
Y no hay “gloria” ni “majestad”, observa el Papa Francisco, para el pastor consagrado a Jesús: “No, hermano. Acabará de la forma más normal, incluso más humillante, muchas veces: en la cama, que te dan de comer, que te tienen que vestir … Pero inútil, allí, enfermo…”. El destino es “acabar – repite – como acabó Él”: amor que muere “como la semilla de trigo y así vendrá el fruto. Pero yo no lo veré”. Finalmente, el cuarto aspecto, la “palabra más fuerte”, indica el Papa Francisco, con la cual Jesús concluye su diálogo con Pedro, “sígueme”.
 
“Si hemos perdido la orientación o no sabemos cómo responder sobre el amor, no sabemos cómo responder a este ser pastores, no sabemos cómo responder o no tenemos la certeza de que el Señor no nos vaya a dejar solos incluso en los momentos más malos de la vida, en la enfermedad, Él dice: ‘Sígueme’. Esta es nuestra certeza. Tras las huellas de Jesús. Por ese camino. ‘Sígueme’”.
 
A todos nosotros, sacerdotes y obispos, termina el Papa Francisco, el Señor nos dé “la gracia de encontrar siempre o recordar el primer amor, de ser pastores, de no tener vergüenza de acabar humillados en una cama o también mal de la cabeza. Y que siempre nos de la gracia de ir detrás de Jesús, tras las huellas de Jesús: la gracia de seguirlo”. 

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